Colapso

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La sonrisa en mi cara, amenazaba con partirla en dos. Todos se quedaron muy sorprendidos al notar mi buen ánimo, incluso luego de haber escuchado a mamá hablando de las posibles universidades de derecho a las que aplicaré, al salir del instituto.

«La publicidad es lo que realmente me interesa»

Incluso me sentía lo suficientemente inspirada para sentarme en el taburete del moderno, pero anticuado piano.

Las notas y melodías fluían desde mi pecho hasta los dedos de mis manos, que recorrían la lisa superficie de teclas. Mis dedos se movían con rapidez, pero la complejidad no era palpable para una mente despejada. Me deje llevar por el sonido, me deje llevar por la melodía, me deje llevar por la sensación de calma que abundaba mis sentidos.

Esta calma y serenidad, tenían nombre e incluso apellido. Y eran los portadores de un par de ojos que helaban mi sangre, del mismo modo que le daban calidez a mi alma. No logré calcular el tiempo que pase cubierta en aquella sinfonía, pero al tocar la última nota, mi mundo parecía más tranquilo y apacible.

—¿Hoy amaneciste inspirada?— la voz masculina a mis espaldas, obligó a mis ojos a abrirse.

—Eso parece.— respondí con una pequeña sonrisa en mis labios.

—Seguro es por la universidad.— mamá lanza un comentario, bastante errado. Y me fuerzo a sonreír.

—Deja de insistir con el tema.

Mark no luce muy convencido de mi loco y repentino amor por las leyes, incluso aseguraría que no cree ni una solo palabra.

En cambio, mamá, está muy emocionada con la idea, cosa que le impide notar la mentira en mis palabras.

—Cambiando el tema, en noticias más interesantes— inicia mamá, con un gesto indescifrable —Hoy en la mañana, hablé con la madre de Noé.— menciona con ansias de ver mi reacción.

Una que nunca llega.

«¿Quién es Noé?»

No conozco a nadie llamado así, incluso me tomé el tiempo de desencadenar todos mis recuerdos, hasta llegar a unos no tan agradables. Ahí me detuve.

—¿Noé? ¿Quién es él?— cuestionó confundida.

Al notar que Mark está igual o más confundido que yo, empecé a preocuparme de la llamada telefónica de mi madre.

Él parece caer en cuenta de un detalle que yo desconocía y hablo.

—Noah, mujer. Noah.

Cada palabra que salía de su boca, aumentaba mi vergüenza y disipaba mi buen humor.

—¿Qué hiciste, qué?— mi voz sonó más aguda que normalmente, pero mi vergüenza no me permitió disimular mi descontento.

—Te dije que lo haría.— no trata de justificarse. Solo habla con indiferencia.

—¿Cómo conseguiste su número?— la mirada de disculpa en los ojos de Mark, no mejoraba la situación.

—Sigues dudando de mis alcances, señorita.— dice enalteciendose, de forma jactanciosa, frente a mi disgusto.

—Mamá...— dejo caer mi cuerpo sobre el gran sofá de la sala

—No es la gran cosa.— le resta importancia con un gesto de manos.

...Y colapso.

—No. Sí es la gran cosa.— me levanto mirándola —Siempre terminas haciendo cosas que sabes que no quiero. ¡Tomas decisiones que solo me pertenecen a mí!

El Que Se Enamore Pierde [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora