"Escucha lo que siento
¿Lo sientes también?
Si no lo haces, lo que hago no tiene sentido
Dime, ¿lo sientes también?".
Johana Lewis tiene una vida exitosa. Una carrera artística impresionante, lujos, belleza y un prometido que es la envidia de todas...
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Capítulo 50
Liam
La pierna de Johana cayendo sobre las mías me despierta. Ella está acostada sobre su espalda, el brazo fracturado pegado a su cuerpo con el cabestrillo y su cara girada hacia mí. Está hermosa, incluso cuando tiene corrido el maquillaje de la noche anterior y el cabello alborotado. Me he despertado a su lado muchas veces desde que estamos en una relación propiamente dicha, hemos pasado un par de noches a la semana en su cama o en la mía. Pero hoy es diferente, esta es la primera mañana en despertar juntos como esposos. Una sonrisa lenta extiende mis labios al tiempo que caigo en cuenta que estoy casado.
¡Por Dios, estoy casado!
De verdad pude convencer a esta espectacular mujer de ser mi esposa.
Alguien que me golpee para comprobar que no es un sueño.
Con cuidado de no despertarla, me muevo en la cama hacia el extremo contrario y tomo el teléfono de la habitación. Pido servicio a la habitación para desayunar y, cuando cuelgo y tomo mi teléfono para ver la hora, me doy cuenta que tenía que haber pedido algo para almorzar, no para desayunar.
Son las 2 pm.
Reviso mis notificaciones, casi todas son de Hannah, que me ha llamado y mandado mensajes por todos los medios posibles. Reviso los mensajes, todos y cada uno con amenazas, una peor que la otra. La última la recibí hace dos minutos y dice:
Hannah:
¡¡¡¡SI NO CONTESTAS EL MALDITO TELÉFONO, VOY A MATARTE EN CUANTO TE VEA!!!!
Muchos signos de exclamación, si me lo preguntan, y no eran necesarias las mayúsculas. No me preocupo por leer los demás con detalle, solo paso por encima, recogiendo palabras insultantes por aquí y por allá.
Johana se mueve, captando mi atención. Dejo el móvil a un lado y me acerco a ella con rapidez. Sus pestañas aletean y revelan sus hermosos ojos verde oscuro.
—Buenos días, esposa —susurro.
Se estira, levantando el brazo por encima de su cabeza, y bosteza.
—Buenos días, esposo.
Dejo un beso casto en sus labios y me alejo unos centímetros, mirándola a los ojos. Ella me devuelve la mirada.
—Pedí el desayuno, no debe tardar en llegar. Tenemos que bañarnos y arreglarnos para después ir por los chicos. —Me detengo, haciendo una mueca—. No he revisado las noticias, pero Hannah ha estado tratando de contactarme y no está feliz.
Johana hace un sonido lastimero, tapándose los ojos con el brazo que tenía sobre la cabeza.
—No quiero ver nada todavía, lo haré en el avión de vuelta a casa.