Narrado en tercera persona.
Abrió la reja de la gran mansión que se cernía sobre ella camino por el camino de piedra con paso seguro, sin una gota de miedo, sobre sus labios una hermosa sonrisa enmarcada en unos labios pintados a la perfección de rojo.
Sus ojos con un destello de perversión y maldad pura. Se veía sensual y ella lo sabía a la perfección, caminaba como si el mundo le perteneciera y no se equivovaba.
La Muerte giro el pomo de la puerta como si estuviera entrando en su propia casa, pero no era así. Camino dentro de la mansión taconeando contra el suelo de mármol brillante, perfectamente limpio.
Su mano sostenía la daga con decoración de serpiente sabiendo que esa sería una buena noche.
No trataba de ser sigilosa ni mucho menos quería pasar desapercibida, sus pasos seguros y fuertes lo demostraban tarareaba una canción que no conocía y que probablemente nunca ha escuchado pero la canción danzaba sobre sus labios como una melodía conocida.
Se paró en medio del vestíbulo de la gran mansión justo en medio de las dos escaleras que descendían a cada lado de las paredes, frente a ella se cernían unas grandes puertas, la entrada a la oficina de su gran víctima, pero esa noche no esperaba llevarse solo a uno con ella, esta noche ella quería un festín.
Tomó un suspiro enderezando la espalda y soltó un gemido, sensual. Un gemido en extremo sexual, un gemido fuerte y estruendoso, uno que alertaría a toda la mansión que ella estaba ahí, buscando venganza y sangre.
Esperó unos segundos y vio que cada una de las escaleras bajaba un hombre casi corriendo, ella solo mantuvo la vista al frente, los hombros se pararon a cada lado de ella mirándola de lejos y con cautela.
De los pasillos que salían de abajo de las escaleras aparecían unos chicos y se quedaban quietos observando la situación extrañados.
La muerte mantuvo la vista al frente esperando a que las puertas grandes se abrieran. Como ella deseaba las puertas se abrieron y de dentro salió su mayor víctima y dos mujeres, al parecer había interrumpido algo ya que el hombre abrochaba su pantalón.
—¿Quién eres? —peguntó el hombre que había salido de la sala con las dos mujeres.
Todos la miraron caminar con paso seguro, los pasos de la Muerte no dudaron ni temblaron, pero lo que sí tembló fue el piso a su pies y las personas que la veían caminar con seguridad con su perfectos tacones altos de color rojo sangre.
Se paró a un metro del hombre y de lo mas dentro de su maldad esbozo una sonrisa, en extremo falsa, cargada de cinismo.
—Soy la Muerte —dijo y el hombre soltó una carcajada estruendosa, la sonrisa de la Muerte permaneció en sus labios a pesar de la burla de ese imbécil.
—No jugues conmigo niña, ¿A qué vienes? —La sonrisa de la muerte se desvaneció en un segundo mostrándose con su verdadera maldad, y la sonrisa del hombre lo abandonó de a poco.
—He venido a cobrar la deuda —respondió la Muerte a la pregunta que hizo el hombre.
—No recuerdo tener ninguna deuda con "la Muerte" —dijo el hombre con burla llamándola por su nombre, la Muerte de dio un paso hacia él quedando a centímetros de su rostro.
—¿Estás seguro? —pregunto la Muerte con una sonrisa comenzando a bailar en su rostro, la cara de suficiencia del hombre se borró de inmediato y trago saliva—. Emily, 4 años, ojos azules, rubia, vendiste sus órganos a hace un mes —dijo la Muerte destilando ira—. Aaron, 11 años, ojos negros, castaño, lo vendiste a Japón como esclavo hace una semana. Samantha, 21 años, ojos color miel, pelo negro, la vendiste como un prostituta hace unos días, murió mientras la violaban entre 5 hombres —dijo la Muerte grirando la cabeza hacia un lado perforando al hombre con sus ojos—. Y solo he mencionado a algunas de tus víctimas ¿Aún crees que no tienes deudas conmigo?
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Ángeles y Demonios
RomanceClaramente el dicho "No juzgues un libro por su portada" solo aplica a libros y no personas. Lo entendí el día que los conocí, tan bonito y agradable, por fuera, tan oscuro y misterioso por dentro. Definitivamente una cara de ángel puede ocultar a u...
