Regresamos a casa a media tarde, agotados después del largo viaje. Adrián mencionó que iba a pasarse por la oficina para verificar que todo estuviera en orden, lo cual no me sorprendió, ya que era un adicto al trabajo. Mientras tanto, comencé a desempacar las maletas y a ordenar un poco.
Después de guardar la ropa en el armario, decidí poner una carga de ropa en la lavadora y enviar un mensaje a Emily para ver si podíamos encontrarnos. Escribí:
"Hola, ya estoy de vuelta. ¿Dónde estás?"
No tardé en recibir una respuesta y enseguida escuché el timbre sonar. Era ella. Nos dimos un cálido abrazo y fuimos a la cocina para preparar café. Mientras esperábamos a que el café estuviera listo, Emily mencionó entusiasmada.
— ¡Guau, qué bronceado tienes! —exclamó—. Necesito uno así. Con todas las guardias que hago, apenas veo el sol. Si los Cullen me ven, me reclutan en su clan —añadió con una sonrisa pícara en los labios.
—Siempre te ha gustado ese tipo de historias —recordé divertida mientras ambas reíamos por su broma—. Cómo extrañaba tu buen humor.
—Es cierto, me encantan. ¡Me alegra verte, Nic! Yo también te extrañé.
—Traje un obsequio para ti —dije con cariño y le entregué la bolsita de regalo que contenía una cadena y pulsera a juego, también una caracola de mar decorada.
— ¡Oh, gracias! Me encanta, Nic —dijo emocionada mientras se colocaba la caracola en el oído—. Siempre he encontrado estas cosas fascinantes.
—Me alegra que te gusten —dije sonriendo.
—Cuéntame, ¿Cómo estuvo el viaje?
—Todo estuvo bien. Doña Ana está descansando, la pobre está agotada. Y Annie está tomando una ducha, casi parece que tiene escamas después de todo el tiempo que pasó en la piscina y en la playa. Fue una dura batalla para evitar que sufriera quemaduras en su piel por estar expuesta tanto tiempo al sol, pero al final lo logramos —expliqué, divertida.
— ¡Vaya aventura! —exclamó Emily con una sonrisa—. Pero me alegro de que todo haya salido bien. ¿Y tú, lo pasaste bien? ¿Fue como siempre lo habías soñado? Cada vez que hablabas de ese resort, te emocionabas muchísimo —añadió mientras tomaba la taza de café y nos sentábamos frente a frente.
—Oh, Emily. La verdad es que no pude disfrutar de nada —le confesé con pesa—. Fue una tortura. Adrián no dejaba de buscarme y yo... no podía. No después de lo que sucedió con Daniel.
—Me lo imaginaba. Lo siento mucho, amiga —dijo Emily con compasión—. ¿Qué piensas hacer ahora? Porque el día que te fuiste, Daniel estaba furioso. Intentó llamarte, pero no sabía que habías cambiado de número. Después de hablar con él y explicarle todo, se calmó un poco.
—Oh, Dios. ¿Qué estará creyendo de mí? ¿Y, cómo está? ¿Lo has visto?
—Tuvo que marcharse por trabajo. Pero se le veía muy triste y, me atrevería a decir, que decepcionado.
—Y yo no tuve el valor de llamarlo. No sabía qué decirle después de... —confesé, tapando mi cara con ambas manos.
— ¿Después de montarlo como una potra salvaje? —exclamó Emily riendo.
— ¡Emilyyyyyyyyy! —exclamé avergonzada, sintiendo cómo mi cara se ponía roja como un tomate.
— ¿Qué? ¿Me vas a decir que no lo hiciste? —siguió riendo y torturándome.
—No voy a responder a eso —dije con una sonrisa picará, aunque por dentro estaba ardiendo de vergüenza—. Lo único que diré es que fue la noche más apasionada de mi vida —admití suspirando al recordarlo—. Y no hagas más preguntas al respecto —exigí, sabiendo que Emily disfrutaba de mi cara de vergüenza.
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Que La Marea Decida.
Storie d'amoreNicol es una mujer de treinta y cinco años con una vida realmente sencilla y tradicional que la consume y, en ocasiones, la llena de desdicha. Sin embargo, un giro del destino cambia su vida por completo cuando sufre un accidente que pone su mundo p...
