Capítulo 43: Desecho

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Ella caía de las esculturas a una muerte segura, se había lanzado aceptando su muerte

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Ella caía de las esculturas a una muerte segura, se había lanzado aceptando su muerte. Sus ojos cerrados y el viento moviendo su cabello del color de las flores de los cerezos, las lágrimas volaban a la par 

Sentía calma, su cuerpo caía en cámara lenta, las calles de Konoha vacías, desérticas, solo iluminaban los faroles. El viento fresco, las estrellas tistilando, la luna observando aquél acto tan cruel.

Ahora seré libre...

La joven tenía puesto una remera rosa pastel y un short beige. Simplemente se levantó de la cama buscando ser libre de aquello pensamientos enfermos. Y de un modo a otro de cama a lanzarse de los rostros Hokages, no trataba de resistirse, ni patalear, simplemente dejo de luchar, una lucha que estaba perdida.

_¡SAKURA!

Un grito desesperado llegó a sus oídos,  sintió como alguien la cargó evitando caer al suelo y ser un tomate estrellado.

Los ojos jades finalmente se abrieron encontrándose con un rostro conocido, de quién menos esperó.

_¿Kiba? Susurró.

Al ver la expresión del Inuzuka los ojos de la joven se cristalizaron. Llegaron al suelo y este la bajo.

_¿Qué? ¿pero que idiotez estabas intentando hacer? Preguntó totalmente desencajado.

_Ki...

Antes de que ella pudiese decir algo el la abrazó, rodeo su cintura...abrazando con tanta fuerza.

_Sakura eres la persona más fuerte que conozco.

Escuchó aquellas palabras en un susurró cerca de su oído, haciendo que su corazón se quebrara y las lágrimas comenzaron a bajar nuevamente.

Sollozo con tanta fuerza, dejando salir su dolor a la luz de la noche.
Al joven Inuzuka se rompió junto a ella, al oír su llanto desgarrador no pudo evitar llorar.

¿Si yo no pasaba por aquí mañana despertaria con la noticia de una amiga que se suicido?
Todo este tiempo ella la paso mal, todo este tiempo ella sufrió y llegó al límite, nunca lo noté que detrás de esa sonrisa ella moría por dentro, ¿qué clase de amigo soy?

El sentimiento de culpa lo dominó en ese momento.

¿Ella se sentía tan sola como para no contar, ni confiar en nadie?

Algo que el joven sabía es que su relación cambiará. No pensaba dejarla rondando en el espacio sola jamás. Al oír su llanto tan profundo, no podía emitir una palabra, solo su silencio...fue lo único que pudo ofrecer.

(...)

Luego de ello ambos estaban sentados en una banca junto a una fuente de agua, a unos metros había unos columpios y tobogán.

Pero estaba todo totalmente solitario, ya que era de madrugada fresca.

Los ojos de la joven peli-rosa estaban rojos de tanto llorar, unas ojeras pronunciadas y una mirada vacía y profunda, solo había dolor y tristeza una tristeza tan grande que con el paso de los segundos se ampliaba de una manera aterradora y veloz.

No es Imposible (Sasuhina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora