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La calma no era algo muy propio de ellos en ese momento. Pero aun así, con todo y el corazón en la boca, se propusieron tratar de entender un poco.

Claro, Jake, por su parte, seguía molesto por lo que había pasado y en ningún momento había sentido un poco de arrepentimiento por haberle mentido al resto de esa forma.

Pero debía pensar con claridad, debía pensar qué hacer para llegar al castillo de Miss Jane y terminar con ella sin la ayuda de los Imantes, porque, no pensaba ir a buscarlos. No quería siquiera tenerlos en frente, tan solo con el hecho de saber que ellos le arrebataron su sueño le daba dolor de cabeza y una horrible punzada en el estómago.

—¡Te estoy hablando!—le llamó Cole por tercera vez.

—¿Eh? —se limitó a decir, volviendo a la realidad.

El australiano suspiró con agotamiento, era el que mejor había tomado todo esto de lo del juego y estaba pensando alguna forma de llegar al castillo, según su poco conocimiento con el lugar. Sin embargo, cada vez que le hablaba a Jake por alguna duda, el chico lo ignoraba, parecía estar en alguna clase de hipnosis.

—¿Miss Jane aquí también tiene poderes psíquicos? —preguntó de nuevo, a diferencia que está vez contaba con la atención del rubio.

El solo asintió, no dijo nada más y vio hacía otro lado, estaba tratando de recordar algo, que, por más que intentara, le era imposible.

Ellos dos seguían en el inmenso campo que dividía un bosque con el otro, ahí no había nada de árboles, si no un abundante terreno libre.

Eliza y Sharon se encontraban recostadas en un gran árbol que yacia en el inmenso bosque, la australiana tenía los ojos cerrados, luchando con el dolor de cabeza que cargaba, mientras que la pelinegra estaba pensativa.

—Sin los Imantes de nuestro lado será imposible derrotar...

—¡Mierda! —exclamó Jack, interrumpiendo a el moreno.

Este lo observó inmediatamente, pero no vio nada raro en el rubio, más que se acercaba con gran rapidez hasta él. Jack llegó donde al lugar en que Cole lo veía con las cejas alzadas, y empezó a empujarlo a dónde las chicas estaban, Cole no entendió lo que le ocurría, pero aun así obedeció.

Al llegar al lugar, Jake le seguía sosteniendo del hombro y volteó hacia el campo.

—¡Tomense del árbol! —todos lo observaron confusos—. ¡Háganlo!, ¡Con fuerza!

No entendían qué ocurría pero prefirieron hacerle caso antes de formular alguna pregunta, Jake los guió hasta el lado del árbol que veía al gran bosque y se sostuvo también.

No había nada inusual, o por lo menos eso parecía hasta que...

El medio del campo, el lugar que dividía los bosques, se abrió como si hubiera un terremoto en solo ese camino. Una enorme raya de dibujó, la tierra se movía y el suelo se abría. De pronto el lugar empezó a moverse de manera inclinada, como si lo hubieran partido a la mitad.

Los chicos se sostuvieron del árbol con toda la fuerza para no caer. Ya pasados unos cuantos segundos, el terreno cesó y volvió a su lugar. Ellos se soltaron del árbol y respiraron profundo.

Eso había sido claramente inesperado por todos, menos por Jake.

Y es que Jake había olvidado eso, sabía que tenía algo importante que recordar, pero por alguna razón no lo hacía.

—Eso fue interesante —pronunció Cole luego de unos largos segundos en silencio.

—¿Qué acaba de ocurrir? —bramó Eliza, levantándose del suelo al cuál había caído por el susto, pero aún sin soltarse del árbol.

Cuidado con caer [Libro 1 y 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora