Fueron meses difíciles sin ella.
Meses a la espera de un mensaje que le correspondiera.
Durante ese tiempo tuve miedo. Miedo de que, tal vez, cuando ella terminara su proceso se diera cuenta que mi vida no encajaba en la suya. De que yo no era lo que quería y lo que necesitaba. Tuve miedo de no poder volver a verla. No volver a besarla.
Joder... Como me había gustado besarla...
En ese aereopuerto, donde mi corazón se vio abatido por su propensa pérdida, terminó gozando el glorioso sabor de sus labios.
Mientras sostenía su cuerpo me di cuenta de lo mucho que anhelaba seguir haciendo esto en el futuro.
Noté la calidez que emanaba de su pecho y me hinché en alegría cuando fue ella quien no soporto más la tortura a la que se habían sometido nuestros cuerpos por permanecer separados.
Supe en ese instante, que no quería soltarla.
Que simpre lucharía por ella.
Y me mantendría a su lado, aún cuando ella ya no me necesitase.
Perdí la cuenta de los meses que pasé sin ella. Cuenta en la que se encontraba las veces en las que, con desespero, tomaba el móvil con gran deseo de escuchar su voz, las veces en las que manejando sin rumbo daba a parar frente a su puerta.
Donde una linda señora, ya cercana a sus ochenta, que hace poco se había mudado al lado de la casa donde sabía que Alessia estaba, al verme en mi auto, con aspecto deplorable y cansado, me ofrecía una taza de chocolate caliente. Ya el invierno se despedía, pero por las tardes antes de oscurecer, una brisa helada corría por todos los rincones de Carolina del Sur como un pequeño recordatorio de su presencia.
Un recordatorio tal como la foto que la madre de Alessia, Bianca, me había obsequiado durante nuestros días en en expectación y resiliencia. Era de la noche en el bufete de Mark, su sola presencia iluminaba la fotografía de una forma casi inigualable. Mientras la veía sonreír pude sentirme el hombre más orgulloso de este planeta por ser el causante de aquella sonrisa tan reluciente.
Estaba enamorado.
Hasta la médula.
Desde los trece años.
Me pasé el tiempo de su ausencia con mi familia y amigos.
Los idiotas de David y Alex no paraban de llamarme con motes empalagoso pretendiendo ser Alessia.
Eran un par de inmaduros, pero con lo que amistad tratara, eran fantásticos. Incluso salimos un par de veces con Jacob y Taylor, el primero seguía adoptando su postura de hermano mayor en cuanto a Alessia, pero en general nos la pasamos bien. Bueno, hasta que ella me buscó.
Cuando recibí ese mensaje, fue como regresar de un trace del que solo ella era capaz de sacarme. El estómago me daba un vuelco y mis nervios empezaban a hacerse presentes.
Jacob y yo tuvimos una conversación interesante, en donde él me amenazaba y yo respondía igual, pero al final, terminó por aceptar las decisiones que tomara su amiga.
Mi italiana.
Verla después de tantos meses fue reparador. Aunque no sabía muy bien como actuar a su alrededor.
Sé que mi abuela me hubiese dicho que simplemente no actuara, pero temía arruinarlo todo. Temía perderla y no poder cumplir mis promesas.
Su coquetería acribillada por su timidez, terminó por enamorarme aun más de ella.
¿Qué más ponía pedir?
Los meses después de eso fueron maravillosos, observé más de cerca su proceso y me jacté en presumir sus avances.
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El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]
Teen Fiction¿Qué pasaría si tu pasado no te deja avanzar? Si ese mismo pasado siempre molesta tu presente, logrando hacerte sentir insuficiente, poca cosa, pero has sabido cómo ocultarlo, ante todos te has mostrado una chica segura y sin ningún problemas fuera...
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