—¿Qué sientes ahora?— la voz de el doctor Andersson retumbo en la habitación. Exigiendo de una manera amable mi atención. —¿Ya no te sientes pérdida?— dijo refiriéndose a mis palabras en las secciones anteriores a esa.
—Me siento...— cuando no supe cómo proceder estuve a punto de abofetear mi rostro —extraña. Es raro.— al fin logré formular, mirando directamente hacia esos iris verdes que tanto me intimidaban —Es como... como...
«Haber vivido bajo una tormenta. Llegas al punto donde los truenos ya no te asustan como antes, porque es lo único que conoces, por eso lo aceptas. Y que de la nada la nubes desaparecieran y el sol te dé directamente en el rostro... Quema, pero la sensación no es desagradable. Es desconocida. Siempre una parte de ti te pide a gritos que regreses a lo que conoces a la perfección. Una parte de ti, desea que vuelva a llover, porque no soporta la luz que proviene de repente, esta acostumbrada a la oscuridad y quería que regresara.»
«Pero creo que me gusta más la luz, me gusta como refleja con plenitud el rostro de las personas a mi alrededor. En la oscuridad no podía apreciar su rostro en realidad, solo tenía caras imaginarias dibujadas por una mente confiada, en cambio la luz era la aliada perfecta para cumplir ese deseo. Me gusta más el sol. Estoy acostumbrada a la lluvia, pero me aterra, y conozco a personas a quienes le da miedo lo que conlleva— dije pensando el el chico de preciosos ojos grises —. Aunque más que por ellos, no quiero regresar a la oscuridad por mí. Mi vista era limitada en ella, no veía las cientos de armas apuntando directo a mi corazón. Esperando órdenes de mi represor para ser aniquilada sin piedad.»
—¿Me explico?— pregunto apenada por haber divagado tanto en la respuesta a su pregunta.
—Claro que te explicas, pero necesito que seas consciente de cuáles fueron tus errores y cuáles no fueron tuyos.— eso era algo que repetía muy a menudo en nuestras pláticas.
—Es que... si yo hubiera...—
—Por tantos hubieras olvidan el hago.— dice con firmeza. — ¿Qué estás haciendo para redimirte?
—Vengo aquí cada semana, para no perderme más y no hacer sufrir a mis padres ni a las personas que quiero. — replique segura.
—¿Quienes son tus padres?— pregunta en un siceo.
—Bianca y Mark.— sonrió enormemente y a él se le hace muy complejo no contagiarse.
Al salir de el cuarto no me sentí intimidada por el amplio pasillo blanco lleno de cuadros que concedían concentración. Aún tenía mucho camino que recorrer. Mucho que recordar. Aquí. Pero me animaba la idea de lograr superar todo. Dejar mi pasado donde pertenece y no dejar que interrumpa mi presente.
Tengo muchos recuerdos bloqueados por mi cabeza y ya es tiempo de empezar a superar. Y para hacerlo, necesito recordar.
Lleve mi mano a mi mejilla limpiando un lágrima que por ella corría. No era de tristeza, solo era melancólica, nostálgica, de ver cómo poco a poco había superado mis más grandes miedos y los que faltaban.
Todo se hizo aún más real al despedirme de la joven recepcionista que me recibía a diario para mi cita. Ella siempre tenía una sonrisa para todos.
Pero la realidad se asentó con más fuerza al observar el auto ahí estacionado. Él estaba recostado en el, mirando su reloj con impaciencia. La imágen me hizo sonreír.
Sin dudas ni titubeos me plante frente a él, jugueteando con mis manos al frente con nerviosismo.
Él notó mi presencia de inmediato, adoptando una postura todo menos casual. Él también estaba nervioso.
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El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]
Novela Juvenil¿Qué pasaría si tu pasado no te deja avanzar? Si ese mismo pasado siempre molesta tu presente, logrando hacerte sentir insuficiente, poca cosa, pero has sabido cómo ocultarlo, ante todos te has mostrado una chica segura y sin ningún problemas fuera...
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