Until we meet again

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El despertador había resonado en mi cabeza tan fuerte que casi podía escuchar el eco trastornador. Como siempre, me levante haciendo la misma rutina, pero a diferencia de esta vez, era la última en este lugar, en esta casa... en este distrito.

Asomé mis ojos para poder visualizar el paisaje, el día estaba nublado y daba aspecto de frío... era horrible. No me quedaba otra opción que pedir un taxi, debido al día espantoso que me tocó.

"Vale, Nao, tú eres fuerte", me alente con voz débil mientras me frotaba el brazo con la mano que no sostenía mi maleta. Suspiré hondo y corrí hacia la puerta, cerrándola nerviosamente. Mire mi alrededor una última vez sintiendo sintiendo como mi estómago se retorcía en mi interior... realmente voy a extrañar esta casa.

Los asientos del taxi eran cómodos, y olían a tabaco y menta, también un poco de combustible. Me miré al espejo que colgaba del techo, observando mi cetrino y desagradable aspecto. Mis ojos parecían hundidos en sus cuencas negras y mi piel estaba demasiado pálida para mi gusto. Me removí en el asiento propinando un quejido y la mirada curiosa del conductor, del cual preferí desviar la vista. Hizo unos cuantos comentarios sobre el clima a los cuales respondí "ah" y "si" cuando era necesario. El truco esta en reírte de todo lo que dice el taxista para que no te viole.

En la radio sonaba un programa de opinión donde, de vez en cuando, sonaba canciones anticuadas que pondrían reventarle la cabeza a cualquiera. Emití muecas conforme nos alejábamos.

Lo peor era, que ni siquiera sabía a donde coño me estaba dirigiendo hasta que me acorde que tenía que ir a la central para terminar algunas cosas sobre mi transcurso en el distrito 20. Aparté la vista y suspiré, apretando los párpados mientras pensaba cómo despedirme de Shinohara y Juuzou... a tal vez, sería mejor que no se enteren... no lo sé.

Seguí pensando, y cuando me di cuenta, observé en la ventanilla que miraba al vacío boquiabierta como tonta. Miré mi reflejo nuevamente, evaluando la ecuación de mi rostro, producto de lloriquear toda la noche sin poder dormir. Sacudí la cabeza mirando el asiento de enfrente, tragando con dificultad.

-.¿Señorita?- insistió el hombre. Levanté la mirada y, con los ojos bien abiertos, sacudía nuevamente la cabeza.

-.Disculpe, ahora le pago.

Y bueno... acá me encuentro frente a la central. Vacilante, miré hacia ambos lados, frotando mis brazos, y me apresure a correr hacia la CCG antes de que comience a llover.

Mientras caminaba por los extensos pasillos de la central, con discreción, miré de reojo hacia atrás sintiendo la brisa fresca de los aires acondicionados, rozando mi rostro. No me sentía muy segura de saber si estaba yendo en dirección correcta.

Algo me había llamado la atención... era un cuadro colgado en la pared, donde estaba Shinohara con su particular sonrisa, y Juuzou con esos enorme ojos mirando a cualquier parte, menos a la cámara. Muy adorable y aniñado a la vez.

-.Hey- alguien llamó directamente en mi oído. Me volví con todas mis fuerzas hacia delante, dando pequeños pasos en retroceso hasta perder el equilibrio, y caí desplomada en el suelo pulido, aterrizando sobre mi trasero... vergonzoso.

-.Oh Dios, ¿Estás bien?- gritó una voz.

Abrí los ojos. De pie frente a mi se encontraban aquellos dos de la imagen. Shinohara me observaba preocupado, mientras el albino admiraba sus costuras. Tenía las mangas de la camisa remangadas hasta los codos, por lo que pude vislumbrar el tono blanco de su piel, casi relucir con claridad.

Él se agachó

-.Déjame ayudarte.

Extendí mi mano, permitiendo que me ayudara. La vergüenza se apoderaba de mi.

Crimson RedDonde viven las historias. Descúbrelo ahora