Primer atentado

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Primer atentado



Harry no podía creerlo. Buscó por todas partes, incluso bajo la cama de Severus pero sin éxito, el dragoncito no apareció por ningún lado. Después de casi una hora recorriendo la habitación una y otra vez, se sentó derrotado sobre la cama.


— Tranquilo. —le consoló Severus sentándose a su lado—. Reprobar una simple tarea escolar no es nada para ti, podrás reponerte con ensayos.

— La calificación es lo que menos me preocupa.

— Entonces asunto solucionado, olvídalo ya. Además, ahora tienes un buen pretexto para no haber dormido en tu habitación, puedes decirles a todos que pasaste la noche entera buscando a tu proyecto.


El Gryffindor asintió desinteresado. Comprendía que Severus no entendiera su tristeza, nunca se sintió encariñado con el pequeño dragón, pero él sí se había hecho muchas ilusiones en quedárselo.


Sentía un nudo en la garganta que se intensificó cuando Snape le abrazó y besó su sien. Decidió hacer un esfuerzo y no dejarse llevar por la decepción, se suponía que su relación con Snape se basaba en alegrarse la vida, no amargarla, él no tenía por qué tener a su lado a un niño desconsolado por la pérdida de su mascota.


Y cuando la mano de Snape buscó la suya entrelazando sus dedos pudo encontrar la fuerza para sonreírle. Cariñosamente apoyó su cabeza en el hombro de su pareja mientras en silencio disfrutaba de sentir sus manos unidas.


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Unas horas más tarde, Harry tuvo que soportar la mirada desilusionada de Charlie al haber sido el único en toda su clase que no logró aprobar el proyecto. Pero tal como le aseguró Severus, su profesor le dio la oportunidad de recuperarse mediante ensayos sobre dragones.


La noticia de que no podían quedarse con los dragones miniatura desató una exclamación de desilusión. Incluso Draco bajó la mirada a mirar al pequeñito que descansaba en su mano, en él había algo más que realmente le entristecía.


Charlie fue el único que se percató de ello pero no hizo ningún comentario, sabía que al rubio no le haría gracia verse delatado en sus sentimientos frente a sus compañeros. Estaba ansioso de poder hablar con él ahora que finalmente le veía, pero cuando la clase terminó, el rubio se mostró apresurado por salir del salón de clases.


— Espera, Malfoy, necesito hablar contigo. —le llamó desde su escritorio.


Draco se giró a mirarle, y sonrió con cinismo sin importarle que el resto de sus compañeros le observaran escandalizado por su comportamiento tan insolente contra un Profesor.


— El reprobado es Potter, que sea él quien se quede a detención.

— Nadie dijo que era una detención, solo quiero que hablemos.


Pero Draco continuó su camino a la salida por lo que Charlie se apresuró a interponerse entre él y la puerta. Algunos alumnos aún faltaban por salir por lo que rápidamente tomó una mano de Draco entre las suyas y susurró: "Puedes quedártelo, sé que lo cuidarás bien"


— Apártese de mí. —gruñó empujándole rabioso para después marcharse muy satisfecho de imaginar la expresión desconcertada del pelirrojo.


Pero el rostro de Charlie además de desconcierto demostraba ansiedad, tenía que conseguir hablar con Draco y no se pensaba dar por vencido. Aunque por lo menos, le tranquilizaba que el chico se había llevado al mini dragón.


Apenas sí puso atención a como Ron había intentado lanzarse contra el rubio al atestiguar cómo le respondió a uno de sus hermanos pero la rápida interposición de Harry y Hermione lograron impedírselo.


Al quedarse solos en el aula, los tres chicos se acercaron a Charlie.


— ¿Para qué querías hablar con él? —le cuestionó Ron aún muy enfadado con el Slytherin—. ¿Descubriste algo?

— No, pero ustedes no se preocupen, sigan con sus estudios que yo me encargo de Malfoy... Ahora vayan a descansar, ha sido una pesada semana.


Aunque ninguno estaba seguro de lo que Charlie planeaba decidieron obedecerlo y juntos se dirigieron al comedor. Sin embargo, Harry ni siquiera probó la cena esa noche, nada le apetecía y culpó a su tristeza por la calificación de aquel malestar en su estómago.


Hermione y Ron quisieron distraerlo así que después de la cena fueron a dar un paseo por el lago. Esa noche no estaba tan fría y lograron disfrutar de una buena velada. Harry era feliz escuchando los planes de sus amigos para el nacimiento de su bebé, y quedaron que en la próxima salida a Hogsmeade visitarían tiendas de productos de bebé, pues a pesar de que sus padres se ofrecieron a ayudarles a hacerse de un buen ajuar, ellos también querían darle regalos a su hijo.


Ellos no se daban cuenta que eran observados desde una de las ventanas de una de las torres del castillo. Draco Malfoy sentía que su rabia quemaba su alma al verlos tan felices, apretó sus puños en un momento en que Ron abrazó a Hermione por la cintura acariciando enamorado su abdomen.


— Bien, que lo disfruten. —siseó despectivo mientras, en contraste, acariciaba suavemente la cabecita del dragón que jugaba sobre el quicio de la ventana con una pequeña pelota—. No será por mucho tiempo, Cerebrito.

— ¿Cerebrito? —escuchó una voz a sus espaldas—. ¿Te refieres al Longhurn?


El rostro de Draco se contrajo malhumorado ¿Es que ese imbécil pelirrojo no iba a dejar de perseguirlo nunca?


— Si no me dejas en paz te delataré con Dumbledore. —le amenazó sin girarse a mirarlo—. Puedo conseguir, no solamente que te echen del colegio, sino que termines en Azkaban.

— ¿Y porqué?


Charlie se colocó a su lado apoyando sus brazos sobre la ventana, le preocupaba que Draco continuara espiando a su hermano y su esposa, temía mucho por ellos, pero también por el rubio, a cada segundo se convencía más que no era un caso perdido como todos pensaban.


— ¡Me besaste! ¿Eso te parece poco? Pues no lo es, y el abuso a un alumno es penalmente castigado.

— No tienes forma de comprobarlo, es tu palabra contra la mía.

— Puedo mostrarle mis pensamientos a Dumbledore. —dijo malicioso—. No le quedará la menor duda de que rebasaste los límites aprovechando tu posición como Profesor.

— ¿Estás dispuesto a dejar que Dumbledore entre en tu mente?... ¿quieres que vea todos tus pensamientos, Draco? ¿Todos?


El Slytherin no pudo evitar palidecer un poco, realmente no le convenía que Dumbledore viera sus pensamientos, él era bueno en oclumancia pero probablemente el Director lograría vencer sus barreras y no pensaba correr ningún riesgo.


Quiso marcharse y olvidarse de haber tenido esa frustrante conversación con el pelirrojo pero Charlie nuevamente se lo impidió acorralándolo contra la pared.


Ante la posibilidad de nuevamente ser besado, Draco tembló de miedo. Su respiración se detuvo casi por completo mientras Charlie le sujetaba poderosamente por la mandíbula.


Estaba dispuesto a todo, a morder, arañar, patear... incluso, si tenía una oportunidad sacaría su varita y le mataría, pero no pensaba permitir que otros labios borraran la huella de Theo en él.


— No quiero lastimarte, Draco, pero si no me dejas otra opción te aseguro que haré todo lo que esté en mis manos para impedir que te destruyas, así sea en contra de tu propia voluntad.

— No me engañas, sé bien que tu presencia aquí es porque todos sospechan de mí sobre lo ocurrido en esa estúpida boda... Pues bien, pierdes tu tiempo, no soy un idiota que creerá tus ridículas palabras. Yo no te importo y tú no me importas tampoco.

— Jamás he pensado que te intereso, Malfoy, pero te equivocas al decir que tú a mí no. Es cierto, lo admito, llegué aquí para vigilar que no los lastimes. —le dijo mirando por la ventana a donde los tres chicos continuaban disfrutando de la noche—. Pero mi propósito ha cambiado, sé que hay algo bueno dentro de ti y pienso encontrarlo.

— ¿Bueno en mí? —bufó irónico—. No, lo único bueno en mí murió... Ellos lo mataron.


Charlie guardó silencio, nuevamente veía ese brillo de dolor en los ojos de Draco pero el chico se esforzaba por mantenerlo oculto. Y eso aumentaba su curiosidad.
Su miraba bajó hasta posarse sobre los labios fruncidos del rubio... En ese momento comprendió que Draco no solamente le interesaba por ser un caso difícil de domar, no era solo un desafío. Era un chico excitante.


Draco notó que Charlie se inclinaba más hacia él, quiso huir pero era difícil lograrlo, el pelirrojo era más alto y fuerte, aun así no se dio por vencido y forcejeó todo lo que pudo. La desesperación era tan intensa al no poder sacar su varita que intentó escapar por la ventana que tenía a un lado, su mente estaba tan nublada por el miedo que no se dio cuenta del peligro hasta que Charlie le jaló con tanta fuerza hacia el interior que ambos terminaron cayendo al suelo.


— ¡¿Qué te pasa?! —bramó el pelirrojo, aún sentía el corazón en la garganta por la angustia de ver que Draco estuvo a punto de tirarse al vacío.


Draco no respondió, y aprovechó la oportunidad para empujar a Charlie y tomar a Cerebrito antes de salir corriendo escaleras abajo.


Charlie se acomodó con su espalda contra la pared mientras miraba el espacio vacío por donde Draco desapareciera. Realmente deseaba saber lo que pasaba en el alma de ese chico, no podía ser tan mala persona, a pesar de intentar por todos los medios de demostrar lo contrario.


Pero Charlie confiaba en sus instintos, siempre sabía cuando un dragón valía la pena y ahora no era la excepción. Draco había sido el único que pusiera un nombre a su dragoncito, le había conseguido juguetes y le trataba con respeto... Eso demostraba que no había perdido la capacidad de amar.


Llegaste a mi vidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora