Capítulo ✨ 20✨

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Seiya se dejó caer contra la cama sintiendo como su cuerpo temblaba, su respiración agitada hasta el punto de sentir que no podía respirar, el sudor resbalaba por su frente mirándose brillosa. Miro al techo, pensó que su vida se acababa en ese momento y no podría ayudar a su bombón, por una vez en mucho tiempo sentía que le fallaba a la persona que amaba.

Orión. — No reconocía la voz que pronunciaba aquel nombre que le parecía tan familiar, en ese momento se dió cuenta que el techo de su habitación había desaparecido siendo reemplazado por un cielo oscurecido. El sentimiento que envolvió su cuerpo había quedado atrás. Se alzó notando quien le llamaba, una mujer de cabellera negra y ojos como zafiros, vestía un vestido en color almendra ceñido a su cintura, en su cabeza una pequeña diadema plateada.

— ¿Hermana? — La joven le miro con un deje de diversión.

— Parece que no me conoces. — Llevo sus manos a sus caderas. — Llegó el informe de tus soldados, la guerra contra el Milenio de Plata a dejado demasiadas bajas, debemos parar.

— ¿Por qué? — Miro sus manos cubiertas por unos guantes negros de cuero, apretó sus manos convirtiéndolas en puños hasta el punto de sentir sus huesos crujir. — Ellos asesinaron a mamá, nuestro padre murió en esa batalla, ¿Por qué detenerme?

— Orión, muchos siguen muriendo, no quiero perderte a ti también. — Suspiró, no quería aceptar que ella tenía razón, sin embargo la mitad de sus soldados estaban siendo entrenados por ser jóvenes e inexpertos, la mayoría de los que ya eran experimentados morirán a causa de alguna flecha o el corte de las espadas. — Por favor piénsalo.

— Supe que la reina Serenity tiene una hija, ¿Es cierto? — Asintió, un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven al ver su sonrisa, podía notar sus ojos brillar con una extraña excitación, le recordaba a los animales al estar cerca de su presa. — Que preparen mi mejor traje, iré al reino de Jupiter.

— Espera, ¿Por qué? — La joven le miro irse en completo silencio, el sonido de los perros de su hermano llamaron su atención, la jauría volvía  después de haber estado jugueteando en los jardines del palacio; olvidó por un momento la orden de su hermano al verlo jugar como un niño con los perros, esperaba que aquella visita cambiará las cosas para el reino y de una vez por todas la guerra acabará para siempre y todos los que estaban en los límites del planeta luchando pudieran volver con sus familias.

— ¡Sacerdotisa! — Orión miro a la mujer que durante muchos años había servido a su familia, la extraña mujer se acercaba a él con cautela, aunque él odiaba la forma en que ella actuaba no pudo alejarla de su reino por más que trato y al final le permitió servirle como hizo con su padre y abuelo.

Mi rey, Casiopea me ha mostrado una visión sorprendente. — Orión se sintió intrigado por sus palabras. — Grandes cambios vienen, con su unión al Milenio de Plata.

—  ¿Mi unión? — El baculo de la sacerdotisa brillo mostrando un pequeño holograma, su corazón se agitó de solo ver sus ojos color zafiro y su sonrisa tímida acompañada de un leve sonrojo en sus mejillas.

— La princesa Serenity del Milenio de Plata. — El holograma desapareció, Orión sonrió mirando a la mujer. — Rey Orión su visita al reino de Jupiter marcará su nuevo destino.

— Si eso te ha mostrado Casiopea seguiré su revelación, espero sigas siendo fiel a mi, Noriko. — Ella asintio antes de marcharse, Orión pensó en la princesa de la luna, su belleza era diferente a la de todas las mujeres de su reino, algo en ella le causaba un sentimiento cálido en su pecho. No espero un momento más y partió hacia el reino de Jupiter, era el único planeta que no se había unido a algún bando debido a los lazos familiares que le unían con ambos reinos, por esa razón su prima la guardiana de Jupiter no había regresado a su hogar, pues era la protectora de la princesa Serenity, aquel reino cercando se consideraba neutral ante la batalla. Su viaje a Júpiter había sido rápido pero al mismo tiempo cansado, se dejó caer en los campos de Hera, el sonido de la cascada caer le causaba una sensación de paz diferente a la que podía tener en su hogar, las flores de diferentes colores adornaban pequeños caminos llenos de pequeñas piedras de colores tornasol. Caminaba entre los arbustos sintiendo los rayos del sol sobre su cuerpo.

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