Sebastián Yatra
Sebastián: Vámonos de aquí. -dije sin aliento-
Por primera vez en mucho tiempo me siento feliz, y todo por ella.
Aitana: ¿Dónde? -se arreglaba el cabello, ella era tan hermosa-
Sebastián: Donde sea, sólo quiero estar contigo. Pero, saldré yo primero. Puede que tu hermano nos vea. Te espero pequeña. -le di un pequeño beso en los labios y sali-
Me sentía tan jodidamente completo. Después de tanto tiempo...
¿Es que acaso esto es real?
Caminaba por en medio de toda esta gente, con una sonrisa en la cara. ¿A quien engaño? Después de todo lo que he pasado... Ella siempre ha sido mi problema favorito.
Alguien me sacó de mis pensamientos.
X: Sebastián. -me abrazo y me dio un beso en la mejilla-
Sebastián: Oh, hola.
Era Marta. Dios, ¿cómo decirle que me deje la maldita vida en paz sin ser grosero?
Marta: Ven, vamos a bailar.
Sebastián: No, no puedo. -me solté de su agarre-
Empecé a caminar lejos de ella, escuché que me llamaba pero la ignoré.
En mi mente sólo estaba Aitana.
Entre a mi auto y la esperé. Minutos después apareció ella con ese hermoso vestido gris y con esa sonrisa que tanto me encanta.
Aitana: Dios, ¡hay mucha gente! -yo reí-
Sebastián: ¿Dónde quieres ir?
Aitana: No lo sé. O, bueno, sí. Vamos a tu lugar favorito, ¡prometo no quedarme dormida esta vez!
Sebastián: Tus deseos son ordenes. -le sonreí-
En el camino no pude evitar voltear un par de veces para verla. Ella me miraba y sonreía nerviosa.
Después ella encendió la radio y My ex's best friends de Machine Gun Kelly sonaba. Los dos empezamos a cantar a todo pulmón.
Sebastián: Llegamos.
Salí del auto y abrí su puerta. Esto sólo lo hacía con mi madre.
Ella salió con una sonrisa en la cara y entramos a la casa. Aitana apenas entró, se quitó los tacones que llevaba. Con los tacones, o sin ellos, ella siempre se va a ver más pequeña.
Mía.
Sebastián: ¿Tienes hambre?
Aitana: Sí.
Ella se sentó en el sofá.
Busqué el móvil y pedí una pizza. Espero que no tarden tanto, porque yo también muero de hambre. Me senté en el sofá a lado de ella.
Aitana: ¿Jugamos a veinte preguntas?
Oh Dios, ¿qué le diré de mi asquerosa vida?
Sebastián: Empiezo yo. -me aprovecho de la situación y ella asiente- ¿Qué pasa con Aitor? -ella suspiró-
Aitana: No sé cómo pude estar con él. Digo, no tuvimos nada serio... Él es un gilipollas. No sabes como me arrepiento de alguna vez haber salido con él.
Sebastián: ¿Pero entonces por qué decidiste salir con él? ¿Te gusta?
Aitana: Es sólo una pregunta Sebastián y es mi turno. -suspire- ¿A qué edad perdiste tu virginidad?
Sebastián: Creo que a los catorce, o a los trece. No lo recuerdo. -ella se sorprendió- Fuiste tú la hizo la pregunta. -rió-
Aitana: Sí, lo sé.
Sebastián: ¿Te gusta Aitor?
Aitana: Oh no. Para nada. Nunca me gustó. ¿Por qué me besaste ese día? -podía notar lo nerviosa que estaba-
Sebastián: Porque quería. Me gustaba. ¿Y sabes? No sabes desde ese momento lo mucho que he deseado tus labios.
Ella tomó la iniciativa y se acercó a mi para darme un beso. Sus manos se perdieron en mi cabello y las mías en su cintura, luego nos separamos por falta de aire.
Aitana: No sabes lo duro que fue para mi verte con diferentes chicas todo este tiempo.
Sebastián: Pensé que cualquier chica me haría olvidarte. Nunca lo conseguí.
Aitana: Eso fue exactamente lo que hice con Aitor. Tampoco funcionó. -sonreí-
Sebastián: Te quiero, ¿lo sabías?
Aitana: Yo te quiero mucho más.
No lo creo. Ella no tiene idea de lo mucho que la quiero.
Todo, absolutamente todo, de ella me encantaba. Estoy enamorado incluso de sus defectos.
El timbre nos interrumpió.
Aitana: Yo abro.
Lo dijo mientras se dirigía a la puerta y yo buscaba el dinero.
X: Preciosa, son 8.90. ¿Estás sola?
Escuché decir a ese gilipollas que trajo la pizza.
Me acerqué a ellos y abracé a Aitana por detrás dándole un beso en la mejilla.
Sebastián: No. No lo está. ¿Por qué? ¿Algún problema? -él me entregó la pizza-
X: No.
Sebastián: Muy bien. No me gustan los problemas, ¿sabes?
X: A mi tampoco...
El repartidor dio la vuelta y se fue lo más rápido que pudo.
Voltee a ver a Aitana y los dos estábamos soltando carcajadas.
Sebastián: Creo que le tendré que dejar claro a muchos que eres MI pequeña. -ella sonrió y me abrazó-
Aitana: Tuya.
Esas palabras me dejaron sin aliento. Mi corazón latía con tanta fuerza que sentía que podía salir en cualquier momento.
Me acerqué a ella y le di un beso. Luego la agarré de la mano y nos dirigimos a la cocina donde comeríamos.
Risas, besos, abrazos, películas, una sabana, un sofá, pochoclos, confesiones.
Con eso se resume mi perfecta noche.
Y finalmente, una Aitana, dormida en mi pecho.
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Muchas gracias por sus votos así por sus lecturas, cada día escalamos más en los # y eso me hace muy feliz...
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Sei Mia, Piccola
RomanceAitana Ocaña, Sebastián Yatra. No tenían muchas cosas en común, sus edades eran distintas, sus maneras de caminar no coincidían y mucho menos la estatura. Nunca pensaban igual, tenían ideas muy diferentes. Él era dueño de sí mismo, ella una niña ins...
