Estrategias y truenos

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Noah

La noche era fría y las pesadillas no ayudaban.

La brisa helada golpeaba con fuerza las ventanas y cada tanto se escuchaba la madera rechinar sobre nuestras cabezas.

Mis sueños no me permitían quedarme dormido y eso empezaba a molestarme, supuse que ella ya se había acostado cuando no escuché ningún movimiento.

Gritos y quejidos de auxilio penetraban mis pensamientos, los recuerdos se esa noche no parecían querer dejarme en paz.

—Noah...— mueve repetidas veces mi hombro.

—Esta bien... Está bien...— sigo medio dormido y en realidad no sé qué va estar bien.

—¿Qué pasa?— parece preocupada y lamento ser el causante.

—Nada...— aún no abro los ojos y me cuesta enfocar de donde proviene su voz.

—Ven... Estás demasiado cerca de las ventanas.

Me dejó llevar, supongo que hacia la cama.

—No se te ha pasado por la cabeza que esto es una estrategia para dormir contigo.— sonrió, mirándola, me gustan tanto sus ojos.

—Por tú bien, espero que no lo sea.— envuelve mi cuerpo en las sábanas, con delicadeza y algo de incomodidad —¿Me dirás qué pasa?

No hablo.

No estoy demasiado interesado en comentar sobre esa noche, al menos no ahora, prefiero disfrutar su compañía, aunque preferiría que no estuviera, ella, tan incomoda.

—Vale... Odio que me abracen.— parece respetar mi negativa a hablar y eso no pudo tranquilizarme más.

—Hasta ahora solo has sido tu quien se imagina escenarios junto a mi.— trato de bajar la tensión entre nosotros, pero solo logro ponerla aún más nerviosa.

—Deja de hablar ya y duérmete.— titubea un poco antes de responder y se prepara para dormir, dándome la espalda.

El frío hace de la suyas y pronto las sábanas sobre nosotros parecen inservibles, el calor que brota de su cuerpo me pide acercarme, cosa que no hago por obvias razones.

Las horas pasan y mi cabeza lucha por no rendirse, no sabría a quien culpar, si al frío o a mis pesadillas, tal vez una mezcla de ambas. Lo único seguro es la incomodidad del cuerpo a mi lado.  No tiende a moverse demasiado, pero es notable su gélido. Trato de acomodar su manta, para una mejor cobertura, pero su reacción no fue la más esperada.

Giró hasta quedar a escasos centímetros de mí, su mano, por debajo de las sábanas, se postró en mi torso, cubierto por un grueso jersey. No es plena incomodidad lo que siento, aunque es algo desanimante saber que solo lo hace porque está inconciente y tiene frío.

Dudo si imitar su postura, estoy tenso bajo su agarre —su mano está muy fría— al final optó por colocar las manos bajo mi cabeza y de este modo calentarlas un poco.

***

No hay mucha claridad en la habitación, las cortinas se encargan bien de su trabajo. No logro averiguar qué hora es, pero sentí que dormí una eternidad. Tal vez el viaje en carretera desde la cabaña del instituto hasta aquí, me dejó más cansado de lo que creía.

Detengo de forma abrupta mis pensamientos al notar la textura de lo que está entre mis dedos. Abro mis ojos rápidamente para confirmar mi sospecha. Su suave cabello adorna mi mano, casi escondiendo su plenitud por completo. De modo inconcientemente y por inercia, empiezo a acariciar su cabeza.

El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora