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Sweet Pea
No podía escuchar otra cosa que no fuera mi propia respiración, ni ver más allá del paño que cubría mi rostro, traté de moverme y me di cuenta de que estaba amarrado, de pies y manos. El dolor punzante en mi nuca fue un vivido recuerdo de cómo había llegado a esa situación.

—¿Ya despertaste? —una voz flotante en el vacío me hizo estremecer.

—¡Stark, maldito loco!

No podía verlo, pero sabía que era él y por lo que escuché estaba muy cerca.

—Eso es un sí —jaló la tela que cubría mi rostro y lo lanzó a un lado. No tuve que acostumbrarme a la luz pues no había luz alguna, registré el lugar en el que me encontraba, parecía una bodega, el espacio era estrecho, oscuro y húmedo. Volteé a mí costado, Stark estaba sentado a mi lado, sucio y claramente agotado. No entendí ni una mierda —. Tienes cara de idiota, no entiendo que te ve Jen.

Quizás en otra situación esa frase le hubiera ganado una pelea, pero en ese contexto era un poco más complicado que eso.

—¿Qué mierda es esto? —cuestioné con más ganas de golpearlo que de conversar.

—¿No lo adivinas? —tanto en sus palabras como en su mirada derrochaba superioridad—. Nos secuestraron, Cosita Dulce.

No sé qué era más molesto, si las cuerdas que me apretaban en piernas y muñecas o estar hablando con ese idiota. No quise preguntar más, no a él. Busqué las posibles posibilidades, tratando de darle un sentido a lo que sucedía.

Jen Jones
Era evidente que alguien quería hacer su papel de villano. Con Tony y Sweet Pea desaparecidos mensaje era claro, alguien quería darme un golpe tan duro como para sacarme del juego, y no era nada difícil descubrir quién era ese alguien.

—¡Jen! —exclamó FP pasando su mano frente a mí cara.

—¿Sí?

—Parece que pierdes conexión con el planeta —FP abotonaba su camisa mientras yo lo observaba desde el marco de la puerta—. ¿Te pasa algo?

—Es solo que no puedo creer que cumplas 50 años —sonreí sin dejar ese sentimiento extraño que me abrumaba, un ligero cosquilleo en el pecho y recuerdos nostálgicos—. Eres más viejo de lo que aparentas.

—Y eso que Jughead y tú no ayudan mucho a preservar mi juventud —bromeó mirándome de reojo mientras se ponía la corbata. Un breve silencio inundó la habitación, FP se terminó de abrochar la corbata y comenzó a peinarse, noté en él la intención de querer decir algo difícil de abordar—. Jen...

—FP...

—Por primera vez estoy en una posición en la que puedo proveerle a mis hijos —la cosa se puso seria cuando dejó lo que hacía y me miró de frente—, darles un techo de verdad y poner comida en sus bocas. Y no fue fácil. Vaya... me tomó cincuenta años —su nerviosismo ya se me había contagiado en ese punto—. Lo que quiero decir con eso es que... yo sé que ha sido difícil para ti adaptarte a la nueva dinámica familiar y que quizás querrás negarte, pero quiero que vengas a vivir con nosotros.

—¿A la casa de Betty?

—Allá vivirá la familia —puso su mano en mi hombro—, y tú eres parte de ella, así que sí. Esto no es algo a lo que puedas negarte, eres mi hija y si permití que vivieras en otro remolque por los últimos meses es porque era consciente de que lo necesitabas, pero ahora...

  —Sí quiero hacerlo, papá —accedí antes de que siguiera poniéndole más drama a la explicación.

—¿En serio?

—FP, incluso aunque no viviera en esa casa yo siempre te sentiré como mi familia —lo abracé conteniendo las lágrimas que se amontonaban en mis ojos.

•••

Luego de la plática con FP y de que este mismo se fuera a trabajar, William, Ralph y yo salimos a dar una vuelta en las motos. Ellos insistían en que si nos veían en una actividad rutinaria nos daría más tiempo para planear una estrategia de búsqueda y rescate.

Con ese propósito en mente fuimos al río Sweet Water, ahí nos detuvimos a observar el agua correr mientras charlábamos lo más discretamente que pudimos.

—Sabíamos que esto podía pasar —dijo Ralph entendiendo un porro mientras observaba el río fluir.

—Creo que ya es hora de llamar a las serpientes y avisar a tu padre —sugirió William tratando de mantener un semblante neutro y tranquilo.

La mirada expectante de ambos cayó sobre mí, esperaban un plan, una orden o al menos una reacción. Tuve que pensarlo por un par de minutos, mismos en los que William y Ralph me esperaron en una calma fingida.

—Hoy es el cumpleaños de FP, no quisiera molestarlo, Jughead me avisó que le harían una fiesta sorpresa —comenté con los brazos cruzados.

—¿Estás de broma? —Ralph soltó una risa sin gracia y negó dando una calada.

—Eso nos dará tiempo para reunir a las serpientes, pero no quiero armar un escándalo —observé con detenimiento el contraste entre los árboles al otro lado del río y el agua que corría con prisa por la orilla—. Ustedes busquen a los chicos y reúnan a todos en el campamento, hagan una fogata, tomen cerveza y no digan nada al respecto. Esperen hasta que yo pueda contarles a FP y a Jughead, entonces volveremos para darles instrucciones y si algo pasa antes yo los llamo.

—¿Dices que esperaremos el resto del día? —William no pudo ocultar del todo la ansiedad que esto le causaba.

—Sabemos que esto lo hizo Hiram o Gladis. Si fue Hiram seguramente tiene un plan para deshacerse de nosotros, así que no los dañará por ahora —ambos asintieron cediendo la razón a mi argumento—. Y si fue Gladis querrá chantajearme usándolos como carnada. De cualquier forma, estaremos listos para entonces. Hoy mismo nos vamos a reunir.

William y Ralph asintieron, la determinación en sus ojos me hizo sentir culpable por un momento.

William
Reunir a las Serpientes, parece una tarea sencilla hasta que te toca tratar de ubicar a cada miembro no era tan fácil. 

—Al menos me dirán para que convocamos a junta —cuestionó Topaz luego de que le pidiéramos hacer lo que Jen nos había pedido hacer a nosotros.

En nuestra defensa éramos demasiado antisociales como para poder al menos recordar a la mitad de los integrantes de la pandilla.

—Es cosa de la jefa, no nos dijo más —aseguró Ralph tan sereno como solo él podía.

El resto del día nos dedicamos a esperar, y vaya que lo odié. Una cosa era no hacer nada, me gustaba hacer eso, pero esperar mientras no haces nada, eso es tortura. Empezaba a oscurecer cuando gran parte de las Serpientes ya estaban con cerveza en mano al rededor del fuego que se balanceaba con el soplido del viento frio. No había señales de Jen, tampoco de algún otro Jones.

—¿Crees que tarden mucho? —cuestioné a Ralph antes de que los faros de la patrulla que ahora pertenecía a Fp iluminara la reunión.

—Creo que no —me respondió Ralph.

Sweet Pea

¿Quién querría secuestrar a ambos? ¿Cuál era el objetivo?

No tuve que darle muchas vueltas, Jen era la respuesta más obvia.

—Fue ella ¿no? La que explotó todos esos lugares —me atreví a hablar pues necesitaba respuestas concretas—. Tú la ayudaste, por eso estamos aquí.

—Ajá —asintió mirándome con cierta diversión y sorpresa, como si estuviera escuchando a un niño tratando de entender cómo funciona un truco de magia—. Pero no estamos aquí por exactamente por eso. Hablé con Hiram, esta que revienta como la dinamita que usamos en las explosiones —dijo con una sonrisa burlona—. Nos secuestró porque de alguna forma rara él cree que Jen se sacrificará por nosotros... Como si FP fuera a permitir algo así —su rostro se sumergió seriedad, su última afirmación había sonado más como una plegaria.

—¿Vas a desatarme? 

—Lo pensaré... 

Storm Blue || RiverdaleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora