Capitulo 33: El Ultimo Paladin Verdadero

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El sonido de las olas se podia escuchar en la costa de la bahia mientras los ejércitos bajaban de las naves, la flota del sur traia alimentos, tropas y recursos variados.

Ayuda para reconstruirel norte y a su ves reforzar las filas de sus nuevos aliado.

Un total de 50.000 tropas del ejercito sureño ya se podian ver bajando de la flota y la otra mitad llegaria pronto.

Desde la colina cercana a la ciudad costera de Ferrus, el contingente de paladines de la orden junto a su capitana.

Contemplaban la escena, el estandarte del Reino Santo siendo bajado de las torres solo para que el de la teocrácia tome su lugar.

Un sombrio silencio rodeaba a todos y nadie dijo nada, tanto por temor a una reprimenda como al nivel de esta.

Desde detras de los paladines mas leales a la capitana, yacia el excluido hombre que una ves la ayudo.

Gustav Montagnes observo en silencio como su pais moria ante sus ojos y otro nacia.

Tras el viaje corto de medio dia y regresar a su habitación en la ciudad fortaleza.

Encendio con una vela otras 3 las cuales representaron a sus seres amados y presento sus respetos a ellos.

-Gustav: Madre...Padre...Hermana...Los extraño cada dia mas y mi dolor solo crece...Lamento no haber dedicado mas tiempo a nuestra familia y centrarme en esta vida.

Declaro de rodillas sobre la pequeña mesa, una muñeca de trapo se podia ver asi como una oz de campo y un collar de madera.

Objetos que una ves pertenecieron a ellos y el guardo siempre, aplaudio 2 veces con sus manos y unio estas entrelazando sus dedos.

-Gustav: Pronto nos reuniremos todos y podre expiar mi error....Espero ser digno del perdon que busco...

Declaro tras cerra los ojos y escuchar algo.

- ¿Estas seguro...?

Una vos femenina se escucho detras de el y sus instintos le hicieron reaccionar, sujeto su espada y desenvaino en menos de un segundo.

Buscando al intruto en su habitación a medida que giro en un pie y al hacerlo, solo la soledad entro en su campo de vision.

No habia nadie en la habitación y estaba completamente solo, tras darse cuenta en unos segundos de su estado mental.

El hombre toco su cabeza y solo nego con la misma tras darse cuenta de su grave estado. Dejo la espada sobre el altar y agrego sabiendo que debia hacer.

-Gustav: Su majestad....Neia-San....Este dia pagare mi pecado y traición...Espero ganarme su perdón.

Declaro a medida que acepto su destino y tomo la espada, guardando esta en su cintura.

Pero tomando del altar tambien un objeto pequeño, uno de doble filo y bastante afilada por el.

Una daga simple que habia requisado de la armeria, serviria para la tarea y le ayudaria a acabar con esta semilla negra en la orden.

Guardo la daga en su espalda, debajo de su capa y donde nadie la veria.

Tras esto, un par de minutos tras recorrer la ciudad y llegar a la fortaleza central de la orden.

Golpeo 3 veces la puerta y hablo en un tono servil a medida que los dos paladines a sus lados le veian de forma fria.

-Gustav: ¡Capitan! ¡Este es el ViceCapitan! ¡Gustav Montagnes! ¡Solicito su permiso para entrar!

Desde el otro lado de la puerta, un leve sonido de sorpresa, papeles y una vos se mezclaron.

-Remedios: A...Adelante.

Overlord: La Arquera De Ojos AsesinosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora