Desperté con un dolor de cabeza inmenso, entré al baño a tomarme una pastilla y me puse la bata para bajar a desayunar, cuando llegué a la mesa Benjamín estaba leyendo el diario con su outfit de golf, me miró y levantó las cejas fue su "hola" me senté en silencio mientras preparaba mi tostada.
—¿Te diste una ducha? —preguntó con el comedor completamente invadido en su perfume
—¿Te parece que me la di? —dije con ironía
—Apestas —respondió— Apestas a alcohol
—Debe ser porque fui de fiesta —dije con una sonrisa— por cierto, no vuelvas a enviarme al chofer a esa hora, no necesito que me sigas tratando como una niña de quince años
—Entonces deja de comportarte como una —cerró el diario y me miró— estoy cansado Eugenia, estoy perdiendo la paciencia contigo, si no quieres que te trate como una adolescente entonces es momento que dejes de ser una, tienes casi treinta años, tienes una hija fuera del matrimonio, compórtate de una vez.
—¿Te cansaste de ser mi niñero? —pregunté mientras tomaba algo de jugo— No tengo porque ser la persona que tu quieres que sea o la que mi padre quiera, puedo escribir mi propio camino aunque sea un desastre, será mi desastre Benjamín, no estoy haciendo nada malo. Mi hija está con su padre como debe ser y cuando vuelva...
—Cuando vuelva serás un pésimo ejemplo para ella —golpeó la mesa— además de todo no te das cuenta que estás viviendo en un pueblo de treinta personas donde todo el mundo habla de las cosas que haces, piensas que no van a hablar de tu comportamiento? tu hija tiene amigas, va al colegio ¡Ubicate! no entiendo qué hacemos atrapados con todos estos lugareños cuando podemos vivir en la ciudad, lo haces porque te gusta o porque simplemente quieres molestar a tu papá? —preguntó— ahora que lo veo tiene mucha razón en todo lo que dice
—¿qué dice? —pregunté riendo— que mierda te importa porque lo hago, andate. Yo jamás te pedí que vengas a vivir conmigo, tu me seguiste como el perrito faldero que eres de mi padre
—Si no fuese por mi, tu papá... te hubiese quitado todo y lo sabes —agregó más enojado que nunca— no soy el perrito faldero de nadie, si quieres ser la rebelde entonces sé pero de las reales, deja de regalar dinero como si fuese el alma mas buena del mundo o de última si quieres regalar plata como lo haces todo el tiempo con ese lugar entonces que sea la que tu te estas ganando, tanto reniegas de que papá, entonces deja de vivir de su costilla, madura
—¿Te refieres a mi biblioteca? Bueno, en un tiempo voy a regresarle el dinero que me dio, la otra parte la hice con la herencia de mi abuelo, así que no te preocupes demasiado de mis finanzas soy una niña rica inteligente —agregué con una sonrisa pero en realidad no lo soportaba mas— entiendo que tengas algo de resentimiento porque no he tenido que esforzarme tanto para tener todo, pero es algo con lo que nací no es mi culpa
—Eres una pendeja mal educada que no entiende nada de la vida, estos lugareños te hicieron mas estupida —dijo enojado
—¿Me dijiste estúpida? —le grité, entonces le lancé el jugo de naranja que tenía en la mano— no vuelvas a insultarme —todo su outfit de golf perfecto color blanco quedó completamente destruido
—Enferma, estás completamente enferma —se puso de pie—
—Vete a la mierda ridículo —respondió
—Estoy en la mierda, no te das cuenta que el vivo en el mismo pueblo que tu? —me gritó y se fue del lugar.
Subí la escalera furioso y luego bajó con una maleta pequeña, la buena noticia es que no iba a verlo hasta la próxima semana, siempre se iba cuando teníamos una pelea de este tipo. Me di una ducha llorando porque obviamente me afectó las cosas que dijo sobre mi hija. No quería salir a caminar porque podía encontrarme con alguna de mis amigas y se iban a dar cuenta que no estaba del todo bien, me senté a leer sentada en la ventana toda la tarde hasta que me recuperé, cuando se fue la luz del día salí a caminar.
