Estando en su último año de preparatoria, Kim Taehyung debería estar rodeado de cientos de amigos, yendo a fiestas y estudiando para su examen para ingresar a la universidad.
No quedarse solo, con un embarazo no planeado y un alfa rockstar del que n...
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— Señor Kim, señor Kim — repitió varias veces — ¿Está prestando atención?
El omega de ojos azules parpadeó varias veces fuertemente, tratando de volver a su realidad.
— ¿Perdón? — preguntó en voz baja.
— Es la tercera vez que le llamó la atención, jovencito — dijo el profesor seriamente.
Cuando el omega volvió en sí, notó como la clase se había quedado en silencio, habían dejado a un lado sus platicas de chismes por ver y escuchar como el profesor lo regañaba.
Claro... de todos los alumnos que no están prestando atención, regañen al alumno que está callado, pero no a los que están hablando como pericos.
— Y en mi clase, la tercera llamada amerita que se salga de mi clase.
— ¿Qué? — preguntó frunciendo el ceño — ¿Es en serio?
— Muy en serio — se cruzó de brazos — Si no se sale, no continuo mi clase. Así de simple.
Ahora toda la clase lo miró mal a él.
Taehyung como deseaba realmente el querer quedarse ahí y que sea el profesor quien se fuera. Pero, si eso pasaba, seguramente todos sus compañeros le echarían la culpa si el tema que dio por visto viene en el examen y reprueban.
Reprueban por tontos, no por los temas vistos.
Sin hacer más drama ni reclamos, comenzó a guardar todas sus cosas de mala manera, escuchando como sus compañeros hablaban a sus espaldas, otros incluso estaban riendo entre dientes.
Se sentía rodeado entre un grupo de inmaduros.
Al tener guardado todo, se puso de pie y salió del salón sin siquiera hacer una reverencia o algo. Casi se sentía mal, ya que era una clase larga, poco más de dos horas era lo que duraba y apenas hace recién treinta minutos había empezado.
Él no tenía la culpa que justo el día de hoy le tocara a la última hora del día, después de haber drenado su demás energías en el resto de las clases y que ahora se sentía tan agotado, acalorado y malhumorado.
— Ya puedo ir a descansar por fin — se dijo a sí mismo.
Los síntomas del embarazo comenzaban a ser más frecuentes y notables en su cuerpo. El cansancio era uno de ellos, luchaba constantemente con no quedarse dormido, incluso cuando las clases sonaban muy aburridas y sus parpados comenzaban a sentirse más pesados que todo su cuerpo.