CAPÍTULO 8

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Narrador omnisciente

Daniela era incapaz de narrar ni mucho menos explicar qué era lo que pasaba por su mente en el instante que ella dirigía a la peli negra a su hogar, ni siquiera sabía el verdadero motivo del por qué chocó sus labios contra la suavidad carnosa de los labios de Matu, simplemente lo hizo dejándose llevar por el caluroso tacto que las palmas de la contraria ejercía contra el interior de su camiseta. La castaña olvidó por completo el cómo llegaron a su habitación, se sorprendió bastante al percatarse de su ropa revuelta y las adorables mejillas sonrrojadas de Matu. Daniela gruño en el momento que sintió como su espalda chocó contra la suavidad del colchón, la muchacha reaccionó intentando detener lo inevitable pero para su mala suerte -o tal vez no tan mala suerte- Matu se subió a horcajadas sobre su cadera volviendo a unir sus labios en otro desesperado beso. La castaña cerró sus ojos llevando sus manos a la quijada y parte de la nuca de la pelinegra, obligando a la muchacha a presionar con mayor vehemencia la suavidad de sus labios contra los suyos. Daniela sentía su cuerpo ardiendo ante el deseo, por instinto la castaña alzó su cadera rozando su intimidad contra contra la de la peli negra sintiendo rápidamente la ausencia de la presión que mantenía hace algunos segundos sobre sus labios, los músculos de Daniela se contrajeron al oír el jadeo desbordado de los labios de Matu, aquel suave sonido, tan malditamente caliente, terminó por incendiar cada espacio que cubría la sensible piel de la castaña.

Daniela tomó la cadera de Matu obligando que, nuevamente sus intimidades colisionaran logrando soltar un caliente jadeo que encendió ambos cuerpos, Daniela tragó saliva al sentir las manos de Matu comenzando a desabotonar su blusa exponiendo con lentitud su suave piel blanquecina. La castaña pudo oír la caliente exclamación de la menor al sentir con las yemas de sus dedos su piel descubierta, por instinto la castaña sonrió estirando su quijada para atrapar con satisfacción el labio inferior de la muchacha que se encontraba sobre ella, tirando con un poco de brusquedad aquella sensible carne cuando la mayor soltó el labio de Matu pudo sentir la mano de la muchacha descansado sobre su esternón ejerciendo un poco de presión para mantener la espalda de Daniela adherida contra la suavidad del colchón.

- ¿No me detendrás? - preguntó la peli negra con un deje de preocupación en sus suaves palabras.

La castaña la observó en silencio encajando sus dientes contra su labio inferior. Ciertamente una parte de Daniela quería detener las acciones de Matu, no quería lastimarla, ni mucho menos herirla con alguna bruta acción por su parte, por la otra: aquel egoísta pensamiento le ordenaba en cogerse a la joven Matu por todos los rincones de la habitación, hasta que cada parte de su cuerpo tuviera su nombre plasmado en la suavidad de su piel. Lentamente su silencio le estaba dando la respuesta equivocada a la joven Matu, quién al sentirse cohibida por la mirada de Daniela no hizo nada más que bajarse de la cadera de la castaña mientras se arreglaba su desordenada camiseta. Daniela parpadeo confundida actuando con rapidez al notar la ausencia de la piel de la pelinegra con firmeza encorvo su espalda atrapando con sus brazos la cintura de la joven.

- No te vayas - suplico Daniela logrando girar a la chica para ver su sorpresa plasmada en sus bonitas facciones - Quédate por favor - susurro sintiendo como la calentura del momento se había esfumado por completo.

Matu se quedó en un completo silencio al sentir como la castaña tiraba de su cuerpo para terminar de recostarla sobre el colchón.

- Tranquila no quiero tener sexo... No hoy - comentó Daniela recostandose al lado de la pelinegra para a pegar su rostro contra el torso de ella - ¿podemos hablar? - preguntó sabiendo qué, muy en el fondo la pelinegra debía encontrarse completamente desconcertada por sus suaves palabras.

Matu giro su rostro quedando de frente alas bonitas facciones que tiene el rostro de Daniela, en silencio la joven entreabrió sus labios mirando el bonito lunar que adornaba en el cuello de la castaña.

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