Continuación de "Capataz 🤠"
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Al día siguiente, Alec se presentó a trabajar normal, intentando pretender que nada había sucedido.
Pero cuando Magnus le guiñó después de saludarle, en frente de todos los trabajadores, no pudo evitar ponerse rojo.
De todas maneras, trató de seguir con su trabajo de manera normal, y lo logró...
Hasta que el capataz lo mandó llamar a su oficina. Alec no sabía porqué, pero algo le decía que no era de trabajo.
Y lo confirmó cuando entró y el capataz cerró la puerta, para después tomarlo del brazo y empujarlo suavemente contra esta.
-Hola, guapo. ¿Por qué huiste ayer? - dijo, sus rostros a centímetros.
-Yo... No creo que sea correcto...
-¿Por qué no?
-Tú eres mi jefe, y yo sólo un simple empleado. Aparte ¿qué diría el señor Fell?
-No creo que se opusiera, y si lo hace, me importa un comino lo que nos pueda decir el brócoli.
-¿El brócoli?
-Sí, por amargado y verdoso. Larga historia. El punto es: déjame probarte que hablaba en serio. Sí, tengo esperanzas de que te enamores de mí, y es por eso que te voy a conquistar, si me permites.
-Magnus...
-Alexander... Dame una semana. Si en esta semana no he conseguido que te intereses aunque sea un poco en mí, juro que te dejo en paz y me olvido del tema -al ver la duda en sus ojos, le tomó la mano- Por favor, Alexander.
El pelinegro suspiró y dijo:
-Bien. Esta semana.
-Perfecto - dijo liberando su mano, y Alec inmediatamente extrañó el contacto. Estaba a punto de irse cuando Magnus dijo:
-¿Alexander?
-¿Sí?
-¿Cuál es tu comida favorita?
Alec salió 5 minutos después con una sonrisa en su cara. No debía haber hecho eso, pero ¿cómo negarse si a él también le gustaba el capataz?
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Conforme la semana pasaba, Alec iba cayendo cada vez más por el capataz.
No había un solo día en el que Magnus lo descuidara: todos los días le saludaba con un apodo diferente, haciéndolo sonrojar; en la tarde le llevaba comida, y en la noche lo acompañaba a ordeñar.
Hasta que llegó el jueves, y le pidió una cita, pero al veer que no respondía, le dio las indicaciones de cómo llegar al lugar.
Le dijo que su respuesta estaría en sus acciones: si ese día en vez de ordeñar iba con él, lo tomaría como una señal positiva; pero si no aparecía, él entendería, y su relación sería tan profesional como siempre debió haber sido.
Alec no sabía que hacer. Por un lado, se moría de ganas de tener esa cita; por otro, se moría de miedo y nervios por tener esa cita.
Le llamaba más tenerla, así que avisó a Aline, la encargada del establo, que esa vez ordeñaría a las 6; ella aceptó, pero siempre y cuando estuvieran ella y Helen.
Cuando ya estaban ordeñando, Helen le preguntó.
-¿Qué te pasa, chico bonito?
-A mí nada. Mejor cuéntame de ti. ¿Cómo vas con Aline?
-Ayer le pedí una cita.
-¿En serio?¡Eso es genial!
-Pero dijo que no sería muy profesional de su parte...
-Oh...
-Y después me besó y aceptó...
-¡Helen Blackthorn!
-Tu cara fue épica - en ese momento Alec recordó su situación, y su cara se ensombreció.
-Oye, Helen.
-Dime, guapo.
-Si en vez de tu jefa hubiera sido tu empleada ¿lo habrías hecho?
-¿Estás loco? Por supuesto. Esa mujer es caliente como el infierno aún vestida de payaso.
-Pero... ¿no te habría importado? - la expresión de Helen se volvió de entendimiento.
-No, igual que no le importó al capataz pedirte esa cita.-la boca de Alec se abrió en sorpresa.
-¿Cómo...
-Soy lesbiana, no ciega. Es claro que le gustas... Y que él a ti también... ¿O me equivoco?
-No, pero...
-Nada de peros, Lightwood. Ten esa cita con el capataz - dijo aventando una pequeña bola de lodo. En ese momento Magnus iba entrando, y sólo se dio cuenta Aline, a quien silenció con una seña.
Alec devolvió el ataque, justo cuando Magnus pasaba entre ellos. Al ver lo que hizo, palideciò 3 tonos.
-Capataz...
-Oh Lightwood... Te vas a arrepentir de esto... - dijo haciendo su propia bola, y aventandola a la chaqueta del otro. Así empezó una guerra de bolas de estiércol, que los dejó todos sucios y apestosos.
Después de esta, Aline se llevó a Helen, quien sólo les guiñó antes de irse. Cuando estuvieron solos, Magnus le tendió una mano A Alec, que estaba en el piso.
-Vamos, tenemos una cita ¿Vienes? - Alec asintió y tomó la mano que le ofrecían...
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Cuando llegaron al lugar, el lodo en su ropa se había secado, dejando plastas apestosas.
Alec vio con asombro frente a él una laguna pequeña, y alrededor del límite una serie de juncos tapaban la vista desde afuera.
-Magnus esto es... - se giró y lo que vio lo dejó sin aliento.
Detrás de él, Magnus había quedado en bóxer, dejando ver una figura de chocolate espectacular, con hombros anchos y todos los músculos marcados.
-... hermoso.
-Bueno, gracias, Alexander. Pero ahora creo que es mi turno de disfrutar la vista - dijo, mientras desabotonaba la camisa de Alec, y este se quitaba el pantalón y las botas.
Su cercanía era abrumadora, y en vez de sentirse desnudo, Alec se sentía siendo adorado por las manos de Magnus, que soltaban cada botón como si fuera del cristal más frágil, y lo tocaban de la misma manera. Sus labios estaban a unos centímetros, casi a punto de rozarse, mientras la camisa caía floja al piso.
Pero Alec hizo un movimiento brusco y rompió el momento.
-De esto me encargo yo - dijo señalando su bóxer, y se alejó lo mas que pudo de Magnus
¿Qué estaba haciendo?
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Ambos estaban en el agua, disfrutando de la sensación refrescante que les brindaba a su piel, haciendo pequeñas competencias de nado, jugando y retozando.
Alec temía el momento de salir, porque sabía que estaría vulnerable, y también temía el momento en el que debiera enfrentar a Magnus.
Pero no se podía quedar ahí por siempre, y lo sabía.
Intentó salir lo más discreto posible, pero Magnus se dio cuenta, y antes de que pudiera hacer algo ya le estaba ofreciendo una mano, y en la otra traía una toalla igual a la que traía enrollada en la cintura. Alec, avergonzado, tuvo que aceptar ambas.
Cuando por fin se puso la toalla, sintió unas manos en su cintura que le dieron la vuelta lentamente, hasta encontrarse con esos ojos de gato cautivadores.
-Entonces, Alexander... ¿Tienes algo que decir? - dijo, levantándole la barbilla con el índice.
-De hecho sí.
-¿Se puede saber qué es?- Alec inspiró profundamente, y después dijo:
-Me gustas, Magnus.
Y Magnus jamás olvidaría esas palabras, así como Alec tampoco olvidaría el beso que les siguió.
Un primer beso, que marcaba un principio para ellos.
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Aquí un capítulo que nadie pidió.
Tenía planeadas estas escenas para el primero, pero no se pudo.
¡1.5 k vistas!
Gracias por leer 📖 💕
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One Shots Malec
Fiksi PenggemarAlgunas ideas de Malec. La mayoría no están conectados entre sí. Los personajes son de Cassanda Clare, pero la historia es enteramente mía. *Se prohibe su copia y adaptación*
