Capítulo 24 [Pérdida]

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La jefa explicó con todo detalle la corta e interesante interacción que tuvo con la cantante en el elevador durante su subida a la fiesta, se notaba de inmediato su emoción por haberla conocido y porque ella supiera de su existencia. Seguía sin entender del todo la razón de cambiar los objetivos, pero poco a poco su duda fue desapareciendo durante el transcurso de una hora en la que muchos de los grandes pilares de Agovar empezaron a llegar al salón, todos con su propio cuerpo de seguridad y precauciones. Lo cual si bien, ya aclaraba la duda principal, terminaba planteando otra. Aritzi siempre se daba a conocer como un hombre preparado, el equipo y Celeste pudieron confirmar ese hecho. Así que no tenía mucho sentido que se equivocara al invitar al equipo si por lógica los mismo pilares de la ciudad traerían a su protección. Seguía sin convencerle la idea de que Dalia pidiera su presencia en el evento. Otra opción era que este decidiera invitarlos de buena fe, como agradecimiento de su trabajo anterior.

Faltaba hora y media para la media noche, poco minutos para el pequeño concierto de Dalia. Mientras disfrutaban del segundo plato del menú de la fiesta, sopa de calamar y mejillones, Celeste no dejaba de observar el salón, tanto el cruzar de los invitados como la llegada de los nuevos. Entre ellos vio a un señor mayor, de buena forma física para la cantidad de canas que llevaba en la cabeza, vestía de traje, con una gabardina negra y un cuello de tortuga que lo hacía ver con más porte, tenía un aspecto muy familiar para la chica, que tardó unos minutos en caer en cuenta sobre quien se trataba.

—¡Oh mierda! —Dijo Celeste, escupiendo un poco de su sopa sobre David.

—Oye, ¡aquí no! —El muchacho volteó de inmediato hacía la entrada, donde también alcanzó ver al señor y lo reconoció de inmediato. Su mirada tranquila cambió fugazmente a una de furia total. Azotó sus cubiertos en la mesa y se empezó a levantar—. Esta vez no te escapa...

Sus manos y piernas se atoraron, pequeños campos de fuerza lo sujetaban. Intentó moverse con brusquedad sin éxito alguno.

—¡Maldita sea!, Celeste —levantó la voz con enojo—. ¡Déjame ir!

—Ni loca te suelto —argumentó creando un campo de fuerza en la boca de David, dejándolo en silencio—. Siéntate ahora —Ordenó.

—¿Quién ese ese tipo?— Preguntó Dita.

—¿¡No le has contado!?

David negó con la cabeza con tranquilidad.

—Quiero que le cuentes, ahora mismo —Sentenció, quitándole las restricciones y suspiró.

—Está bien... —accedió—. Espero que cuando recuperes la memoria me cuentes la historia de como terminaste en esa playa...

—Oh, sobre eso... yo...

Un timbre de teléfono sonó con intensidad e interrumpió a Dita. Celeste buscó de inmediato y se levantó de su lugar mientras no quitaba la vista de la pantalla. Parecía un poco asustada y con demasiada prisa que cuando se alejó de ellos solo alcanzó a decir: "Vuelvo en un minuto"

—Fue hace cuatro años... Me gustaría no recordar esa época, que suerte tienes... —admitió—. Las cosas estaban mal en la familia, Alison tenía muchos roces en casa. Se había comprometido mucho a defender los derechos de los nuevos portadores, no sé si para defenderme, para desafiar a nuestros padres o quien sabe que. Había muchas revueltas, mucha gente estaba siendo asesinada, hasta llegó una propuesta de sacarnos de la ciudad como "Clemencia"—bufó—. El imbécil de la entrada, Ryuko Kori era el gobernador en ese tiempo. Convocó una conferencia de prensa en la antigua Plaza Astrum y muchos grupos a favor de los portadores se plantaron en la plaza para protestar.

—Supongo que para nada se lo tomaron bien — Dijo Dita, sustituyendo el rol de vigilancia que estaba haciendo la jefa antes de su retirada.

El escenario estaba siendo preparado para el espectáculo del objetivo a proteger. No veía muy necesario que ese tipo de persona tuviera protección en un evento privado, pero no ponía en duda la idea de Celeste: Si se pide es por algo, aunque sea lo más improbable del mundo.

Recuerdos RadiantesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora