Supe que lo que había hecho no había sido una buena idea cuando mi madre toco a mi puerta a las seis de la tarde y me dijo que Enzo había venido a verme.
-Déjale que pase. -respondí.
Asintió y lo llamó antes de irse de nuevo a la cocina.
-Hola, rubio -le saludé tanteando el terreno.
-Voy a ser directo amor, ¿me has estado evitando?
"Puede" pensé.
-¿Por qué piensas eso? -pregunte.
-Porque por la mañana bajaste antes de lo normal, no fuiste a la cafetería de siempre en los descansos y subiste por el otro camino. Por eso lo pienso. -explicó.
Como le explicó a alguien que quiero que necesito pensar, necesito aclarar mis ideas, necesito saber a quién hacer caso, si al corazón o a la razón.
-Puedes decirme lo que te pasa, por favor. -me suplicó Enzo a la vez que me cogía de las manos.
-No puedo... -mascullé.
-Como tenga que ver con Marc, te juro que...
-No, no, no tiene que ver con él. -mentí.
-Entonces ¿qué es?
-Ya te dije que no te lo puedo decir, si no dime que te ocurre a ti, ¿qué es lo que te preocupa?
-Aún no puedo decírtelo, en tres semanas puede que se aclaren mis dudas, pero por ahora está todo en el aire, solo hay incertidumbre.
-Bueno, entonces cuando tú me diga lo que te ocurre, yo te diré lo que a mí me preocupa.
-Vale, pero no me evites, te necesito cerca. Por favor.
-No me voy a ir, no te volveré a evitar. Te lo prometo.
-Te quiero -susurró.
Con ese te quiero, se me descolocaron más las ideas, y no ayudo a que el corazón y la razón se pusieran de acuerdo.
ESTÁS LEYENDO
No basta con decir, Te quiero.
Lãng mạnNia lleva enamorada años del mejor amigo de su hermano, Enzo. Tras volver de un viaje de tres meses Enzo ha cambiado, tanto que hasta se ha enfrentado a su mejor amigo para poder estar con ella. Pero cuando un compañero nuevo, con mirada que transpo...
