Siempre aquí

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Mi mirada no se quedaba quieta en ningún momento. No pude dormir en lo que quedaba de noche. No paraba de acercarme a la ventana esperando encontrar algo inusual, pero siempre con el mismo resultado.

Mi cabeza no dejaba de darle vueltas y vueltas a esas dos palabras.

¿Qué significaban?

¿Qué tenían que ver conmigo?

No tenía repuestas para ningunas de mis preguntas. Solo más y más de ellas.

Mamá llegó a pregúntame si me encontraba bien. Ella y Mark estaban preocupados por mi cambio de humor tan repentino. Tuve que explicarle unas cuantas veces, que me ocurría nada y que podían estar tranquilos.

De alguna forma me daba miedo comentarle algo al respecto, temía que ella se alterará demasiado, por algo que quizás, allá sido solo una broma de mal gusto.

Esperaba que así fuera, pero de nuevo, la sensación de intranquilidad no abandonaba mi cabeza y podía sentir como mi cuerpo gritaba que corría peligro.

Tal vez por eso me encerré en mi habitación, mirando la cortina de la ventana, como si quisiera desintegrar la.

Sentía verdadero miedo, cuando está retumbaba por las corrientes de aire.

—Alessia,— comenzó mamá con tono firme —ya estuviste aquí mucho tiempo, quisimos darte tu espacio, pero es demasiado.

¿Espacio? Sonreí sin darme cuenta y abracé a mamá por unos segundos más de lo común.

Aceptando salir, sin decir nada.

Mark nos esperaba con una gran sonrisa, terminando de preparar, lo que el llamó lo mejor la comida de la felicidad.

Reí por lo bajo al escucharlo terminar y a mamá poniendo una mueca, mirando a Mark con burla.

—¿La comida de la felicidad?— lo miro ella con un ceja encarnada.

—¿Algo en contra de mi comida?— dijo él entornando sus ojos.

—No, nada.

Quería poder disfrutar esto, pero la constante incertidumbre de sentir la mirada penetrante de alguien a mis espaldas, me mantenía desconectada del mundo que me rodeaba.

—El lunes regresarán a clases normal.— menciona mamá, distraídamente.

—Sí, algo me había comentado Emma.— dije, después de tragar lo que tenía en la boca —Por cierto, había olvidado darles las gracias por lo de el padre de Yang.

—No fue nada.

Sonreí.

—Si. Aunque fue algo complicado convencerlo de aceptar.— complemento mamá, lo que Mark, había comentado.

—Me imagino.— medité, dándole la razón —El señor Mi, es complicado.

El día transcurrió sin mucho inconveniente. Todos estábamos centrados en nuestros propios asuntos y decidí, para distraerme, comenzar uno de los libros que se encontraba en mi estantería.

Casualmente era de psicología y el explicaba las etapas de la depresión.

Me adentre bastante en la lectura y solo noté el pasar del tiempo al mirar la oscuridad del cielo.

—¡Hola, chicas!— grita Vanne, al entran en la llamada grupal, que organizo Yang.

—¡Hola!— respondemos todas en un unísono.

—¿Como está todo por allá, Yang?— pregunto.

—Bien. Hace muchísimo frío. ¿Y ustedes?

—Ya por acá se siente el invierno.— menciona Emma y puedo visualizar que pone los ojos en blanco.

El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora