**** 3. Las Cataratas del Niágara. ****

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Me trasladaron a una habitación privada sumamente amplia, con un ventanal de fondo cubierto por persianas. Al entrar, una sensación de calidez y confort me envolvió. La decoración elegante y sofisticada, junto con la cama grande, suave y cómoda, crearon un ambiente acogedor que me hizo sentir como en casa.

En todo momento, Daniel, se mantuvo a mi lado para asegurarse de que todo estuviera en orden, brindándome tranquilidad y seguridad.

— ¿Te sientes cómoda? —preguntó él, algo inquieto, no dejaba de mirar y verificar que todo estuviera en orden.

—Sí, estoy cómoda, gracias. Pero me estás poniendo más nerviosa de lo que ya estoy —esbocé una sonrisa.

Esperaba que mi respuesta lo calmara y así poder relajarnos un poco.

— ¡Oh, perdona si te he incomodado! —respondió sonriendo mientras tomaba una silla para sentarse junto a mi cama.

—Háblame sobre ti —pedí amablemente—, dime, ¿qué se siente vivir otras vidas a través de los personajes que interpretas?

Mientras hablábamos, descubrimos que teníamos muchos intereses en común, desde la música hasta la literatura, lo que hizo que la conversación fluyera naturalmente de un tema a otro.

Me encantó escuchar sus experiencias como actor. La pasión con la que hablaba de su trabajo creativo y las emociones que experimentaba al interpretar diferentes personajes en la pantalla o en el teatro me hacía mucha ilusión. Su naturalidad al hablar permitió conectarnos y me dejó con una sensación de confianza y cercanía con él.

De repente, tocaron a la puerta y Daniel se levantó para abrirla. Era Taylor, quien llegó con una bolsa llena de comida y bebidas. Daniel colocó todo en una bandeja y la acercó hasta mi cama, donde ambos devoramos los sándwiches, bebidas y algunas frutas, en completa armonía.

A pesar de que apenas nos conocíamos, nuestra conversación era tan placentera que nos hizo perder la noción del tiempo.

En medio de nuestra conversación, una enfermera entró a la habitación para revisar la vía que tenía en mi brazo y administrar un medicamento en el suero. Después de su partida, comencé a sentir mis ojos pesados, lo que me hizo suponer que me había dado un sedante.

No recuerdo en qué momento exacto me quedé dormida, pero lo último que escuché fue la voz de Daniel contándome sobre uno de sus viajes a Europa.

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—Y eso fue lo que pasó cuando subí a aquel unicornio volador... —sonreí ante mi propia broma. Ella se había quedado dormida por los calmantes que le había administrado la enfermera.

En ese momento, tocaron suavemente a la puerta y se abrió. Era Jackson, así que me levanté y salimos de la habitación, para que Nicol pudiera descansar.

— ¿Y bien? —preguntó Jackson mientras lo miraba expectante—, ¿cómo está ella? ¿Ya cumplieron sus sueños? —bromeó e hizo un amago de tos y entrecerré los ojos y continuó—, ¿Que si ella cumplió su sueño de fan?

—No seas tonto —sonreí—, acaba de quedarse dormida. Pero estuvo bien, tuvimos una buena conversación antes de que se durmiera.

—Sí, Lucía me informó que ya le administró los medicamentos. Supongo que es hora de marcharte, ¿quieres que le dé un mensaje de tu parte cuando despierte? ¡Un autógrafo! Quizás...

—Tan gracioso como siempre, deberías haber sido comediante en lugar de médico —respondí entornando los ojos—. Y no, no me voy todavía. Esperaré a que despierte

Que La Marea Decida.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora