24. La mejor Carne del Mercado

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Esa noche, Katsuki decidió que hablaría con Shouto. El chico lo estuvo ignorando todo el día, o bien, no lo ignoraba y lo que quería era terminar sus quehaceres. Fuera como fuera, no tuvieron la oportunidad de hablar hasta ahora.

Katsuki esperó a que Shouto saliera del baño y fue cuando lo atrapó. Se sostuvieron la mirada unos segundos antes de que fuera el rubio quien decidiera hablar.

– Tengo algo qué decirte – Su voz salió suave y gentil, con un tono que Katsuki rara vez usaba, si es que en algún punto lo usó – ¿Quieres pasar a mi habitación? – Preguntó solo por cortesía.

Lo que hizo Shouto fue mirar la otra habitación de invitados y fue suficiente respuesta. Caminó hacia allá y entró, seguido del otro. Se sentaron en la cama, en silencio, sin verse.

Ninguno sabía qué decir; no solo por la plática que tuvieron la noche anterior, sino también por el altercado del oso el día de hoy.

Katsuki decidió empezar con un pequeño discurso que fue tomando forma desde el primer día que llegó y que para este momento, tenía significativos cambios.

– ¿Sabes? Odio estar aquí – Su frase logró que Shouto lo mirara – Odiaba estar aquí. Más bien, me estoy obligando a odiar esta vida porque no voy a tenerla otra vez, nunca, jamás. Cuando venga mi madre a buscarme, se habrá terminado todo...

– Me dio la impresión de que veías el lugar como un chiquero – Shouto dijo medio a broma.

– Ni siquiera sabía lo que era un chiquero – Admitió – Toda esta vida que me estoy obligando a no desearla me ha enseñado cosas que nunca podría haber imaginado. No sabía que las palomitas de maíz eran de maíz, y no te atrevas a reírte de eso – Dijo lo último como advertencia.

– Está bien – Shouto ahogó su pequeña risa – Pero ¿pensaste que la palabra "maíz" en las palomitas de maíz estaba de adorno?

– Creí que solo era marketing – Confesó ruborizado – Como la comida sin grasa que en realidad, tiene mucha grasa. O los jugos que saben a fruta, pero no tienen fruta. No puedes culparme.

– No, supongo que no...

Se formó un silencio largo que poco a poco se volvió incómodo. Shouto miró por la ventana mientras que Katsuki se concentró en el suelo. El día cansado comenzó a hacer de las suyas cuando bostezó y como reacción en cadena, Shouto también lo hizo.

– Lamento haberte alejado – Esta vez fue Shouto quien habló – En serio me atraes pero no sé qué hacer con ese conocimiento. Solo lo experimenté una vez con una compañera de escuela pero nunca hice nada. Ella tampoco pareció notarlo.

– Está bien, ahora que sé lo que pasó, he pensado en ello y... lo entiendo.

– ¿En serio?

– Sí – Asintió – Estás emocionalmente... – Katsuki se detuvo intentando encontrar una palabra correcta para lo que quería expresar – Bloqueado.

– Eso es un poco duro – Shouto se sintió ofendido, pero no lo negó. Ambos sabían que lo que Katsuki decía era verdad. El rubio se rio nasalmente y casi en silencio.

– Lo que quiero decir – Dijo después de humedecer sus labios – Es que tienes miedo de tus sentimientos y de una relación conmigo.

Pasaron como 3 segundos que se volvieron incómodos para Katsuki. Shouto en cambio, los aprovechó para pensar en las palabras y poder dar una respuesta que le convenza a él mismo.

– Sí, tienes razón – Concluyó – Te he mantenido alejado y es quizá porque tengo un genuino temor a la intimidad. No tengo mucha práctica en esto de relacionarme con gente y realmente... realmente no me siento listo para enfrentarlo.

Amor de RanchoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora