Enzo estaba... estaba ¡fumando!
Yo creo que lo que más odio en una persona es que fume, y sobre todo desde la muerte de mi abuelo. Y que lo haga Enzo, y que yo lo esté viendo.
No se dio cuenta de mi presencia hasta que no pude contener más el grito que quería soltar desde que lo había visto.
-¡¿Enzo qué coño haces?!
Se giró hasta quedar justo enfrente a mí mirándome con ojos sorprendidos, pero sobre todo vi arrepentimiento supe perfectamente por qué era. Él es una de las personas que sabe que odio el tabaco y todo lo que tenga que ver con eso y que esté viendo eso.
-¡¿QUÉ HACES TE HE PREGUNTADO?! -pregunté.
-Nia... lo siento. -me dijo con voz susurrante y dolida.
-Enzo... ¿por qué haces esto?
-No te tengo que dar explicaciones. -contestó seco.
-Vale. Vale.
Las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas, así que mire hacia delante y me puse a caminar a paso rápido la acera que solía tardar en bajar dos minuto y que hoy baje en menos de un minuto, pero ni ese récord por mi parte impidió que Enzo al llegar al final de la calle cogiese mi muñeca y tirase de mí hacia él.
No me dijo nada, pero no hizo falta porque mis lágrimas salían como cataratas por mis mejillas y él lo único que hizo fue acariciarme el pelo hasta que conseguí calmarme. Me separé de él y lo miré, ya no tenía el cigarrillo en la boca.
-¿Por qué lo haces? No es bueno.
-Ya lo sé. Pero tengo mis razones.
-Razones dice. ¡Nadie tiene razones para matarse! Fumar mata ¿sabías?
Volví a apartarme de él, pero no tardó en volver a pillarme.
-Cálmate princesa -me dijo en un tono tranquilizador, si no estuviéramos en vueltos en esta situación.
-No me llames así, y tengo derecho a enfadarme. -grite.
-Que te calmes, por favor. -me dijo con ojos suplicantes.
Y como yo soy así me rendí a esos ojos miel.
-Vale. Me calmo. -inspire. - Ahora puedes explicarme tus razones para tomar esa mierda.
-No puedo. -contestó.
-¿Cómo que no puedes? ¿No puedes contarme tus razones o no puedes qué?
-No puedo contarte mis razones. -dio un paso hacia delante y puso su mano sobre mi mejilla. -Pero cuando pueda te lo contaré.
-¿Me lo prometes? -seguramente si yo fuese Kamilah, mi mejor amiga, seguiría echando leña al fuego, pero esa era yo, Nia, pacífica y comprensiva.
-Te lo prometo, princesa. -respondió y después me dio un beso en la coronilla.
Lo abracé porque no quería que se separase, no quería que lo hiciera nunca.
-Te eché de menos rubio.
-Y yo a ti princesa.
Nos quedamos un rato más así.
Abrazados, tranquilos y juntos.
Pero no duro mucho más.
-¿A dónde ibas? -me preguntó mientras se separaba.
-A la playa.
-Te acompaño. -podría negarme, sí, pero estar con Enzo a solas era algo único en el mundo para mí. Había pocas ocasiones en que ocurría eso, así que no me negué y comencé a andar hacia el paseo marítimo.
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No basta con decir, Te quiero.
RomanceNia lleva enamorada años del mejor amigo de su hermano, Enzo. Tras volver de un viaje de tres meses Enzo ha cambiado, tanto que hasta se ha enfrentado a su mejor amigo para poder estar con ella. Pero cuando un compañero nuevo, con mirada que transpo...
