**** 10. Intoxicación. ****

108 30 95
                                        

Durante la madrugada, Adrián llegó ebrio y me despertó bruscamente al caer en la cama sin cuidado alguno. Por suerte, no lastimó mi pierna. Sin embargo, empezó a tocarme y yo no quería que lo hiciera. Su olor a alcohol, cigarrillos y sudor era desagradable y no podía soportar estar cerca de él. A pesar de mis negativas, Adrián insistía en que debía complacerlo porque era su esposa.

Con gran esfuerzo, logré levantarme de la cama. En ese momento, él se adelantó y me agarró del brazo, causando que perdiera el equilibrio y cayera de bruces en la cama, lastimando mi pierna. Intentó besarme de nuevo, pero tuve que darle una bofetada para que me dejara en paz.

Se levantó de la cama maldiciendo y salió de la habitación, azotando la puerta tras de sí. Al ver que no regresaba, me levanté de nuevo y fui a buscar los medicamentos, me tomé dos pastillas para aliviar el dolor. Caminé tambaleándome por el pasillo apoyándome en la pared, y pude ver que se había quedado dormido en el sofá. Decidí regresar a mi cama y, después de un rato de dolor y agotamiento, finalmente logré dormirme.

No sé cuánto tiempo pasó, pero el dolor en mi pierna fue tan intenso que me despertó. Sentía mucho ardor y era como si tuviera otro corazón por la forma en que me palpitaba la herida. Tomé dos pastillas más y finalmente el dolor disminuyó lo suficiente como para poder dormir de nuevo.

━━━━━━━ ☆ ★ ☆ ━━━━━━━

El sonido del teléfono resonaba lejos, pero no me importó. No tenía ganas de hablar con nadie. La noche anterior había bebido demasiado y mi cabeza parecía que iba a explotar. Tomé un analgésico y me tumbé de nuevo. Después de un rato, el timbre de la puerta comenzó a sonar.

— ¡Daniel! ¡Maldita sea! ¡Abre la puerta ahora mismo! —Jackson iba a derribar la puerta si no me levantaba.

— ¿Qué pasa, Jackson?, ¿qué maneras son esas de tocar?

— ¡Despabila hombre, es Nicol! Delia me llamó porque tú no respondías el teléfono. ¡Tenemos que ir a su casa, ahora!

Al escuchar su nombre, me sacó de mi aturdimiento. Fui corriendo a mi habitación, me puse unos vaqueros, una camiseta y los zapatos que estaban más cerca. Tomé la chaqueta que estaba junto a la puerta y salimos rápidamente.

En el camino, Jackson me explicó que Nicol había tomado unas cuantas pastillas de más y no despertaba.

— ¿Qué ha pasado Delia? —pregunté en cuanto abrió la puerta.

— ¡Por favor, pasen! —ofreció ella y comenzó a explicar apresuradamente lo que había sucedido, mientras mi ansiedad aumentaba con cada palabra.

—Cuando llegué, Doña Ana me dijo que iba a llevar a la niña a la escuela y que el Señor Adrián ya se había retirado. Fui a darle los buenos días a la señora, pero la vi dormida y no quise molestarla —Delia parecía muy nerviosa y estrujaba sus manos mientras hablaba.

—Ya había pasado una hora y seguía durmiendo, así que entré a la habitación e intenté despertarla, pero ella simplemente no respondía. Me acerqué para examinarla y noté que su respiración estaba muy débil. Eso llamó mi atención, fui a revisar los medicamentos y me di cuenta de que faltaban varias pastillas. Además, hay sangre en la cama y...

Eso fue lo último que escuché, porque corrí a la habitación.

— ¡Nicol! Por favor despierta. ¿Qué has hecho? ¡Jaaacksoon! —grité por encima de mi hombro—. ¡No reacciona...! —dije con angustia. Me arrodillé a su lado y, por más fuerte que la llamara, ella no respondía.

Jackson entró corriendo al escuchar mi grito y comenzó a examinarla. Delia le colocó un suero y siguió las instrucciones que él le daba. Aunque su pierna estaba llena de sangre, los puntos seguían en su sitio. Delia y Jackson empezaron a trabajar para limpiar y desinfectar la herida. El ardor que le provocó la limpieza, hizo que Nicol despertara y gritara de dolor.

Que La Marea Decida.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora