Capitulo 2

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Enzo estaba... estaba ¡fumando!

Yo creo que lo que más odio en una persona es que fume, y sobre todo desde la muerte de mi abuelo. Y que lo haga Enzo, y que yo lo esté viendo.

No se dio cuenta de mi presencia hasta que no pude contener más el grito que quería soltar desde que lo había visto.

-¡¿Enzo qué coño haces?!

Se giró hasta quedar justo enfrente a mí mirándome con ojos sorprendidos, pero sobre todo vi arrepentimiento supe perfectamente por qué era. Él es una de las personas que sabe que odio el tabaco y todo lo que tenga que ver con eso y que esté viendo eso.

-¡¿QUÉ HACES TE HE PREGUNTADO?! -pregunté.

-Nia... lo siento. -me dijo con voz susurrante y dolida.

-Enzo... ¿por qué haces esto?

-No te tengo que dar explicaciones. -contestó seco.

-Vale. Vale.

Las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas, así que mire hacia delante y me puse a caminar a paso rápido la acera que solía tardar en bajar dos minuto y que hoy baje en menos de un minuto, pero ni ese récord por mi parte impidió que Enzo al llegar al final de la calle cogiese mi muñeca y tirase de mí hacia él.

No me dijo nada, pero no hizo falta porque mis lágrimas salían como cataratas por mis mejillas y él lo único que hizo fue acariciarme el pelo hasta que conseguí calmarme. Me separé de él y lo miré, ya no tenía el cigarrillo en la boca.

-¿Por qué lo haces? No es bueno.

-Ya lo sé. Pero tengo mis razones.

-Razones dice. ¡Nadie tiene razones para matarse! Fumar mata ¿sabías?

Volví a apartarme de él, pero no tardó en volver a pillarme.

-Cálmate princesa -me dijo en un tono tranquilizador, si no estuviéramos en vueltos en esta situación.

-No me llames así, y tengo derecho a enfadarme. -grite.

-Que te calmes, por favor. -me dijo con ojos suplicantes.

Y como yo soy así me rendí a esos ojos miel.

-Vale. Me calmo. -inspire. - Ahora puedes explicarme tus razones para tomar esa mierda.

-No puedo. -contestó.

-¿Cómo que no puedes? ¿No puedes contarme tus razones o no puedes qué?

-No puedo contarte mis razones. -dio un paso hacia delante y puso su mano sobre mi mejilla. -Pero cuando pueda te lo contaré.

-¿Me lo prometes? -seguramente si yo fuese Kamilah, mi mejor amiga, seguiría echando leña al fuego, pero esa era yo, Nia, pacífica y comprensiva.

-Te lo prometo, princesa. -respondió y después me dio un beso en la coronilla.

Lo abracé porque no quería que se separase, no quería que lo hiciera nunca.

-Te eché de menos rubio.

-Y yo a ti princesa.

Nos quedamos un rato más así.

Abrazados, tranquilos y juntos.

Pero no duro mucho más.

-¿A dónde ibas? -me preguntó mientras se separaba.

-A la playa.

-Te acompaño. -podría negarme, sí, pero estar con Enzo a solas era algo único en el mundo para mí. Había pocas ocasiones en que ocurría eso, así que no me negué y comencé a andar hacia el paseo marítimo.

No basta con decir, Te quiero.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora