34. Mira lo que has hecho, Amber.

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El día que Max conoció a Alex, fue probablemente uno de los días más felices de su vida

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El día que Max conoció a Alex, fue probablemente uno de los días más felices de su vida. Nadie lo quería, al menos no sus compañeros, era el típico niño que se sienta en el fondo y no habla con nadie, ese que está entre dar terror y ser el centro de las molestias.

Pero a Alex no le impresionó, ni le dio miedo, ni lo juzgo, ni le pareció raro, más bien, le encantó que no tuviese necesidad de juntarse con nadie solo para encajar.
Max era un niño bueno, era amable, cariñoso, le gustaba mucho ayudar a los demás, se llevaba mejor con los adultos que con los niños y siempre le recordaban a su mamá lo afortunada que era por tenerlo, pero la realidad, era que Max quería llenar el vacío que había dejado su papá al morir.
No le gustaba decirlo, pero trataba de ser igual de bueno que su padre, quería ser igual de inteligente, igual de amable, igual de honesto, igual de todo, pero a veces no se daba cuenta de que eso lo consumía.

Sin embargo, con Alex, se sentía lo que era: un niño. Ambos jugaban a las cartas, hablaban de planes futuros, armaban puzzles y se juraron que nunca se iban a dejar solos. Su mejor amigo lo hacía sentir que pertenecía, lo dejaba ser tonto, raro e inmaduro, Alex no sabía lo privilegiado que era de ver eso, ya que si no era con el, Max se convertía en una tumba, apenas hablaba.

Por eso, cuando Alex lo traicionó, con algo tan estúpido como una chica, sintió que ya no servía de nada ser quien era, al final, no importaba que tan bueno, amable, respetuoso, cariñoso o sensible fuera, a la gente parecía gustarle hacerlo sufrir, casi como si buscarán hacerlo sentir algo y se dispuso a ser su peor versión... pero no pudo, él no es así.

Pero eso le dolió, perdió a su amigo, todo lo que tenía e inevitablemente se deprimió, no quería levantarse de la cama, no quería escuchar música, ya ni siquiera quería ilustrar personajes, su mayor pasión, ya no le hacia la más mínima gracia... estaba cayendo hondo. Hasta que un día, saliendo de su entrenamiento de basquetbol, vio a una muy bonita muchacha de rizos rubios esperando en la entrada del gimnasio de voleibol.
Keila le encantaba, de toda la vida, pero considero que siempre la recordaría solo como su crush de la infancia, esa compañerita de la escuela que te dará ternura siempre, pero ese día, cuando se dio cuenta de que ambos habían crecido demasiado, se dio cuenta de que ninguno era un niño y ella le gustaba... mucho.

La suerte ya estaba echada, lo habían humillado tanto, que decidió que un dolorcito más no haría la gran diferencia, así que fingió tropezar con ella y siempre recordará eso como su mejor decisión.

—Lo siento tanto, ¿estás bien?— ella le preguntó.

Y no, Max no estaba para nada bien y sabe, jura que sabe que las mujeres no son centros de rehabilitación para los hombres que están heridos, pero no quiere mentir, porque siente que si Keila no le devolvió la luz en su vida, fue quien lo animó a buscarla por el mismo.
Por mucho tiempo solo disfruto de que ella lo dejara estar a su lado, no había ni probado sus labios, pero sabía que la amaba y tenía miedo de decírselo, porque no quería que ella lo aleje, pero cuando se lo confesó, ella le dio un golpe de felicidad al abrazarlo.
Sonaba tan inocente.
Aún así, empezó a notar que ella nunca lo dejaba entrar del todo, cuando estaban juntos en la cama, así sea con ropa, ella parecía incómoda, cuando él se acercaba a abrazarla por atrás, ella solía sobresaltarse y algunas veces, cuando la ropa desaparecía, ella le pedía que se detenga, cosa que él cumplía a rajatabla.
El solo quería estar a su lado, no le importaba esperar o escucharla durante horas, pero inevitablemente, un día tuvo que preguntar y ahí podríamos decir, que descubrimos que Max, es un maldito protector con todas las malditas letras.
Cuando supo todo lo que Marco le había hecho a Keila, fue un milagro que ese asqueroso no haya tropezado de "casualidad" por las escaleras del liceo y se haya roto la nuca, Max quería hacerlo pagar, pero no quería ir preso.

Amber's head Donde viven las historias. Descúbrelo ahora