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—Listo —dice Odette.
—Gracias.
—Es asombroso —dice Ben.
—Por desgracia es un don que no puedo usar en mí misma... Domino todos los elementos mágicos y... Bueno... Soy buena en mi trabajo. Si necesitas ayuda con alumnos heridos, pídemela.
—Gracias.
—No hay de qué.

Farah sigue perdida en los ojos de Odette recordando aquel primer encuentro en el pub.
—Odette... —Es Stella la que entra esta vez. —Tienes un don para que te hieran...
—Siempre lo he tenido —ríe la heredera.
—Sí pero estos últimos días, más de lo habitual...
—El cambió de aires quizá...
—Por favor ten cuidado.
—Lo tengo, descuida.
—Dudo que lo tengas pero fingiré que me lo creo. He escuchado lo de los duendes Pandemonio. Creí que solo existían en Melodía.
—Yo también pero han debido de escapar. Si los monstruos de nuestros reinos vecinos han aprendido a viajar entre reinos significa que...
—Nadie estará a salvo y las barreras... Serán inútiles... —dice Stella terminando la frase.
—Eso es. Pero tranquila. Investigaré y fortaleceré la barrera. Buscaré la manera de que funcione con más seres a parte de quemados.
—Sí pero no ahora —dice Farah tajante. —Ya has escuchado a Ben. Tienes que descansar.
—Esto es peligroso...
—Que no sigas las recomendaciones para la curación también. Como directora, es una orden.
—Genial... —dice Odette irónica.
—Haz caso a la directora Dowling, no quiero que te pase nada más... Tengo una clase. Pero iré a verte luego.
—Gracias Stella.

La joven se despide con un abrazo de Odette y abandona el invernadero.

—¿Me puedo ir? —pregunta Odette.
—Que Farah te acompañe...
—¿No te fías de mí, Ben?
—¿Quieres que responda? —ríe en hada de tierra.
—No, mejor no —ríe Odette. —Pues acompáñeme directora...

Los primeros segundos de camino a la habitación de Odette son incómodamente silenciosos. Hasta que la princesa decide romper el silencio.
—Quiero aprovechar estos días de descanso para averiguar ciertas cosas y... quizá puedas ayudarme.
—¿Sobre los duendes?
—No, Aster Dell... Me hablaron sobre un genocidio. Quizá podría ir a dar un paseo por los alrededores y ver qué encuentro. Dudo que la versión que me dio Luna sea la realidad. Pensé que podrías acompañarme. Ya sabes... Porque se supone que debo descansar.
—No. —dice Farah tajante.
—¿Qué?
—No irás a ese lugar. Si quieres hablar con alguien sobre él, hazlo con Luna.
—¿Por qué siento culpabilidad en ti?
—Deja de meterte en mi cabeza. —La postura de Farah ha cambiado. Está tensa y malhumorada desde que Odette nombró ese lugar.
—Hay algo que no me estás contando. Farah necesito saber qué pasó ahí. Murieron cientos de personas y aunque no eran santos no es justificación para lo que les hicieron.
—¿No eran santos?
—Eran brujos de sangre... Pero aún así. Si queremos la paz entre los reinos ese tipo de exterminios deben evitarse. Los culpables de un genocidio planificado deben castigarse. ¿Quién asesinaría a consciencia a cientos de...
—¡He dicho que le preguntes a Luna! —los ojos de Farah intentan contener el maximo tiempo posible las lágrimas. —Tengo que irme —dice marchándose a toda prisa.
—¡Farah! —exclama Odette sin entender nada. Antes de que pueda continuar el paso. Andreas la interrumpe.

—¿Problemas en el paraíso? —pregunta él.
—Un paraíso muy ambiguo... Nunca te pregunté pero... ¿Sabes algo de Aster Dell? No creo a Luna y Farah parece tener traumas infantiles al respecto —bromea la heredera.
—¿Le has preguntado por Aster Dell... ¡A Farah!?
—Sí. Es la directora. ¿A quién si no?
—¿Te has vuelto loca?
—No... Pero descuida. Un mes más aquí y lo estaré... ¿Por qué cojones tenéis tanto secretismo?
—Vamos, necesitarás sentarte.
—Vale...

Ambos entran a la habitación de Odette y esta se sienta en un sillón uniplaza mientras Andreas se coloca en el gran sofá en frente de ella.
—Seré claro y conciso. Perseguíamos quemados... —comienza Andreas. —Rosalind nos prometió que había evacuado el poblado, pero no lo hizo. Para cuando nos dimos cuenta... Todos los habitantes habían muerto. Farah, Ben y Rosalind habían calcinado el pueblo con sus poderes. Cuando Farah se adentró en el lugar... Saul tuvo que sacarla de ahí. No podía creerse lo que acababa de hacer. Todo estaba lleno de cadaveres... Cientos de civiles murieron...
—¿Qué?
—Ella siempre se sintió culpable por no cuestionar a Rosalind... Los primeros años fueron horribles en Alfea... Ella... La escuchábamos gritar en sus terrores nocturnos...
—Dios mío... —dice Odette dejándose caer del todo en el sillón.
—Fue duro. Nadie habla de Aster Dell en su presencia. A Ben le afectó pero... A Farah la destruyó... La volvió fría, severa y temible... No la volvimos a ver sonreír hasta que...
—¿Qué?
—Hasta que te conoció... ¿Qué te puedo decir? Siempre has tenido el don de arreglar al más roto... Serías la única capaz de devolver la luz al sol si este se apagara...
—Dios mío Andreas... Eso no es lo que me contó Luna...
—¿Qué te dijo?
—Que tres pirados habían decidido acabar con los brujos de sangre que residían en Aster Dell por su propia mano y que... los mataron sin piedad...
—¿Los habitantes eran brujos de sangre?
—Lo eran... Pero... ¡Maldita sea!
—¿Qué le dijiste a Farah?
—Muchas cosas... Oh ahora entiendo su reacción... Voy a...
—Ve, anda.

Odette abandona su habitación tan rápido como puede y se dirige directamente al despacho de Farah, entrando sin siquiera llamar.
—¿Qué haces aquí? —pregunta Farah. Ben, quien se encontraba junto a ella en el despacho. Saluda cordialmente a la princesa.
—¿Podemos hablar a solas? Ben...
—Claro. Te veo luego, Farah. Y Odette. No olvides descansar. —Dice acariciando el hombro de la princesa y dedicándole una sonrisa antes de abandonar el despacho cerrando la puerta tras él.

—Farah...
—¿Qué quieres?
—He hablado... Me han contado... Da igual. Lo siento. No sabía que lo de Aster Dell fue un accidente, no... Siento si he traído a tu mente recuerdos que no querías rememorar... Yo... Lo que me contó Luna es totalmente distinto a lo que me han dicho que pasó y... Oh, lo siento.

Odette se sienta frente a ella y toma sus manos.

YOU BELONG WITH ME (Farah Dowling)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora