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Es el clásico complejo de perro chihuahua

Jen Jones
Una gota, dos gotas, tres gotas, una tras otra y luego otra...

—Huele horrible—le comenté a Jughead, seria.

No obtuve más respuesta que una mirada seria e inexpresiva... Toc, toc. El sonido de la puerta robó nuestra atención.

—Buenos días, chicos—saludó alegremente la rubia, entrando al remolque.

—Betty, qué gusto verte.

—Hola, Betty, ¿qué te trae por aquí tan temprano?—pregunté sonriendo ampliamente.

—Sólo quería saludarlos.

—Bueno, pues yo los dejo—dije, tomando mi mochila de la mesa—. El olor a café es nefasto, no lo aguanto—me quejé y me despedí antes de salir—: Adiós.

El frío de la madrugada golpeó mi rostro apenas salí de casa. Aspiré profundo y recorrí el parque de remolques con la mirada hasta toparme con un alto pelinegro.

—¡Sweet Pea! —corrí hacia él, quien se preparaba para salir en su moto.

—¿Qué quieres? —me preguntó cuando estuve cerca de él.

No se veía muy feliz de verme. Había rechazado sus invitaciones tantas veces que entendía su trato tan frío hacia mí.

—¿Me llevas? —pedí, algo temerosa por su respuesta.

No quería caminar a Pops y luego a la escuela.

—¿A dónde vas?

—A Pops.

—Ni lo sueñes—negó, colocándose su casco.

—¡Vamos! —exclamé—. Yo invito.

Suspiró con algo de fastidio y, finalmente, accedió, haciendo una seña para que subiera a su moto. Subí de un rápido salto y me sujeté fuertemente de su cintura.

—Gracias.

—Sólo quiero que pagues mi almuerzo—respondió, serio, y arrancó.

En menos de cinco minutos ya estábamos en el Chock'lit Shoppe, sentados uno frente al otro, esperando a que nos sirvieran el desayuno. Debo admitir que era incómodo estar viendo la malhumorada cara de Sweet Pea.

—¿Qué tal está? —pregunté, apuntando a su comida apenas se la sirvieron y la probó.

—¿Qué es lo que quieres en realidad, Jones? Porque no me engañarás con el cuento de que repentinamente quieres salir conmigo y las Serpientes—atacó a la defensiva—. ¿Qué piensas sacar de esto?

—Dímelo tú, Sweet Pea.

Entendía el comportamiento de Sweet Pea. No se puede confiar en cualquiera, menos cuando se está en una pandilla, pero ya me parecía una situación demasiado ridícula.

—No lo sé.

•••

Luego del momento tan incómodo que había pasado con Sweet Pea, pocas ganas me quedaron para seguir conviviendo con él, así que, en lugar de ir con las Serpientes, fui con mis dos Diablos favoritos.

—Ustedes dos siempre están juntos, ¿cierto? —cuestioné, meciendo los pies al borde de las gradas solitarias.

—Desde la cuna, niña —Ralph estaba acostado una grada más abajo que yo y una más arriba que William—. Somos como hermanos. Yo no doy ni un solo paso en falso sin él.

Storm Blue || RiverdaleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora