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Vayan a buscar su playlist más spicy que tengan porque
🔥ta potente🔥
Espero que no se queden calladxs 👀
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Leo
El día pasa rápido y a la tarde cuando me aburro de ver la tv se me ocurre la terrible idea de leer uno de mis libros eróticos, y digo mala idea porque fue un golpe de calentura con calentura. Había estado conteniéndome, desde la noche anterior, pero se me ocurrió tomar el libro más erótico de mi estantería y aquí me tenían arrepintiéndome.
Me paro en el balcón e inhalo el aire que pasa por aquí, apoyo mis mano en el barandal y miro la gente que pasa y los autos que se mueven por la calle.
Lamo mis labios e intento suspira otra vez pero nada funciona con el calor que tengo en el cuerpo, el aire frío de la tarde-noche se pasea por el balcón y eriza mi piel y eso hace a mi calentura aumentar. Desde que Matheo me prohibió tocarme he medio obedecido excepto por lo de anoche.
Me siento frustradisima, mi respiración está acelerada y, por razones que desconozco, no puedo dejar de morder y mojar mis labios, pero yo no pierdo, él me dijo que él pudo, asi que yo también puedo.
El corazón me palpita en los oidos y en otros lugares que no mencionaré y podría apostar a que estoy sonrojada.
Tocate, ¿él cómo podría saberlo? —susurra mi desespero.
¿Por qué le obedeces? —habla mi dignidad.
Porque no queremos perder —dice mi orgullo.
Una tocadita rápida, te corres y ya —dice mi desespero otra vez.
Entro en la sala y me siento en el sofá, abro mis piernas y por encima de la braga me froto soltando un tembloroso jadeo de alivio.
Corro la braga y me toco directamente, me froto y muevo mis caderas contra mi mano sintiendo como mi orgasmo se acumula en mi abdomen bajo. Por un momento siento que no puedo parar, pero escucho la puerta abriéndose, y cierro mis piernas de golpe, saco mi mano de entre éstas y suspiro.
—Hola —dice Matheo entrando en la sala y dejando su casco sobre la mesa, aún usa la moto de vez en cuando.
—Hola -—digo intentando actuar normal, pero todo sale mal cuando mi saludo sale como un jadeo, mi respiración está agitada y es muy notorio, Matheo sonríe.
—¿Estabas haciendo ejercicio? —pregunta Matheo sentándose a mi lado en el sofá.
Si, hace un momento estaba ejercitando la cunchinflunchi.
—Yo... ehhh si —digo en un balbuceo.
—Mientes —dice Matheo mirándome y yo lo miro sorprendida.
—¿Por qué lo dices? —digo intentando hablar normal.
—Tus pupilas están dilatadas, tu respiración está agitada, tus mejillas están rojas al igual que tus labios, es normal ya que "Estabas haciendo ejercicio" —dice haciendo comillas con sus dedos— pero no hay ni siquiera una gota de sudor, además, tus dedos brillan y estoy seguro de que lo que hay en ellos no es sudor tampoco. Te conozco excitada y sé que se ve exactamente como te ves tú ahora mismo.
—Todo es tu culpa —digo levantándome de golpe— me prohíbes tocarme y correrme y no es justo —digo con enojo— No seguiré haciendo esto.
Me volteo y empiezo a caminar para salir de ahí.
—Leo. —Su llamado me hace detenerme y voltearme— Ven siéntate aquí dice palmeando su pierna.
—No puedo —digo mirando al suelo y siento mis mejillas ponerse rojas.
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Ángeles y Demonios
RomanceClaramente el dicho "No juzgues un libro por su portada" solo aplica a libros y no personas. Lo entendí el día que los conocí, tan bonito y agradable, por fuera, tan oscuro y misterioso por dentro. Definitivamente una cara de ángel puede ocultar a u...
