Cap 22: 180 días

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Leo

El teléfono es arrebatado de mis manos por Matheo, me volteo para quitárselo, pero el teléfono no está en sus manos, ahora mi preciado y único teléfono está cayendo 12 pisos abajo.

Me apoyo en la baranda y miro como mi teléfono se hace trisas contra el cemento, me volteo con la rabia y con la sangre hirviéndome y lo miro.

—Cosa c'è che non va ?! Sei un idiota ?! — (¡¿Que te pasa?! ¡¿Eres imbécil?!) digo gritándole a la cara.

—No, non sono un idiota -(No, no soy un imbecil) dice en italiani y agrega con calma—, además ¿Que esperabas? ¿querías que me encierre en mi habitación mientras te escucho a ti gimiendo por él? Deberías agradecerme porque fue el teléfono el que tiré y no fue a Mike —dice dejando la calma.

JA un agradecimiento quiere el idiota.

—¡Entonces si no quieres escucharme gemir por otro ven y hazme gemir tú! ¡Ven y tócame tú! —sus expresiones se suavizan como si no pudiera hacer lo que le pido.

—Lamento lo de tu teléfono —dice ahora con tranquilidad mirando al piso

—Un "lo lamento" no me sirve ahora porque, por si no lo notaste, eso no reparó mi teléfono, de hecho, hasta donde alcanzo a ver sigue tirado sobre el cemento —digo aún con rabia.

—¿Quieres un teléfono nuevo? —dice dejando la tranquilidad atrás— No te preocupes, puedo comprarte 5 si así quieres.

—¡No quiero uno nuevo, quiero el mío!

—Claramente eres tonta —dice con una sonrisa en extremo burlesca— ¿Qué quieres? ¿Qué te pegue el teléfono pieza por pieza? No puedo hacer eso.

—Entonces follame, ¿No puedes hacer eso tampoco?

Me despido con cariño del gramo de dignidad que logré juntar durante los últimos 5 meses.

He estado fantaseando durante estos cinco meses con el hombre frente a mí y resulta que ahora ya no quiere tocarme.

Moriré de calentura.

—No puedo tocarte, tú estás con Mike, y yo estoy bien sin ti. Solo —bota el aire por la nariz mientras mira al suelo— no tengan sexo aquí, o si van a tener sexo, procura que no sea mientras yo estoy cerca.

No sé qué está haciendo, es extraño que actúe así.

Matheo se voltea y me deja en el balcón sola con la respiración acelerada y algunas partes de mi cuerpo palpitando.

Me dirijo hacia mi habitación y de mi mesita de noche saco mis juguetes, esos que creí no volver a necesitar, pero aquí me tienen, volviendo a mis oscuros inicios.

Me quito toda la ropa quedando completamente desnuda, me recuesto sobre la cama y elijo uno de los vibradores.

Pongo música lo suficientemente fuerte como para que no se escuchen mis gemidos, no quiero darle ese privilegio a Matheo.

Enciendo el vibrador y lo paseo por mi abdomen y éste al hacer contacto con mi clítoris hace que mi espalda se arquee de placer, una de mis mano aprieta uno de mi pechos.

Mis caderas se mueven contra el vibrador presas del placer que hace tiempo no sentía, mi boca suelta gemidos que resultan ahogados por la música. Muerdo mis labios intentando contener los gemidos y jadeos de placer que se producen por lo bien que se siente saciar la necesidad a mi gusto.

Amo mi imaginación en momentos como éstos.

Entonces follame, ¿No puedes hacer eso tampoco?

Ángeles y DemoniosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora