Rusia quedó con traumas por culpa de tener que vivir en época de guerra, provocando que tenga estrés postraumático actualmente.
México lo consuela cada vez que tiene episodios de ansiedad.
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Escuchaba los fuertes truenos sonar con furia en aquella noche de lluvia intensa. El viento soplaba con gran fuerza, y la neblina gobernaba toda la ciudad en aquella noche. Las pequeñas gotas caían en la ventana, estampándose con algo de fuerza, provocando más ruido del que daba el viento. Para cualquier persona esto sería el momento perfecto para estar con tu pareja, amigos o familia, disfrutando de ver películas en las calientitas cobijas y en la comodidad de la cama, sintiendo el rico sabor de un chocolate caliente o un café, pero para Rusia no lo era.
Todos esos sonidos le recordaban al de las bombas, recordaba el estar en su casa, teniendo que escuchar todo eso. Las bombas, los disparos, los gritos de dolor y más, y siendo el consuelos de sus hermanos, que lloraban por miedo a ser atacados. Odiaba con todo su ser el echo de tener que vivir así, con miedo, mostrarse débil, que no era nada malo, pero no le gustaba, pensaba que las demás personas podían burlarse de él, llamarlo débil sólo por eso. Era por esa razón que siempre que eso ocurría, se encerraba en su cuarto, llorando al escuchar en su mente las bombas detonar con fiereza, dejando un rastro de destrucción detrás suyo.
Y esa era la razón por la que estaba aquí encerrado en su cuarto, acostado en su cama, echo bolita cual niño, y siendo tapado por sus cobijas, intentando tapar sus oídos con sus manos o su almohada. Temblaba cada vez que escuchaba un trueno y el viento azotar contra su ventana. Sus ojos y nariz estaban rojas de tanto llorar, y sus manos temblaban mientras intentaban callar sus sollozos, incluso su venda estaba mojada de tanto que se había secado sus lágrimas.
Su teléfono volvió a sonar en forma de llamada por onceava vez, y las volvió a ignorar, sin importarle si podían ser llamadas de ONU o sus hermanos, en esos momentos lo importante era intentar calmarse. Intentó respirar de forma calmada como le había enseñado OMS en caso de que esto volviera a pasar, pero en ese momento sonó un trueno, lo que provocó que volviera a llorar.
Mientras tanto, unos kilómetros de su casa, un taxi manejaba en las calles, teniendo cuidado de no chocar o no volcar por lo fuerte que estaba la lluvia, y en los asientos traseros un joven mexicano en su forma humana miraba de forma insistente su teléfono, viendo cómo su última llamada volvía a ser ignorada. Su pie se movía frenéticamente en signo de ansiedad, algo no estaba bien, lo sabía perfectamente, Rusia no solía ignorar sus llamadas, ni siquiera cuando tenía trabajo, incluso sabiendo que sus horarios eran diferentes, jamás ignoraba una llamada, solía contestar muy rápido. Volvió a dejar su celular en su pierna, mirando a través de la ventana mientras mordía su uña, si seguía así provocaría que su dedo se cortara y se llenaría de sangre. Al pensar en ello, la separó de su rostro, juntándolas arriba de sus piernas, aún sin dejar de moverlas. El conductor del taxi lo miraba por el retrovisor con preocupación, sin saber qué hacer al respecto, continuando en ese ambiente de tensión que México había provocado en el momento que subió. México tomó los mechones rebeldes que se colaban por su rostro, peinándolos para la izquierda.
Sintió que el taxi se detenía, y al ver esa casa tan conocida para él, sacó el dinero de su cartera, entregándoselo al señor mientras tomaba rápidamente su mochila negra, para posteriormente bajar del auto agradeciendo al señor. El carro se alejó, mientras sentía las gotas caer sobre él, mojando su cabello castaño. Rápidamente se acercó a la puerta de la casa, tocando con insistencia, al no recibir respuesta, se alarmó aún más, sintiendo el golpeteo de su corazón contra su pecho. Todo estaba completamente mal, sabía que probablemente Rusia estaría encerrado en su habitación por la lluvia, sin querer salir ni por comida, su respiración se aceleró aún más, y en su cabeza se estaba imaginando miles de posibilidades y escenarios en los que podría estar el eslavo. Sacó las llaves de la bolsita que tenía su mochila en los lados, dispuesto a abrir la puerta con la llave que le había dado el contrario.
Entró de forma apresurada a la casa, quitándose sus botas color café quedando con sus calcetas blancas, mientras dejaba su mochila en el suelo sin importarle nada, cerrando detrás suyo la puerta. Al adentrarse más en la sala, se quitó su chamarra color naranja dejándola tirada en el suelo, dirigiéndose rápidamente a las escaleras. Al llegar al segundo piso, se topó con el pasillo, escuchando unos sollozos y un llanto lastimero. Se acercó a una de las puertas de color café, mientras el llanto se intensificaba al dar más pasos.
Al escucharlo sintió cómo su corazón se estremecía, recordando cuando Rusia era pequeño solía llorar de la misma forma que ahora, siendo consolado por él, que le recordaba en susurros que todo iba a parar en algún momento.
Rusia había escuchado la puerta de entrada ser abierta de forma brusca, asustándolo aún más. Su respiración se aceleró, con miedo, aumentando aún más los sollozos que salían de sus labios. De nuevo, otra puerta fue abierta, pero esta vez la de su habitación, siendo abierta de forma lenta, empezó a temblar al recordar todo lo que vivió en la guerra.
-Ruru...-la voz llena de cariño de su pareja provocó que dejara de temblar, escuchando cómo se acercaba después de cerrar le puerta.-cariño, ¿necesitas un abrazo?-sintió cómo tocaban su espalda ya que estaba de lado contrario de la puerta.
Asintió con la cabeza aún debajo de las cobijas, sintiendo un peso extra en la cama y un brazo pasar por encima suyo. Sus sollozos bajaron de intensidad, siendo ahora sólo hipidos. Con su mano se limpió sus lágrimas, mojando aún más la manga de su camisa gris. Se volteó lentamente a donde estaba el latino, sacando sus brazos con la intención de abrazarlo, siendo correspondido de forma inmediata, empezó a sentir algo de humedad, notando que la ropa del más bajo estaba mojada, pero aún así no se separó.
Escuchaba la lluvia bajar de intensidad, ahora sólo siendo una pequeña llovizna. Rusia estaba más calmado, sintiendo las suaves caricias que le daban en la cabeza, limpió por última vez su rostro para quitar el rastro de lágrimas que quedaron. De un momento a otro, su mano fue tomada de forma delicada por alguien, depositando un suave beso en ella.
-Rusia, ¿tienes hambre?
Negó con la cabeza, no deseaba que México se apartara de su lado, sólo quería estar acostado en su cama recibiendo los cariños que el latino le daba, disfrutando del palpitar que daba el corazón de México, al estar acostado justo en su pecho podía escucharlo mejor. Unos dedos se colaron por su cabello, desenredándolo un poco, y después un beso, justo lo que quería para estar tranquilo. Empezaba a sentir sus párpados pesados, y mucho cansancio empezó a gobernar su cuerpo, soltó un bostezo aún sintiendo las caricias en su cabello. No supo en qué momento se quedó dormido en el pecho de su pareja, escuchando aún el latido que provocaba su corazón.
México lo notó, y no le importó, simplemente lo tapó más con las cobijas, tapándose él también el tener que estar acostado. Miraba el rostro del eslavo, tenía la nariz rojiza, las mejillas aún tenían rastros de lágrimas y sus pestañas brillaban. Se acomodó mejor en los brazos del menor, sintiendo lo calientito que estaba, quedándose dormido lentamente junto al eslavo.
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Este capítulo lo empecé a escribir un día que llovía y lo terminé cuando esta nublado 6u6