Lluvia forestal.

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(Pepa)
No era mi intención provocar una lluvia forestal en la habitación de mi niño, pero fue algo que no pude evitar. Por eso tuve que mantenerme a un lado del altar y no frente a él; no estaba segura de poder ver una foto de mi sobrina sin dejar esta lluvia para provocar una tormenta y un huracán.

Félix entró conmigo; sabía que si entraba sola, no lo podría aguantar.

—Mirabel...—no sabía qué hacer, qué decir; en el momento, sólo sabía llorar en arrepentimiento—Yo... Yo te debo una disculpa enorme, sobrina.—tomé una foto suya de un lado del altar y me quedé viéndola: se veía tan feliz que me dolía—Yo tuve una fricción muy extraña contigo por años; no tenías don, no colaborabas, no eras perfecta como Isabela... Y yo, yo fui una estúpida, Mirabel. Una completa estúpida.

—Mi amor, no te digas así...

—Es la realidad, Félix. Fui una estúpida por no decirte nunca que te quería. Porque te quería, Mirabel. Te quería, te quiero y siempre te voy a querer. Eras un ángel, sobrina, y yo no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde. Perdóname por no ser la tía que merecías, por favor. Jamás me perdonaré no haberte valorado, porque valías-no-vales oro, Mirabel.

—Es verdad lo que dice Pepi, sobrina. No tenías don porque TÚ eras el don de esta casa. Te queremos, Mirabel.

Abracé la foto que tenía en mis manos con tanta fuerza que creí que rompería el cristal que la protegía, para luego colocarla en su lugar y llorar un buen rato en el hombro de Félix, cuyas lágrimas también caían en mi vestido.
Era comprensible.
Mirabel ya no estaba.

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