Sacrificio de amor

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Sacrificio de amor





Las luces del salón fueron atenuadas con la intención de darle menos oportunidad a Draco de descubrir a Harry tras del sillón. A través del reflejo en un cristal de la ventana, el joven Gryffindor vio como el rubio entraba y en sus brazos llevaba un niño dormido bajo la manta.


Sintió a Charlie abandonando el sillón.


Tuvo que obligarse a permanecer en su lugar y no salir, no era tiempo todavía, tenía que esperar a que Charlie tuviera en sus manos a Richie para poder aparecerse.


Draco sonrió al ver a Charlie. Lentamente caminó hacia él mientras el pelirrojo le esperaba en silencio.


— ¿Estás molesto conmigo? —preguntó titubeante. Harry tuvo que mirar nuevamente el reflejo para asegurarse que era Malfoy, su tono de voz nunca lo había escuchado de ese modo, sonaba suave, casi tierno, parecía alguien que intentaba no mostrarse demasiado feliz por ver a otra persona pero que se le dificultaba conseguirlo—. Perdona lo de la nota, sólo quería asegurarme que no me siguieras.

— ¿Qué has hecho?

— Charlie, tienes que apoyarme, no cuento con nadie, sólo contigo.

— ¿Porqué, Draco?

— Porque quiero empezar desde cero, y he encontrado un motivo para hacerlo. —explicó ilusionado mientras mostraba el rostro del bebé dormido—. Él será nuestro, ¿no te gustaría que formásemos una familia los tres juntos?

— Es Richie... es el hijo de mi hermano.

— Él me lo debe. —refutó molesto, pero enseguida cambió nuevamente de actitud volviendo a sonreír—. Charlie, es la oportunidad que merecemos. Ya no quiero vivir en el pasado, necesito volver a sentirme parte de algo y sólo tú me has demostrado que te interesas en mí, por eso volví contigo, porque quiero que seas parte de mi nueva vida. Por favor, te prometo que me portaré bien de ahora en adelante, acepta mi propuesta ¿Sí?

— Dame al bebé. —pidió alargando sus brazos.

— ¿Eso quiere decir que estás de acuerdo?


Charlie asintió provocando una enorme sonrisa en el rubio, pero justo cuando estaba a punto de darle el bebé, la llama de las antorchas se movió con el viento que atravesó la puerta que Draco había dejado abierta. De inmediato el chico dio un paso atrás sin permitir que Charlie tomara a Richie.


— ¿Quién está ahí? —preguntó furioso, podía mirar una sombra tras el sillón—. ¡Me engañaste, Charlie!


Harry supo que no tenía más opción que salir y enfrentar a Draco a pesar de que aún no tenían a Richie a salvo. Al verlo, el rubio frunció el ceño y continuó retrocediendo hacia la puerta.


— Draco, por favor, regresa al bebé. —suplicó el pelirrojo queriendo acercarse, pero el joven de ojos grises le miró rabioso, de su chaqueta sacó la varita apuntándoles.

— ¡Confié en ti y me traicionas!

— ¡Richie no es tuyo, no te pertenece! —gritó Harry justo cuando los demás hacían gala de presencia apuntando al rubio.

— ¡Es mío, y no permitiré que me vuelvan a arrebatar a mi bebé!


Draco giró sobre sus talones y salió corriendo por la vereda hacia el campo de entrenamiento, desde ahí podría desaparecerse de nuevo. Estaba asustado, ya había gastado mucha energía transportándose así desde Inglaterra pero no tenía otra opción.


Harry salió corriendo tras de él, pero cuando estaba a punto de lanzarle un hechizo, Ronald llegó a tiempo para moverle el brazo y no diera en el blanco.


— ¡Tiene a mi bebé, Harry! —le gritó asustado—. No quiero que nada le pase.

— ¡Pero si sale de las barreras podrá desaparecerse!

— Entonces démonos prisa. —sugirió Severus llegando hasta ellos con las escobas.


Cada uno montó en ellas y descendió a toda velocidad. Lograron rebasar a Draco con gran facilidad, y en cuanto estuvieron fuera de las barreras, Harry se encargó de levantar otras más alrededor del campo. Miró satisfecho el trabajo conseguido en tan poco tiempo, Malfoy jamás podría romperlas.


Pero al girarse notó que todos le miraban sorprendidos y comprendió que siempre les impactaría verlo hablar en Pársel. Severus se adelantó hacia él mientras los demás se ponían en posición frente al sitio donde terminaba la vereda, Draco no tardaría en salir por ahí.


— ¿Cómo hiciste eso? —preguntó Severus notando el poderoso campo de protección que les rodeaba—. No sabía que habías aprendido hechizos tan potentes, es... casi como el de Hogwarts.

— Nunca lo había hecho. —dijo confundido—. Pero parece que he estado hablando mucho con Salazar y bueno, él sabe de estas cosas ¿no?... además, creo que me ayuda la tensión.

— Vaya que lo hace. Hasta Dumbledore continuaba sorprendido al saber que habías logrado traspasar las barreras del castillo... y ahora esto.

— Por favor no lo comentes con nadie, sabes que no me gusta que me miren como bicho raro.


Severus sonrió asintiendo, comprendía bien las razones por las que a Harry no le gustaba presumir el alcance de su magia. Fue entonces que escucharon pasos apresurados sobre las hojas secas de la vereda y se pusieron en guardia.


Draco emergió, y al verlos quiso usar sus últimas fuerzas para desaparecer lo cual le fue completamente imposible. Su respiración se tornó irregular y agitada mientras estrechaba a Richie contra su pecho, estaba dispuesto a todo antes de permitir que le fuera arrebatado. Con algo de dificultad por el peso del bebé, les apuntó a todos con su varita.


— ¿Quieren matarme? Adelante, yo no tengo nada qué perder, pero me iré de este mundo con MI bebé.

— Draco... —le llamó Severus dando un paso hacia él, bajó su varita, no tenía ninguna intención de hacerle daño a ninguno de los dos, pero el rubio se mantuvo en guardia—... no tienes escapatoria, tú única opción es regresar a Richie a sus padres, solo así podrás salir de aquí.

— No me importa si no salgo, no tengo nada que me importe. Son ustedes quienes tienen una sola opción, quiten la barrera si es que realmente les importa Richie.

— Draco. —le llamó ahora Charlie caminando un paso hacia él, el rubio se giró en respuesta, su mirada era diferente cuando se fijaba en el draconologista, era como si le afectara realmente ponerlo en esa situación—. Yo te conozco, no eres una mala persona, no puedes lastimar a un bebé separándolo de su familia.

— Quisiera que vinieras conmigo. —respondió de inmediato—. Quisiera que no salieras de mi vida ahora, pero es demasiado tarde para nosotros.

— Malfoy, te lo suplico —intervino Ronald angustiado por la suerte de su hijo—. Regrésame a mi niño, no me lo quites.


La voz de Ronald despertó a Richie, y al girar su rostro y ver a su padre, se agitó en brazos de Draco alargando los suyos hacia el pelirrojo. Malfoy le sostuvo con más fuerza, casi estuvo a punto de perder su varita pero logró recuperarla a tiempo. Sin embargo, Richie continuaba queriendo volver con su padre lo que rompía el corazón de Ron.


— Ahora sabes lo que se siente perder a tu bebé, comadreja. —escupió Draco obligándose a dejar de mirar a Charlie y evitar cualquier remordimiento—. Por tu culpa he tenido ese mismo dolor desde hace casi dos años, ¿puedes imaginarlo? ¿puedes imaginar que eso que te destroza ahora sea para siempre? Porque yo sí, yo lo vivo día con día.

— Creo que ya hemos hablado demasiado. —interrumpió Harry, furioso de la saña con que Draco lastimaba a su mejor amigo.


La primera reacción de Draco fue defenderse y lanzó un hechizo contra Harry, pero esto logró repelerlo sin ninguna dificultad. Lo que no se dieron cuenta fue que el rayo pegó en una de las cadenas que mantenían a un gran Colacuerno atado a su corral.


— ¡No, Harry! —gritó Ron alarmado por el peligro que corrió su bebé—. Por favor, no lo provoques más.

— Pero, Ron...

— Si quiere que me humille, que suplique, lo haré, pero no quiero que Richie salga lastimado.

— No me interesa nada de ti, Weasley. —espetó el rubio—. Pero si deseas realmente que Richie no salga herido, convence a tu amigo de que rompa las barreras. Tú lo has visto, a él no le importa el bebé, lo único que quiere es vengarse de mí.

— ¡Deja de envenenarle, Malfoy! —gritó Harry cada vez más furioso, le dolía ver a Richie mirando a Ronald con anhelo, queriendo ir a los brazos de su verdadero padre y no poder hacerlo.

— Harry, haz lo que Malfoy dice. —apuntó Ronald decaído.

— Pero, Ron, no volveremos a ver a Richie.

— Eso no es lo más importante ahora. —respondió el pelirrojo dejando caer gruesas lágrimas por sus mejillas—. Solo quiero que esté a salvo... y Malfoy no le lastimará ¿verdad?


Draco movió su cabeza confirmando la petición de Ronald. Harry jadeó asustado, sabía que no podía ir contra los deseos de su mejor amigo, él era quien más derecho tenía a decir lo que se tenía que hacer, pero no estaba de acuerdo con su elección en ese momento. Severus le colocó una mano en el hombro manifestando su apoyo. Eso le dio la suficiente fuerza para alejarse, y mientras le daba la espalda a los demás, secó el llanto que ya no pudo contener antes de ponerse a quitar cada una de las barreras.


— Cuídalo mucho. —pidió Ron sollozando, poco le importaba suplicar a su gran enemigo, su orgullo tan grande siempre ahora era inexistente.

— No tienes qué decirme qué hacer, lo he cuidado bien.

— Lo sé, pero... ¿Puedo darle un beso de despedida?

— ¿Crees que soy idiota? No te acerques si no quieres arrepentirte el resto de tu vida.


Ron obedeció, sus ojos azules se fijaron en los idénticos de su hijo. Era agónico creer que aquella sería la última vez que lo vería. El niño cesó en su lucha de querer bajarse de los brazos de Draco y se mantuvo sosteniendo la mirada acuosa de su padre.


— Es alérgico a las fresas. —gimió Ron con el corazón destrozado—. No se las des o le saldrán brotes. Y le falta una dosis de la vacuna para la viruela de dragón. Richie es un niño muy sonriente, nunca llora ni es quejumbroso, pero a veces no quiere dormir, solo cántale "los unicornios bailan" y se quedará quieto hasta dormirse. Cuando lo bañes, procura que el agua esté tibia, odia que se enfríe, y tampoco le gusta que le laven el cabello, distráelo soplando sus pies, eso lo mata de risa.


Harry terminó de romper las barreras y regresó al lado de su mejor amigo alcanzando a escuchar sus palabras. Ambos notaron asombrados que el labio inferior de Richie temblaba y sus mejillas estaban humedecidas por un llanto silencioso.


Draco también se percató de ello, y con una suavidad nunca vista antes por sus ex compañeros de estudio, le limpió con sus propias manos. Dio un paso atrás con la intención de irse alejando y desaparecer para siempre.


Ron se giró abrazándose a Harry, no podía ver cuando se llevaran a su bebé. Muy cerca, Neville, Charlie y Severus miraban la escena en silencio, sin atreverse a intervenir.


Sintiendo que estaba a punto de ser separado de esos brazos que le hacían sentir tan cuidado y protegido, Richie, por primera vez en su vida, lloró a todo pulmón.


Ron y Harry voltearon a mirarle conmovidos por la angustia que mostraba en pequeñito en su llanto. Draco le arrullaba preocupado, no podía concentrarse en la desaparición si se sentía estresado además de la fatiga que ya llevaba encima. Pero Richie no dejaba de llorar.


Ante el asombro de todos, Ron empezó a cantarle desde su lugar. "mira el unicornio, míralo bailar en el agua, bin da li da, otro unicornio baila y canta, mueve su cabeza, ondeando su crin plateada, bin da li da"


Casi al instante, Richie cesó su llanto escuchándose solo ocasionales sollozos entremezclados con risas mientras escuchaba a su padre cantar.


Draco ya no se movió, por algunos minutos solo se escuchaba el canto de Ron y las risas suaves del bebé. El rubio continuaba abrazándole y secándole los últimos vestigios de llanto hasta que por fin sus mejillas quedaron secas. Fue entonces que volvió a caminar, pero ante el asombro de todos, no fue para continuar su retirada sino que ahora se dirigió hacia donde Ronald cantaba fingiendo no ser la viva imagen de la desolación.


Ron se separó de Harry y dio un par de pasos hacia adelante, su corazón latía con fuerza, y muy pronto, él y Draco quedaron frente a frente. Por unos segundos se quedaron en silencio mirándose a los ojos, y fue Richie quien rompió el momento alargando sus bracitos hacia el pelirrojo y riendo feliz.


Draco ya no lo retuvo, y con suavidad volvió a regresarlo a brazos de su padre ante el desconcierto y alegría de todos los presentes.


— Es cierto, es tuyo. —suspiró Draco entristecido mientras miraba como Ronald besuqueaba a su hijo en todo el rostro y el niño reía con más ímpetu.


Ronald no tenía modo de responder nada, en ese momento lo único que podía hacer era agradecer al cielo por tener nuevamente a su hijo consigo, lo demás ya no le importaba. Draco dio un paso atrás volviendo a apuntar a todos con su varita si le intentaban detener. Miró por última vez a Charlie que le observaba angustiado, en sus ojos vio el deseo de hacerlo cambiar de opinión y se quedara.


Pero ahora en verdad ya era demasiado tarde para ellos. Draco estuvo a punto de desaparecer cuando vio que algo extraño sucedía. Tras de todos ellos estaba el Colacuerno respirando agitado, supo que estaba a punto de lanzar una gran bocanada de fuego.


Sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre Ronald invocando una especie de escudo protector a su alrededor. Las poderosas llamas cayeron sobre ellos, y aunque su magia era fuerte, Draco no tenía en esos momentos la potencia que hubiera querido, sintió el calor abrasador sobre su espalda que le hizo gemir de dolor. Sin embargo, no se separó, y continuó protegiendo a Ronald y bajo de él, a Richie.


Harry pudo evitar quedar bajo el fuego gracias a su habilidad, y rápidamente él y Charlie corrieron por unas escobas y se dispusieron a intentar controlar al dragón junto con un par de los compañeros del pelirrojo que estaban de guardia.


Lo primero que consiguieron fue atar el hocico del animal impidiéndole que continuara lanzando fogonazos. Entonces Severus corrió a donde su ahijado había quedado bajo el ataque directo del dragón, enseguida notó la fragilidad del hechizo, pudo desaparecerlo casi sin dificultad. Su corazón dio un vuelvo al ver la carne de Draco totalmente quemada en su espalda.


— Tranquilo, todo va a estar bien. —le susurró apartándole con cuidado para liberar a Ronald quien estaba mortalmente pálido—. ¿Se encuentra herido, Weasley?


Ronald se tomó el tiempo suficiente para revisar a Richie pero afortunadamente el bebé no tenía ninguna lesión, y entonces negó. Vio a Draco recostado boca abajo en la hierba, su respiración era débil y errática.


— Él... nos salvó. —jadeó impresionado.

— Sé lo que vi. Y ahora el que necesita ayuda es él.


Severus se había mantenido arrodillado junto a su ahijado, sabía que tenía que llevarlo de urgencia a un lugar más seguro, pasó su brazo por debajo de las rodillas del rubio con la intención de sostenerlo y desaparecerse con él. Volteó por un segundo a mirar a Harry, él y Charlie habían logrado volver a encadenar las patas y el cuello del dragón, parecía que ya estaban a punto de someterlo así que regresó a concentrarse en Draco.


Un estruendo le sobresaltó, escuchó el grito de alarma de Neville pero ya no pudo hacer nada. Cuando giró su cuerpo, vio como su alumno se interponía entre él y la cola embravecida del dragón que luchaba por zafarse.


Un filoso pincho que iba directo a la espalda de Severus, entró en el abdomen de Neville Longbottom. El joven fue levantado del suelo por unos tres metros y después, una sacudida de esa peligrosa cola le arrojó por los aires cayendo de bruces contra una roca.


Harry alcanzó a ver todo, dejó el dragón a cargo de Charlie y sus compañeros y se apresuró a socorrer a su amigo. Ronald también fue hacia él pero con el niño en brazos era muy difícil hacer algo, y se sentía incapaz de soltarlo, mucho menos cuando el peligro continuaba.


— ¿Neville, me oyes? —le llamó Harry acomodándole sobre su regazo, vio que la sangre emanaba abundantemente en el abdomen de su compañero.


Longbottom le miró pero al intentar hablar solo salió un gorgoteo de su garganta. Harry comprendió que su amigo moría.


— ¡Severus, ven! —llamó a su esposo con angustia en su temblorosa voz.


Severus le escuchó pero se debatió por un par de segundos entre ir con él o seguir con sus planes de ayudar a Draco. Finalmente se decidió y cerrando los ojos fue a reunirse con su esposo.


— Por favor, Severus... —le suplicó Harry—... sostenlo tú y hazle saber que estás bien.


El Profesor dudó, volvió a mirar a Draco. Le tranquilizó ver que Charlie había logrado controlar al dragón y ya se encontraba auxiliando a su ahijado, así que obedeció a Harry y tomó a Neville en su regazo. De inmediato comprendió la desesperanza de su esposo. Longbottom tenía el hígado destrozado, el cuerno le había atravesado casi por completo, no había remedio para él.


— Relájese, Longbottom. —le dijo, no sabía qué más decir—. Sé que le duele, pero...

— Severus. —le interrumpió Harry—. Él te ama... dio su vida por ti ¿es lo único que vas a decirle?


Severus se removió incómodo, le parecía lo más extravagante que había tenido que vivir. Harry se dio cuenta que su presencia no ayudaba tampoco, así que le sonrió comprensivo y se alejó hacia donde estaba Charlie ayudando a Draco. Ron fue tras de él con su bebé en brazos, debatiéndose en la idea de si era inteligente permitir que Neville muriera a solas con Snape.


Al quedarse solos, Severus seguía sin saber qué decir. Neville apenas podía respirar, la sangre no dejaba de brotar a chorros por su abdomen, y seguramente sus pulmones también estaban afectados, ni siquiera sabía cómo es que el chico seguía con vida.


Asombrado, le vio abrir sus ojos y mirarle, incluso con la fuerza suficiente para sonreír, sin embargo, cuando quiso levantar su mano para tocar al profesor, le fue imposible, su brazo cayó débil sobre su costado. Severus decidió que era momento de actuar y tomó la mano de Neville con la que tenía libre envolviéndola suavemente.


— Gracias. —susurró con calidez—. Pero...

— Lo a-mo. —dijo jadeante.

— Neville... no se esfuerce en hablar.


Los ojos de Neville brillaron emocionados al escuchar su nombre en labios de quien amaba sin esperanza. Volvió a cerrarlos cuando sintió un agudo dolor, su piel estaba tan pálida que parecía ya no tener una sola gota de sangre en su cuerpo. Aun así, logró respirar hondo y pudo volver a abrirlos. Vio a Severus con angustia en su mirada mientras observaba cómo su alumno se desangraba sin poder hacer nada para evitarlo.


— ¿Qué ha hecho, niño tonto? —suspiró Snape entristecido ante la profunda herida que consumía un alma tan joven.

— ¿Qué hice? —murmuró el Gryffindor, su voz era débil pero ante todo, podía decirse que estaba tranquilo y feliz—. Morir por amor.


Neville sonrió dulcemente y cerró sus ojos dispuesto a no volver a abrirlos. Severus volteó a mirar a Harry quien continuaba concentrado en hechizos de ayuda para Draco. Nadie les veía, entonces soltó la mano de Neville y acarició su mejilla aún cálida. Se inclinó besando su frente en el mismo momento en que su joven alumno suspiraba y moría en sus brazos.




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