Estando en su último año de preparatoria, Kim Taehyung debería estar rodeado de cientos de amigos, yendo a fiestas y estudiando para su examen para ingresar a la universidad.
No quedarse solo, con un embarazo no planeado y un alfa rockstar del que n...
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— Hiciste bien en llamarnos, Jungkook — dijo la omega — Muchas gracias por llamarnos.
— N-no... no fue nada, señora Kim.
¿Y crees que yo voy a criar a un bebé a mi edad en un lugar así? Jungkook, somos adolescentes, lo que menos necesitamos es un bebé ahora mismo.
En la mente del joven alfa, no dejaban de repetirse una y otra vez las palabras que el omega peli gris dijo.
Una y otra vez. Una y otra vez.
Taehyung apenas había terminado de discutir con Jungkook cuando comenzó a sentir sus piernas débiles, al igual que sus ojos que se cerraban lentamente y con pesades, aun cuando intentaba con toda su fuerza por mantenerlos abiertos.
Estaba perdiendo la consciencia.
De inmediato, el alfa se dio cuenta de inmediato que algo no andaba bien, terminó de resolver sus sospechas en cuanto vio que el omega perdía el equilibrio y cerraba los ojos. Así que, rápidamente, fue hasta su lado y lo sostuvo.
— Tae, Tae, ¿Estás bien? — preguntó preocupado.
— Koo... — alzó su cabeza para mirarlo.
Apenas pudo verle por unos escasos segundos, antes de realmente perder la consciencia. Su frente cayó en el pecho del alfa y éste lo abrazó con fuerza para poder sostenerlo y llevarlo hasta la orilla de la acera de peatones para poder sentarse y sentarlo a su lado.
Sabía que esto era demasiado.
Todo lo que acaba de pasar era demasiado para el alfa.
Sacó su teléfono celular para poder llamar sí.
— ¿Si? Hola — dijo el alfa en voz alta — Soy yo, Jungkook — tragó saliva — Necesito que vengan... a-a... al restaurante donde venimos, si... le mando la dirección. Okey, okey...
Estuvo hablando por otros cuantos segundos más antes de que la llamada se cortara
En el tiempo en que se encontró esperando, en ningún momento soltó a Taehyung, profundizó su agarre desde su espalda baja hasta su vientre y la cabeza del omega quedó recargada sobre su hombro.
Jungkook trató de mantener la calma, haciendo ejercicios de respiración mientras a su vez verificaba la del omega. Tomaba sus manos entre las suyas para acariciarlas y llenarlas de su calor, aunque la noche fuera cálida por el verano.
Tal vez los minutos pasaron muy rápido, o tal vez en realidad su cabeza no estaba prestando atención en otra cosa que no sea el omega que tenía a su lado, quien lentamente reaccionó ante su presencia.
El menor sintió esa sensación de calidez embriagante, no provenientes del atardecer, sino del cuerpo que lo rodean, de los brazos que lo sostienen. Del aroma que acaricia su nariz gentilmente y lo adormece por lo seguro que lo pone.