CAPÍTULO 37

2.2K 120 19
                                        

Narrador omnisciente

Aida hizo lo que la castaña le había pedido, la dejó frente a la vereda de su hogar con una clara muestra de preocupación siendo reflejada en su castaña mirada. Daniela se adentró en el lugar sintiendo el silencio envolviendo las paredes que conformaban la casa, la muchacha escuchó como el motor del auto ajeno resonaba por las calles indicando que, Aida había decidido dejarla sola con "Su dolor". La castaña prácticamente corrió hacia el baño donde María José se había hecho la prueba, con un toque desesperado se adentró en el pequeño cubículo dando un rápido vistazo por encima, la extranjera apretó su quijada notando que todo estaba como normalmente lo solía ver; ningún rastro de la caja ni del test de embarazo. Daniela dio un par de pasos en el lugar tomando asiento sobre la tapa del retrete, sus esperanzas se desvanecían entre los dedos como también sus ganas por saber si la castaña decía la verdad. Daniela estiró sus manos abriendo los cajones que se hallaban debajo del lavamanos; Nada, no había absolutamente nada que le fuese a servir para ir donde la morena y exigir una explicación. La castaña mordió su labio levantándose de su antigua posición para luego simplemente arrastrar sus pies hacia la salida, caminó con los hombros caídos y la mirada perdida a causa de sus atormentados pensamientos que no la dejaban en paz. La frustración a cada segundo comenzaba a apoderarse de ella provocando que, todos sus intentos por dejar el tema de lado se veían completamente fallido.

Daniela se dirigió hacia la sala principal recostándose sobre el sofá, sus pensamientos vagaron vanamente sobre lo que sucedió la última vez que había estado bien con la morena, ¿Por qué todo era todo tan complicado? Se cuestionó a la vez que se llevaba las dos manos al rosto, limpiando aquellas rebeldes lágrimas que descendían por sus mejillas, Daniela se sorprendía de las cantidades de lágrimas que había soltado en tan solo un par de meses a comparación con los demás años. La castaña cerró sus ojos por un par de segundos- o eso pensó ella- la joven necesitaba relajarse, pensar con claridad que haría con lo antes mencionado por Aida. A pesar de que por un largo tiempo lograr tranquilizar su angustia, aquello no pudo desaparecer por completo de sus pensamientos logrando que, la joven extranjera con rapidez se incorporara sobre el sofá manteniendo sus párpados completamente expandido, ¿Por qué no se lo contó? Ella era la maldita madre, si lo que decía Aida era verdad, ella tenía todo el maldito derecho de saber que un pequeño niño crecía sobre el vientre ajeno, ¿Verdad? Daniela se levantó completamente molesta, rápidamente observó el pequeño reloj que adornaba la habitación percatándose que iban hacer casi las cinco de la tarde, ¿Tanto tiempo se mantuvo vagando en sus pensamientos? La joven sin pensar en las consecuencias salió de su hogar cerrando la puerta principal con fuerza, su sangre caliente burbujeaba en el interior de sus venas al sentir la ira propagándose por todo su cuerpo hasta los recónditos espacios que este resguardaba.

María José se lo ocultó, la alejó, e ignoró, como si sus malditos sentimientos no importaran, y aquello era lo que más la castaña comenzaba a odiar de la peli negra, detestaba que no confiara en ella, que, a pesar de todo lo que hubiesen vivido la joven le escondiera algo tan sumamente delicado e importante para la castaña, como lo era el asunto del bebé. Daniela continuó caminando pateando con la punta de sus zapatos la pequeña piedra inofensiva que rodaba por cada golpe certero que la castaña le brindaba con tanta molestia, la joven se dedico a bufar mientras que mantenía sus manos en el interior de sus jeans. La castaña intentaba relajarse, hasta había comenzado a pensar cosas bonitas y adorables que la hiciesen distraerse, pero simplemente no funcionaba, su cruel cerebro le repetía una y otra y otra vez que María José le ocultó el embarazo, en su propia cara se lo había negado, le restregó en el rostro que ellas un hijo, jamás tendrían. La castaña alzó su mentón observando a la lejanía como el sol comenzaba a ocultarse dándole aquella tenue iluminación que las anaranjadas nubes le brindaban al opacar los pequeños rayos del sol. Llegó, con el corazón casi desbocado y el característico sudor envuelto en sus palmas. Daniela se quedó de pie frente a la casa de los Garzón, observando con verdadero pavor el lugar. Luego de un par de minutos debatiendo el que haría cuando tuviese a la peli negra frente a su rostro, tomó la decisión de caminar hacia la puerta principal. La joven se inclinó con la punta de sus pies a la vez que estiraba una de sus manos para golpear con sus nudillos la madera, la castaña estaba dispuesta enfrentar a su padre, y al señor Garzón, si es que alguno de los dos osaban en abrirle la puerta, pero para su maldita sorpresa, esta estaba entreabierta. Daniela frunció el ceño apoyando la yema de sus dedos sobre la puerta, la piel de su nuca se erizó al oír el chillido de la madera cediendo, sin dudarlo la joven se adentro en el lugar caminando con un toque de desesperación por el pasillo.

SOLO AMIGAS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora