Dormía tranquila cuando un zarandeo y alguien sacando las sábanas de encima de mí consiguió que me despertase. Al abrir los ojos distinguí que ese alguien, era Killian, con su gran sonrisa en el rostro y sentado a mi vera en la cama.
-¿Qué hora es? -pregunté somnolienta.
-Temprano, pero ya me lo agradecerás. Te quiero enseñar algo. -dijo .
-¿No puede esperar? Necesito dormir. -contesté.
-No, merece la pena de verás.
Solté un bufido y comencé a levantarme de la cama, un escalofrío me recorrió el cuerpo al salir del calor de la cama pero Killian ya tenía preparado un chaquetón que me ayudo a ponerme y unos tenis.
Bajamos las escaleras en silencio y con cuidado y al llegar al salón él agarró una manta y una toalla que estaban tirados de cualquier forma en el sofá.
Cuando separó las cortinas ya pude ver el cielo con unos pocos colores, pero a medida que bajábamos las escaleras y cruzábamos el jardín donde aún estaba la carpa y cientos de vasos de plásticos se encontraban tirados por el suelo, los colores en el cielo aumentaban, y al llegar a un as pequeñas escaleras de madera Killian me pidió que me quitase los zapatos, obedecí y me los quite, al posar mi pie sobre la arena un escalofrío me recorrió el cuerpo pero me adapte rápido a la sensación de la arena fría.
Me era imposible dejar de mirar hacia arriba, de girar sobre mi misma para contemplar la mezcla del azul con el naranja y a la vez con el rosa y las nubes decorando todo con cientos de formas.
Debí pasarme diez minutos mirando hacia arriba cuando recordé que no estaba sola, miré a mi derecha y Killian se encontraba sentado sobre la toalla y con la vista fija en mí.
No puede evitar sonreír al observar sus ojos azules por naturaleza obteniendo un tono anaranjado. Debía admitir que Killian era exageradamente guapo con el pelo castaño ondeándose a causa del viento, su piel tostada, y esa sonrisa pícara.
Me senté a su lado en la toalla, rodeo mis hombros y nos tiramos hacia atrás, haciendo que mi cara quedase justo encima de su brazo, nos quedamos otro rato más en silencio contemplado el cielo, aunque al final solo lo contemple yo porque aunque me hacía la loca, notaba su mirada en mi rostro a cada segundo.
Cuando los colores poco a poco desaparecieron dejando un cielo azul pero bastante cubierto por las nubes, mi mente hizo lo mismo con una pregunta que me asaltó de repente.
-Killian... -susurré.
-Dime. -contestó.
-¿Porqué...porqué haces todo esto por mí? Apenas hace un mes que nos conocemos, empezamos con mal pie y de un día para otro prácticamente, has llegado a montar una fiesta increíble por mi cumpleaños.
Se quedó en silencio unos segundos que se me antojaron eternos.
-Primero de todo, no empezamos con mal pie, solo que que te picas muy rápido y yo sé como hacerlo, pero lo deje cuando descubrí que me encantaba tu sonrisa mucho más que tu entrecejo fruncido. Segundo, eres distinta, no intentaste llamar mi atención desde que llegue, al revés quise yo llamar tu atención.
-¿Por qué querías llamar mi atención?
De nuevo se quedó en silencio unos segundos.
-Amor a primera vista, así lo calificó Kamilah.
-Killian...ahora mismo no...no...
-Tranquila, no tengo prisa ninguna. Tu me has preguntado y yo te he respondido. No te sientas presionada por esto. ¿De acuerdo, tesoro?
-Vale. -susurré.
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No basta con decir, Te quiero.
RomanceNia lleva enamorada años del mejor amigo de su hermano, Enzo. Tras volver de un viaje de tres meses Enzo ha cambiado, tanto que hasta se ha enfrentado a su mejor amigo para poder estar con ella. Pero cuando un compañero nuevo, con mirada que transpo...
