Oh mierda. Oh no. No. No. No. Una mierda.
—Estamos enlazados— Soltó Aiden casi como si le hubiesen sacado el aire de los púlmones a puñetazos. Sus pupilas dilatadas y llenas de terror subieron con lentitud para ver a su hermana, la unica que podria, seguramente, devolverlo a la realidad. Decirle que esto era una mentira. Que lo que el habia sentido en su alma resonando como la melodia de una guitarra era nada mas que una alucinacion. Un mal chiste de su cerebro que rogaba por dormir tan solo una hora más.
Pero Astrid no podía hacer eso. No podía mentirle de esa manera.
Aún asi, la mujer sostuvo la mirada. Miraba los ojos horrorizados de su hermano con atención, y, antes de que Aiden pudiese decir o hacer algo más, la mujer comenzó a reir.
Astrid reia y reia, y, sino fuera por que tan aterrado estaba Aiden ahora, seguramente él se hubiese puesto a reir con ella, pues la risa de la mujer, esa estruendosa y real, era bastante pegajosa. Sin embargo, justo ahora... Demonios, justo ahora no le veía la puta gracia a esta mierda que les estaba pasando.
—Los hermanos Quintana y sus hilos rojos—
Mierda, otra vez con sus estupideces supersticiosas, ¿huh? Nunca dejaria de escupir esa mierda, sin importar que hiciera o dijera, Astrid nunca entendería de razones.
—Joder, esto es en serio, animal, ¿no lo entiendes? Estamos enlazados. Estamos conectados, siento como sus pensamientos, sus ideas, sus sentimientos, todo de él resuna dentro de mí como si...—
—¿Como si fuera tuyo?— Lo interrumpio Astrid, terminando su oracion.
Si. Era exactamente eso. Era suyo. De él. Su propiedad sin necesidad de cadenas ni de contratos. Suyo porque ambos lo habian anhelado en algun momento, y ahora se hizo realidad.
Pero no solo eso, era casi como un oceano. Eran olas y olas de cosas que nunca habia sentido antes.
Era... Calido. Casi como el sol de primavera en su piel.
Era oscuro. Como una noche sin luna ni estrellas.
Era dulce, amargo, agrio y fresco.
Era tierra mojada despues de la lluvia, pero tambien era el grafito de un lapiz contra la pagina pristina de un cuaderno.
Era la suave y fria lluvia en su piel tiritante, pero tambien las hojas de un árbol agitandose con tranquilidad en una tarde de invierno.
Era todo.
Y todo se sentia real. Y todo era él. ¿Por que se sentía de esa manera de un momento para otro? ¿Por que el mundo parecía tan grande, y por que él se sentía tan pequeño?
Alfa.
[...]
Ethan volteó su mirada rapidamente, casi como hubiesen llamado su nombre.
—¿Sucede algo, alfa?— Preguntó Eva, su mirada aún en las nubes, más su atención parecia estar solamente en él y no en el paisaje.
—Creo... Quiero volver.— Dijo, y no supo realmente por qué.
Algo dentro de él, casi como un susurro, lo llamaba de vuelta. Llamaba su nombre, agonizando. Pequeño y asustado. Casí avergonzado. Llamaba por él de una manera en que nadie nunca lo habia hecho. Con reverencia. Con necesidad...
Eva asintió.
[...]
Cuando Ethan volvió a la mansión algo se sentia diferente en el aire.
[...]
—Bueno, queridos, me temo que ambas tenemos que irnos.— Habló Eva, abrazando con amor y tranquilidad a ambos, Aiden e Ethan, en señal de despedida. Mientras tanto, Astrid, quien sostenia a su pequeña niña en un brazo, estrecho la mano de Ethan, y le dio un par de palmadas a Aiden en la espalda. —Pero si necesitan algo más por favor llamen.— Añadió, aunque, juzgando por la manera en que ambos chicos se veían absolutamente abochornados de que ambas mujeres hayan tenido que venir en primer lugar, era evidente que tardarian mucho en llamarlas de nuevo.
—Grandote, cuida de el leproachan ese.— Hablo Astrid, mientras sonreía. Impresionantemente, Ethan devolvió el gesto. —Asegurate que duerma y que coma bien, ¿ok? Tú tambien. Un buen alfa se asegura de mantenerse en buena condicion para cuidar de su omega— Dijo ella, y fue más como una advertencia que un consejo. Y no le importó en lo mas minimo referirse a ellos como alfa y omega de manera oficial.
Ethan sonrió un poco avergonzado.
¿Él? ¿Cuidando de un omega? ¡Ja! Que buen chiste, con suerte podía cuidar de si mismo. De hecho, por el contrario, se encontraba en tremendo lio porque no podia cuidar de si mismo, ¿que le hacia pensar a esta mujer que podria cuidar de un omega tambien?
Sin embargo, la manera en que lo dijo: como si estuvera completamente segura de que él podria cuidar y proteger de Aiden... Bueno, la verdad es que lo hizo sentir más orgulloso de lo que debería.
¿Que estaba pasando con él ultimamente? Era pequeño, roto y sin proposito. ¿Por que ahora tenía tantas ganas de... ser algo más? De ser mas grande. De ser mas fuerte. De ser capaz de... cuidar de Aiden.
Cuando las mujeres se fueron, llevandose a su hija con ellas, por un segundo Aiden pensó que ambos irian de vuelta a la monotonía de su vida. Pero... Ahora todo se sentía diferente.
Todo era diferente ahora, ¿no?
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Un Alfa Roto
RomanceAiden era una omega. No un simple omega, era el omega mas codiciado de la ciudad. No era realmente único. No desprendía ningún olor especial, ni tenía una cualidad fuera de ser atractivo ante el ojo. No era realmente diferente a todos esos otros ome...
