—Este camino me da mucho miedo, Jaylai —susurró una chica de cabellos grises, de un metro cuarenta y que intentaba hacer fricción con sus brazos para poder calentarse—. ¿Por qué no vamos por el camino de siempre?
—Vamos tarde, Ina, ya lo dije hace rato. Tenemos que llegar rápido o si no mamá se enojará más de lo que ya lo estará, el pastel de frutas debía de estar hecho hace unas horas.
Las hermanas se hallaban bajo la total oscuridad de la noche, el camino que eligió Jaylai se caracterizaba por ser un largo tramo de bosque dentro del Parque Esperanza. Debían de atravesar el parque en lugar de rodearlo ya que eso les ahorraba cerca de 15 minutos de camino. Otra razón para optar por ese camino fueron los pequeños arbustos de arándanos que se encontraban ocultos por la zona. Jaylai era conocida por su amor a la agricultura, llegó tanto su gusto que creó una comunidad de mucha gente con la que compartía lo que aprendía; no todos podían tener un huerto propio así que decidieron crear pequeño huertos comunitarios a lo largo de todos los parques de Agovar.
—Ayúdame a buscar bayas, Ina —ordenó la hermana al momento que se recogía el café cabello con dificultad gracias a la pequeña canasta de compra que llevaba consigo y que se negaba a dejar en el suelo—. Agarra las que puedas.
Ambas se separaron y empezaron a buscar por la zona.
—No creo que estén de este lado, no puedo ver mucho por la oscuridad— respondió Ina con inseguridad, la parte boscosa del parque no se encontraba iluminada como los caminos principales—. ¿Estás segura de que se encuentra por aquí?... ¿P-Por qué le preguntamos al señor de la máscara?
—Ya he pasado demasiadas veces como para saber en qué zonas me encuentro, claro que está aquí...— Respondió Jaylai.
<<¿Señor de la máscara?>>
La reacción de la hermana fue inmediata, no dudó para nada en lanzarse hacia Ina, que no había reparado en la pregunta que hizo. Un proyectil con una velocidad exagerada golpeó a la hermana mayor en la pierna derecha ocasionando que su canasta saliera volando.
A unos metros de las hermanas se encontraba una persona alta, de complexión delgada y con una lisa mascara blanca que le cubría el rostro. Vestía un traje color vino y un negro cinturón de munición que sonaba con el mínimo movimiento. Lo misterioso del personaje no era su vestimenta ni el ruidoso cinturón, era la sonrisa tenebrosa que tenía la máscara que portaba.
—Ni te molestes en tratar de protegerla, mi querida dama —gritó la mujer detrás de la máscara con diversión—. Me encanta la deliciosa idea de que tenemos las mismas oportunidades, ¡Yo también me quiero divertir!
La mujer sacó de su cinturón un par de clavos y los lanzó hacia su propia pierna derecha con una fuerza desmedida. Ahogó un grito mientras reía con intensidad. Parecía como si disfrutara de el dolor de las heridas.
—¿¡Qu-Qué quieres de nosotras!? —gritó Jaylai con furia—. ¡Corre Ina!, no importa que, ¡corre! Iré detrás de ti.
Ina no se movió, estaba en shock.
—¡Solo quiero divertirme! He estado viajando por días entre los mundos, los océanos de lava, las islas flotantes de Cronos y los cielos morados no ayudan para nada. Un pequeño festín me vendría muy bien —Respondió la mujer, que se acercaba con lentitud a las hermanas.
Jaylai tenía mucho miedo. Aún así, sabía que era tenía que hacer: podría cortar la visión de la desconocida con tierra, aquello le daría un poco de tiempo para que Ina corriera. Solo tenía que acercarse más.
La mujer de la mascara empezó a buscar entre sus bolsas a cada paso que daba, no podía dejarlas ir, había mencionado a Cronos. Aquella información no era exclusiva de los trotamundos, pero mientras menos gente ajena conociera de Cronos, mejor.
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Recuerdos Radiantes
ActionEn la Ciudad de Agovar se encuentran muchos tipos de personas. Celeste, David y Alex, portadores de habilidades especiales se encuentran con Dita, una chica que no recuerda nada de su pasado y junto a ella trabajaran en un operativo para proteger a...
