Cuando la música terminó, regresamos a nuestra mesa y seguimos conversando animadamente.
El teléfono de Emily comenzó a sonar, interrumpiendo nuestra conversación. Sacó su teléfono de la cartera para ver quién estaba llamando.
—Nicol... —atrajo mi atención mientras miraba la pantalla de su teléfono.
Y en ese momento, supe que no podía seguir huyendo de mis miedos. La realidad me alcanzó, de golpe. Era hora de enfrentar mis demonios. Tome una respiración profunda, tratando de mantener la calma y dije:
—Contesta, puede ser importante.
—Hola, Adrián —dijo Emily—, muy bien gracias. Si, de hecho está aquí a mi lado ¿Quieres hablar con ella? —otra pausa.
En ese momento, mi corazón comenzó a latir con fuerza, y sentí un nudo en mi estómago. Me puse nerviosa al instante y comencé a mirar a los lados, como si Adrián estuviera allí observándonos. Sabía que era una reacción exagerada, pero no podía evitar sentirme paranoica.
Lo cierto era que me sentía culpable por estar allí, disfrutando de la compañía de otro hombre.
—Ok, está bien. Adiós Adrián —Emily finalizó la llamada.
— ¿Emily? Dime... ¿Qué dijo? —pregunté sintiendo como la ansiedad crecía en mi interior.
—Nada relevante. Solo que nos espera en casa —respondió ella.
Frote mi cara con las manos, tratando de calmarme, y miré a Daniel con expresión de preocupación.
—Daniel... —dije con voz temblorosa—. Debo irme.
—Tranquila. Ya mismo pido la cuenta y te llevo a tu casa —habló con voz serena.
—Gracias, pero no creó... que sea buena idea. Emily y yo podemos tomar un taxi.
—De hecho... Yo tengo que regresar al hospital —dijo Emily.
—Yo también debo regresar al hospital. Puedo llevarte si quieres —intervino Jackson dirigiéndose a Emily.
—Gracias. Te tomó la palabra.
Daniel enseguida se levantó de la mesa y entró al salón para cancelar la cuenta.
—Emily... Te necesito —dije ansiosa, tomando su mano—, no me dejes sola.
—No lo haré, te lo prometo —me aseguró ella—, pero debes despedirte de Daniel, mira lo preocupado que se le ve.
Volteé a mirar donde Emily señalaba y lo vi. Caminaba de un lado a otro, como León enjaulado. Verlo así me dolió, yo estaba provocando eso.
Sentí la necesidad de alejarme, así que me disculpé y fui hasta un extremo alejado de la terraza, donde se veía el mar en todo su esplendor. Allí me permití derramar las lágrimas que me estaban ahogando. Emily se acercó a mi lado.
— ¿Te encuentras bien? —no la miré, solamente observaba el mar mientras le respondía.
—No. Pero lo estaré Em, tengo que estarlo. No sé cómo, pero tengo que hacerlo aunque sienta que mi alma se fragmenta y mi corazón se divide. Me duele tener que dejar a Daniel.
Pronuncié su nombre y sentí una punzada en el pecho. ¿Por qué me sentía de esta forma? Odiaba esta sensación, me frustraba no poder hacer que mi mente y mi corazón estuvieran de acuerdo.
— ¿Estás segura de que ese es el camino correcto? —preguntó Emily.
—Sí, estoy segura —trate de expresar con firmeza, pero mi voz temblaba por las lágrimas—. Debo hacer las cosas bien.
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Que La Marea Decida.
RomanceNicol es una mujer de treinta y cinco años con una vida realmente sencilla y tradicional que la consume y, en ocasiones, la llena de desdicha. Sin embargo, un giro del destino cambia su vida por completo cuando sufre un accidente que pone su mundo p...
