A.M.
Pongo el hacha a mi hombro y paso el dorso de mi mano bajo mi nariz y observo el cadaver.
¿Por qué mato?
Porque la amo.
Amo la Muerte, desde el día en el que la conocí, la amo, su pelo, sus piernas, toda su locura.
Lo había planeado hace años, "La mejor matanza"
Lo recuerdo a la prefeccion.
Llegué con un perfecto antifaz negro, entré en la casa, mi víctima se encontraba sentado con los codos sobre la mesa, su expresión seria y pensativa. Él estaba tan sumido en sus pensamiento que no se daría cuenta de que no estaba solo en su casa.
Me meto en la cocina, destapo una botella de vino y pongo el líquido que lo haría alucinar, dejo la botella sobre el mesón y tomo una cuchara y la dejo caer provocando un leve sonido. Salgo de la cocina. Peter, mi víctima, corre hasta el origen del ruido y se encuentra de frente con su vicio, el vino, lo toma y lo lleva devuelta con él a la mesa.
Se bebe una copa de vino tras otra, y cuando va en la quinta decido salir de mi escondite. Me pongo al final de la mesa, mi víctima se ve mareado y demasiado desorientado, su mirada cae en mí, sus ojos se abren de golpe, su respiración se agita y mientras se hunde en el miedo y la desesperación yo sonrío.
—¡Lo siento! —dice y su voz sale temblorosa, y se escucha como un ruego.
Sabe a la perfección quién soy y qué hago en su casa.
—Está bien, te perdono —digo dándole una sorisa de boca cerrada, su respiración se agita más y mira a su alrededor como si no reconociera su entorno.
—Yo... —dice comenzando a mirarse las manos con un claro desconcierto— no me siento bien —dice mirándose el cuerpo— ¿Podrías...? ¿Podrías ayudarme?
Estira sus manos para que lo ayude a levantarse. De seguro él jamás ayudó a nadie y ahora espera que yo lo ayude. Me acerco a él y le estiro mi mano, pero antes de que la alcance yo la alejo y él cae de bruces al suelo.
—No vine a ayudarte, no seas estúpido —digo agachándome una poco y recorro su mandibula con la punta de la daga, él deja de respirar al sentir la punta fría del arma.
Me levanto y lo miro desde arriba, él intenta arrastrarse, pero sus piernas no funcionan, aun así, sus brazos funcionan muy bien ya que no le cuesta arrastrarse con éstos.
Lo sigo viendo sufrir de desesperación y de miedo. Es lo que produce el líquido que eché en el vino, desesperación, angustia, mucho miedo.
Sigue arrastrándose y sus gemidos de desesperación me llenan, pero de repente se detienen, su mirada se levanta hacia arriba por la escalera y yo sigo su mirada.
Mi mirada recorre la figura que se yergue sobre nosotros.
Tacones rojos, piernas largas y hermosas, muslos de infarto, cintura perfecta, tetas encantadoras, hermosos labios pintados a la perfeccion de un rojo sangre, un antifaz y en éste se pueden ver esas hermosas perlas azules, un pelo largo y ondulado color negro.
¿Será esta mi perdición?
—Ayúdame —dice mi víctima a la hermosa chica— Hermosa ayúdame.
¿La conoce?
—No vine a ayudarte —dice la hermosa chica esbozando una sonrisa, mientras baja los escalones que la separan del hombre al llegar junto a él, se sienta sobre sus pantorrillas frente a nuestra víctima— Yo seré tu muerte —dice cerca de su oído y entierra una hermosa daga en el dorso de la mano de mi víctima haciéndolo gitar y retorcerse.
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Ángeles y Demonios
RomanceClaramente el dicho "No juzgues un libro por su portada" solo aplica a libros y no personas. Lo entendí el día que los conocí, tan bonito y agradable, por fuera, tan oscuro y misterioso por dentro. Definitivamente una cara de ángel puede ocultar a u...
