Capítulo ✨26✨

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Un pequeño grupo de soldados se preparaban para acompañar a las Sailor, quiénes aún seguían indispuestas de cumplir con la orden de la reina, pero aunque querían dejar a un lado esa misión no podían y ese simple motivo las obligaba a ir, Setsuna daba vueltas siendo observada atentamente por Uranus, mientras Neptuno trataba de ver a la princesa en su espejo, quería conocer la situación de la princesa Serenity por más que intentaba no podía hacerlo, Saturn actuaba diferente; tranquila y segura, su mirada fría les causaba escalofríos, esa era la razón por la cual se mantenian alejadas de ella. Era la primera que las cuatro se encontraban, Plut una Sailor condenada a vigilar en soledad la puerta del tiempo, Neptuno y Uranus dos Sailor enemigas, por último Saturn, quien era  conocida como la Sailor del silencio y la destrucción, los mitos sobre ellas decían que una vez estuviesen juntas ella despertaría, siempre y cuando sus talismanes brillarán juntos, pero no había sido así; su reina les invocó y la destrucción no caería sobre el Milenio de Plata o al menos no aún, sería sobre su reino enemigo y su población.

— Espero no hacer mal. — Saturn movió su guadaña sorprendiendo a sus compañeras. Suspiro al ver la expresión confusa de las outer. — No son las únicas con sentimientos encontrados, pero no puedo decir que no a la reina.

Nunca pensé que llegaría al extremo de hacer algo así. — Neptuno observo el reflejo de la princesa Serenity en el espejo. — Se ve tan feliz, si decimos que no, seremos castigadas por desobediencia.

— No hay más que hacer. — Uranus movió su espada, está reflejo la luz del sol en ella. Plut asintio, seguidas por Saturn y Neptuno abrieron un portal que las llevaría al reino de Kitzu, los guardias las siguieron, igual que las sailor no deseaba atacar, pensaban que todo estaba mal. El panorama del reino estaba cargado de felicidad podían sentir la alegría en el lugar, muchas flores rodeaban un hermoso pasillo, pequeñas farolas de oro reflejaban una tenue luz cálida.

— ¡Soldados, ataquen! — La regente de Urano miro como corrían guiados por aquella orden, las farolas caían incendiando las flores, Neptuno tomo un camino diferente al igual Plut, sentían la energía de varias personas reunidas, Saturn se centro en buscar la energía del príncipe, no quería matarlo en compañía de la princesa pero al darse cuenta que ella se mantenía a su lado no tuvo más remedio que ir. Se mantuvo oculta observando como él ponía a salvó a la princesa, oír que ella y él estaban casados le hizo replantear lo que harían, pero el fuego a lo lejos y los gritos de civiles al ser atacados por los soldados le dió a entender que no podía mirar atrás, debía darle un inicio aquel reino destruyendolo y si el guardian Cosmos era benevolente les permitiría reencarnar. Su corazón se congelo un instante al sentir el poder de Orión cuando uso su ataque más poderoso y destruía el reino volviendolo un montón de rocas espaciales que eran el recuerdo del pasado para los reinos vecinos. Sintió la energía de sus compañeras volver al Milenio de Plata, en cambio ella se quedo allí sintiendo que aquello era un error y por primera vez en mucho tiempo se permitió llorar mientras volvía a su hogar quedando presa de un profundo sueño invernal del que sería despertada si los tres talismanes brillaban, esperaba que no pasará porque de ser así, tendría que destruir todo a su paso una vez más.

Las Sailor salieron de aquel recuerdo oscuro oculto en la memoria de las outer, aunque aún se preguntaban dónde podría estar Plut, pues seguía sin aparecer, Uranus golpeó el suelo con sus puños sintiendo todo aquel dolor del pasado, recordaba haberse encerrado durante semanas en su habitación recordando a todos esos inocentes que acabaron muriendo, ese día juro que no volvería a ir en ayuda de la reina Serenity a menos que fuese por una amenaza sobre el propio reino lunar, Neptuno por su lado limpio sus lágrimas, aunque no lo supiera; ella y Uranus habían jurado lo mismo, ese fue el motivo que las obligó a ser Sailor solitarias, no deseaban tener contacto con nadie de no ser necesario hasta que finalmente al igual que Saturn fueron cayendo en un profundo sueño en espera de ser llamadas algún día.

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