Extraordinariamente cuerda

88 15 0
                                        

«Si vas a hacer algo, ten al menos, la decencia de hacerlo bien.»

Espejos, muchos espejos, muy pequeños, en el piso.

—¿Mamá?

Humo, mucho humo, era negro y olía muy mal.

—¿Papá?

Gritos, gritos ensordecedores.

—¡¿Mamá?!

***

El sudor recorre mi cuello y desciende en mi espalda.

«Otra vez no»

Una pequeña risa resuena en mi cabeza y solo en ella.

Solo yo estaré, siempre.

Luz cegadora, es lo que para mí se convierte cuando prenden bombillo de la habitación.

Me encuentro temblando bajo mis mantas, sudando por algo diferente al calor y sufriendo por algo que no existe, algo que nunca existió.

—¿Señorita? ¿Esta, usted, bien?

—Sí.

Una respuesta robotizada escapa de mis labios, sin mi previa autorización, esa pregunta predio valor, cuando la sinceridad no prevaleció.

—Lamento informarle que no le creo.

—Solo fue un mal sueño.— digo abanicando mi rostro con una de mis manos.

—¿Cuándo volvieron?— solo existen tres personas, en esta ciudad, que conocen mi historia a la perfección y él es una de ellas.

—Hace unas semanas, pero nada que no pueda controlar— aseguro.

—¿Está segura?

—Sí, lo estoy.

—Bueno, ¿no se si quiera seguir durmiendo o tenga otra cosa en mente?

—¿Qué hora es?

—Las cuatro y siete, exactamente.

—¡Dios! Disculpe que lo haya despertado a estás horas.

—No se preocupe, el frío es quien no me deja dormir muy agusto.

Suelto una pequeña risa mientras él hace una mueca.

—Espero un momento— me levanto de la cama y rebusco entre mis cosas —Creo que traje una camisa térmica.

—No es necesario.

—Claro que es necesario.— recuerdo haberla guardado —¿Dónde estará?

—Esta bi...

—¡La encontré!— creo que no debí gritar, incluso cambie mi tono de voz, exclamaciones de molestia rugen de las habitaciones vecinas— Upps...

Entrego mi hallazgo tímidamente y algo avergonzada.

—Gracias.— Mario sigue burlándose de mi inoportuna situación.

El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora