- Oye, ya tengo tus entradas - me dijo antes de despedirnos, llevábamos como 1 hora hablando por teléfono - ¿segura de que no quieres ir al palco?
- No po, son más fomes allá - lo hice reír - en la galería es donde mejor se pasa, ahí están los hinchas de corazón.
- Ya, bueno - me dio la razón - ¿tienes a alguien que te acompañe? Igual es peludo que vayas sola.
- Voy con el pololo de la Caro, él vive cerca del estadio así que se rajó con alojamiento, no te preocupi.
- Dale, ojalá lo pases bien mañana... y Chile gane.
- Si metes un gol me lo vas a dedicar, supongo - bromeé.
- ¿No queri dos mejor? - respondió con sarcamo - ahí se hace lo que se puede.
- ¿Cómo te sientes para mañana? - se me ocurrió preguntar, ahora hablando más en serio.
- Mira - suspiró - el Charles está lesionado, el Erick también, el Ben está suspendido... no sé si vaya a ser un partido fácil, pero lo vamos a dejar todo en la cancha para clasificar al mundial, eso es seguro.
Muy bonito el discurso y todo, pero me daba la impresión de que este weon se estaba haciendo el fuerte delante de mí.
- Sabes que no me refería a eso - suavicé un poco mi voz para darle confianza - ¿has hablado con ella?
- Sí y no - hizo una pausa - quedamos en que era mejor no hablar del tema para que yo me concentrara en el partido, la Paula se devolvió a Inglaterra pero dijo que me iba a estar apoyando desde allá.
"¿Qué le pasa a esta mina?", me enojé, "si yo fuera la polola del Francisco me quedaría con él hasta que los guardias me echaran de los camarines". Obvio que no le conté esa parte.
- Tienes que estar tranquilo nomás - dije en su lugar - pase lo que pase lo vas a hacer bien.
- Gracias Emi - se despidió - acuérdate de avisarme cuando llegues al estadio mañana.
- A las 7 estoy allá - afirmé - te voy a llevar un pan con mortadela por si te lo puedo pasar de alguna forma cuando termine el partido.
- Ya po - lo hice reír otra vez - le voy a dejar avisado a los guardias que te dejen pasar a los camarines.
- ¿Me consigues una foto con el Alexis? - no pude ocultar mi entusiasmo.
- ¿No se supone que me vienes a ver a mí? - se hizo el ofendido.
- Ah sí, cierto - seguí escuchando su risa a través del teléfono - ¿entonces me puedes conseguir una foto con el gran Francisco Sierralta?
- Por ahí andamos mejor, te la cambio por un pan con mortadela.
- ¡Hecho! - accedí - chao rucio.
- Chao Emi.
Esperé a que cortara, dejé el teléfono a un lado y me tiré sobre la cama como si fuera una cabra chica. Cuando dejé de rebotar en el colchón moví mis patitas en el aire, me ponía tan hiperactiva cuando jugaba Chile, y más encima ir al estadio era toda una experiencia: los hinchas gritando, puteando al árbitro, cantando el himno nacional... era una fiesta, la gente iba a desahogarse.
Al día siguiente me levanté temprano a comprar pan para hacerle el sándwich al Vikingo con pan fresquito. Le puse toda la dedicación del mundo: quería que cuando cortara el pan quedara derechito, así que descarté varias hallullas que no quedaron tan perfectas hasta lograrlo (obvio que después me las comí, me sacrifiqué para no desperdiciarlas), me fijé en que no quedara ningún espacio sin mortadela, y que las láminas tuvieran el grosor preciso. Lo envolví con cuidado en una servilleta y lo guardé en una bolsa ziploc transparente, de manera que cuando me controlaran para entrar al estadio se dieran cuenta de que no era una bomba.
Le escribí al pololo de mi prima.
Oye, no se te vaya a olvidar que es hoy.
Nacho: Sí sé, weon, pero son recién las tres.
Es que no quiero llegar tarde.
Nacho: Es la primera vez en mi vida que te escucho decir eso
Nacho: hfkdjd no te preocupes, vamos a llegar bien.
...
Respiré hondo cuando me encontré frente al estadio. Es como esa sensación que tienes antes de subirte al Raptor en Fantasilandia, sabes que se viene una avalancha de euforia. La fila era enorme.
- Si le hubieras dicho que sí al palco ya estaríamos adentro y comiendo canapés - se quejó el Nacho.
- No me gustan los canapés - respondí ignorando su reclamo, no iba a permitir que perturbara mi entusiasmo por venir a un partido de Chile. Me paré de puntitas para cachar cuánto nos faltaba para entrar.
Después de media hora, la fila había avanzado lo suficiente como para poder escuchar a los guardias pidiendo el pase de movilidad y el carnet. Me llevé las manos a los bolsillos.
- Chucha - exclamé mientras seguía dándole golpecitos a mi ropa buscando sentir el plástico de la tarjeta. Me toqué las pechugas, la guata, los bolsillos de las caderas... nada.
- Pásame las llaves - hablé de repente. El Nacho las sacó de su bolsillo sin apuro, todavía no estaba enterado de la situación.
- ¿Se te quedó algo en el auto? - me miró con extrañeza.
- No, en la casa - admití.
Abrió los ojos como platos, pero yo salí corriendo antes de que pudiera contestar. El auto había quedado estacionado a la cresta, desbloqueé las puertas desde lejos para llegar y subirme. Rajé al departamento del Nacho, en el camino mi teléfono se conectó por bluetooth al auto. Me entró una llamada.
- ¿Aló? - saludé sin saber quién era, estaba concentrada en conducir rápido.
- Hola Emi, ¿cómo estai? - reconocí la voz del Francisco.
- Buena rucio - disimulé lo estresada que estaba - regio, ¿y tú? ¿Muy nervioso?
- Un poco - hizo una pausa - te quería llamar antes del partido, ¿te gustó la ubicación? ¿quedaste bien?
- Sí, súper - mentí.
- ¿Todavía no llegai al estadio, cierto? - se rio, seguramente escuchó el murmullo del auto por el altavoz.
- Nop - me habían pillado, había que decir la verdad nomás.
- Apúrate, te necesito para que me des suerte hoy - bromeó, o al menos a mí me pareció una broma.
- Nos vemos en un ratito - sonreí, todavía con las manos tensas en el volante - te llevo pan con mortadela.
- Qué rico - me lo imaginé sonriendo también -ya po, te espero.
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Pensé que yo era pava, pero la Emilia la cagó.
¿Qué dicen? ¿Llega o no llega antes de que comience el partido?
Más linda ella haciéndole un pancito con mortadela al Francisco <3
¿Tienen alguna historia buena en un estadio?
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Suéltate (Francisco Sierralta y tú)
Fiksi PenggemarÉl pensó que le podía mostrar el mundo. Ella le demostró que no había conocido nada todavía. A Sierralta se le mueve el piso cuando conoce a una mina que es un caos con patas. ¿El problema? Que el rucio anda con su polola de toda la vida. ¿Es muy ta...