—Buenos días, señorita. Me alegro que haya podido asistir. ¿Puedo ofrecerle algo?— Habló el joven con calma mientras colocaba una pequeña botella de té helado frente a la mujer y recargó sus codos en el escritorio. Si no recordaba mal, esa era la bebida de preferencia de la mujer, quien, como única respuesta, asintió con levedad y tomó asiento, soltando un leve "No hay problema"
—¿Qué puedes decirme? ¿Está feliz en el lugar? ¿Se siente bien?— Cuestiono con cautela el omega. —¿No se siente presionado con su nueva rutina? ¿Se siente intimidado por algún trabajador?—
Amanda era una mujer paciente y amable. Sus grandes ojos color marrón y su larga cabellera negra la hacían ver amigable, y sus raíces indus le ayudarían al pobre alfa a descubrir diferentes culturas por lo que Aiden pensó que era la candidata perfecta. La mujer se tomaba el tiempo para formar lazos especiales con sus pacientes, pero al mismo tiempo se mantenía al margen para no causar ninguna dependencia emocional o ser percibida de manera errónea como una amiga. Trabajar con ella era realmente impresionante, y el joven omega lo sabía. Ella había atendido a la omega de su hermana mayor, por lo que la joven ya estaba acostumbrada a personas realmente trastornadas y tenía la suficiente madurez mental para mantener la calma en cualquier situación.
Hacía un trabajo impecable y le daba a sus pacientes un poco de libertad y descanso de sus propias mentes. No cabe duda que las búsquedas de Eduardo y sus métodos de persuasión eran impecables.
—La salud mental del joven está mejorando bastante, aparentemente comenzó a abrirse un poco más acerca de su vida privada y las sesiones con los demás trabajadores.Parece disfrutar una gran variedad de cosas, la comida, la libertad de hacer lo que quiera con su cuerpo, sus nuevas ambiciones. Se ve conforme con su nuevo horario e incluso lo aconseje de comenzar a cuidar alguna planta, o algo que le de un sentido de autoridad y responsabilidad.—
Ante cada nuevo punto Aiden tomaba notas, intentando descifrar que hacer para arreglar cualquier cosa, y conseguir lo que el contrario requería.
—Sin embargo aún tiene problemas con el número de personas con las que debe de interactuar, pero hacer cambios para este punto resultará contraproducente. No muestra ninguna señal de comportamiento autodestructivo, y habla constantemente de que tan agradecido esta con su "dueño".— La mujer hizo una pequeña pausa, frotando la palma de su mano contra su mejilla, realmente consternada por este comportamiento. Cuando le habían dado la descripción del trabajo sabía que tendría que lidiar con un joven que fue abusado y hundido hasta lo más profundo del infierno, pero nunca pensó que sería tan terrible. Nunca pensó que sería tan devastador leer todas las cosas que el joven compartía con ella.
—Aiden, él realmente quiere verte, no hay día en que no pregunte por ti o por el dueño de la mansión. Le haría bien que le explicaras las cosas. ¿Por qué no quieres verlo?—
Aiden suspiro, consternado ante la idea de no saber que responderle a sus trabajadores cuanto llegaban a esta pregunta.
—No hay nada más que pueda hacer, Amanda. Disculpa—
—Aiden, ese chico piensa que el "lindo sirviente omega" lo abandonó sin razón alguna hace tres meses, asqueado con descubrir que era un alfa débil... No es la primera vez que lo menciona. Piensa que lo abandonaste por ser un... "alfa roto". Que le rogaste al alfa dueño de todo que te lo quitara de encima, y está devastado por ello.—La mujer hizo una pausa, mordiendo con levedad la uña de su pulgar sin saber exactamente cómo continuar con su punto. Eran temas delicados, y hablar acerca de su paciente de esa manera no era su cosa favorita, pero incluso ella sabía que el pobre alfa debía de ser ayudado por todas las personas posibles.
—Aiden, te necesita a ti. Eres el primer joven que le mostró compasión y respeto... Necesita de tu ayuda para sanar emocionalmente...—Habló la beta llena de tristeza por todo lo que había escuchado de su paciente. El chico era encantador, en todos los sentidos. Su aroma de alfa era fuerte, tenía un rostro atractivo y su musculatura y tamaño eran superiores a los de otros alfas. Ese chico era todo lo que el mundo describiría como perfecto, brillante para entender patrones sociales, amable y complaciente, ni siquiera se sentía superior a los betas y omegas, pero aun así estaba herido profundamente. No importaba si parecía un chico sacado de un libro de amor, y tenía ese encanto refrescante, tal vez ese alfa nunca se consideraría lo suficientemente bueno para nadie y eso molestaba a Amanda de sobremanera.
—Pensé que tú más que nadie entendería perfectamente que el chico no debería de ser dependiente de mí. No fui cuidadoso con ello en el inicio y aprendí por completo mi lección, ahora debo hacer las cosas bien— Se excusó el omega, encogiéndose levemente en su silla, y tomando nuevamente un sorbo de su café, posiblemente en un intentó de engañarse a sí mismo y apoyar esa mentira de que él no era necesario en el proceso de sanación del alfa.
—No digo que hagas todo con él, sólo visitalo. Con que lo veas una vez a la semana o al mes el chico estará encantado con la vida. Eso es todo lo que te pido— Rogó la contraria.
—Gracias, Amanda. Tomaré en cuenta tu comentario— Dijo el joven. Por alguna razón, se sentía como un niño regañado. No era la primera persona que se lo decía en ese día, y, la verdad, no sabía qué hacer con exactitud. Dios, todo era tan malditamente complicado. No solo eso, sino que Amanda no parecía ser completamente neutral en todo este asunto. Entendía la amistad entre el alfa y Edwin, ya que una relación entre un maestro y un estudiante podría llegar a una amistad, pero ¿una terapeuta y un paciente?
—Espero que realmente lo tomes en cuenta, Aiden, porque te conozco y sé que tan testarudo eres. Te lo digo de la manera mas respetuosamente posible, no seas estupido y toma mi consejo.— Dijo la mujer, negando con la cabeza y tomando su cheque antes de irse, chasqueando con rabia la lengua. Dios santo. ¿Cómo pudo molestar a Amanda?
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Un Alfa Roto
RomanceAiden era una omega. No un simple omega, era el omega mas codiciado de la ciudad. No era realmente único. No desprendía ningún olor especial, ni tenía una cualidad fuera de ser atractivo ante el ojo. No era realmente diferente a todos esos otros ome...
