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—Narra Lisa—

— Eres una cocinera increíble. — Se dispuso a comer con una gran sonrisa en su cara. —Esta comida es fantástica y es encantador estar aquí fuera.

Estaban sentadas una frente a otra en la mesa del porche de Lisa y ya habían hablado de temas como la industria del cine, música y la vida en seul, y ambas se vieron riéndose y burlándose la una de la otra durante su conversación como si se hubieran conocido hacía años.

— Gracias.

Lisa puso los palillos chinos en la mesa y se echó hacia atrás en su asiento, tomando un sorbo de vino. La luz de las velas lo cubría todo de un brillo suave y cálido, y si Lisa hubiera estado delirando de alguna forma, la atmósfera del porche podría haber pasado por muy romántica, con el sol poniéndose de fondo. Al final no se había cambiado de ropa. Tampoco era como si esto fuera una cita y no necesitaba impresionar a Jennie.

— Bueno, ¿empiezas pronto mañana?

— A las ocho —dijo, poniéndose más pescado del plato que había entre las dos. —¿Y tú?

— Igual. Pero, como sabes, me levanto bastante más temprano para tener mi propia sesión privada de yoga en la playa. Nada demasiado fuerte, solo para calentarme y estirar y quizás nadar un poco.

— Eso suena encantador. ¿Puedo unirme a ti? Quiero decir, te pagaría por una sesión privada de yoga, por supuesto. Sé que estás muy solicitada y...

— Por supuesto que puedes unirte a mí —la interrumpió. — Pero no quiero tu dinero; mi sesión de las 6 de la mañana no está en venta.

— Genial. —La sonrisa de Jennie se hizo más amplia. —Debe ser increíble despertarse aquí y empezar tu día así. Es un sitio tan agradable. ¿La redecoraste antes de mudarte aquí?

— Sí, hice algunos trabajos pero no demasiado. Principalmente cosas estéticas. Pintar, muebles nuevos, y agrandé este porche. Para ser completamente sincera, no estaba segura de cómo me sentiría viviendo en la casa antigua de mi madre, pero había tenido inquilinos antes y ellos ya la habían cambiado un poco en los años que estuvieron aquí, así que eso ayudó un poco.

— ¿A qué se dedicaba tu madre? Lo siento... ¿Te importa que te pregunte?

— No, en absoluto. Era productora de televisión. El último programa en el que trabajó fue Beach Babes. —Lisa rió. —Ya sabes, ese estúpido programa de citas.

Los ojos de Jennie se abrieron de par en par.

— Es genial. Conozco Beach Babes. Solía ser mi placer oculto.

— ¿En serio? —Lisa se rió más aún. —Pero era tan hortera.

— Ya lo sé, pero a quién no le gusta la mala televisión. —Jennie se tapó la boca de un manotazo. —Lo siento, no quería insinuar que tu madre trabajara en programas malos de televisión, es solo que...

— Eh, está bien. En realidad era una buena productora. Una productora muy buena de programas de televisión muy malos. Ese programa en particular tenía calificaciones de audiencia mega altas, igual que todas las demás mierdas en las que trabajó.

— ¿Estabais unidas?

Lisa pensó sobre eso.

— Sí y no. Mi madre tenía un montón de problemas de enfermedad mental. Era bipolar y sufría de ansiedad severa. Me quería y yo la quería a ella pero rara vez pasábamos tiempo juntas cuando yo era más joven. Todo giraba siempre en torno a ella. Su carrera, su aspecto, su vida... Si no era el centro de atención, no era feliz, pero era muy divertido estar a su lado cuando estaba de buen humor. Cuando estaba de mal humor, o cuando dejaba de tomar su medicación por cualquier razón, me aseguraba de estar bien lejos de ella. —Lisa frunció los labios con una mirada lejana en sus ojos. —Era extremadamente vanidosa y gastaba mucho dinero en ropas y en su aspecto. Creo que su mayor temor era hacerse mayor y que su apariencia se desvaneciera, pero quizás eso es lo que trabajar en la industria te hace. Tenía aventuras con hombres jóvenes y cada vez que mi padre se enteraba, ella le amenazaba con matarse si la dejaba. Mi padre estaba loco por ella, pero ya no pudo aguantar más y, al final, pidió el divorcio.

Mar De Amor [Jenlisa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora