Shouto había visto Tokio... en fotos. Antes acompañaba a sus padres pero su última visita fue al hospital, por lo que no tiene un buen recuerdo de la ciudad. A veces Shouto se sentía como un animal que visita al veterinario, pues todas esas visitas conducían a algo que lo terminaba lastimando. Entendía porque los animales se sentían así.
Si fuera gato, ya hubiera arañado a Katsuki y le hubiera bufado, saliendo huyendo para treparse a algún árbol seguro.
Pero como no es un gato, y además es la persona responsable de Katsuki, tenía que aguantarse.
Conduciendo con menos velocidad siguiendo las direcciones de Katsuki, Shouto manejó por las calles principales de Tokio. Un poco preocupado por la gasolina, pero el rubio le dijo que podía pagar por ello. Para ese punto, Shouto se preguntó en cuántos lugares más aceptarían pago con reloj.
En realidad el paseo que hacían no era malo. Cual guía de turistas, Katsuki le explicaba cada calle y lo más importante que había en ella. También dijo algo del transporte público pero fue a tientas, porque Katsuki aceptó siempre haber viajado en su limusina personal.
Era obvio que Katsuki le iba a enseñar lo que podía servirle, lo cual por el tipo de vida que llevaba el rubio, era muy poco. Pero escasa o no, apreciaba la información.
Y por un momento, Shouto pensó que aquello no era malo. Que escuchar a Katsuki le daba tranquilidad, y tal vez la ciudad de Tokio no era tan mala como recordaba.
Excepto que Katsuki le dijo que se estacionara, otra vez. Y le obligó a bajar del vehículo.
– Vamos, Bastardo.
– No.
Shouto permanecía en su asiento mientras Katsuki estaba afuera, a un lado de él, esperando a que Shouto abriera la puerta de la camioneta y saliera. Lo gracioso es que mientras Katsuki miraba fijamente a Shouto, este mantenía la vista al frente, no dispuesto a enfrentarlo.
– Ya lo hiciste una vez.
– Una cosa es una cafetería. Otra muy distinta es un centro comercial.
El imponente edificio se encontraba frente a Shouto y le daba miedo, tal vez demasiado. Los ventanales de vidrio daban una vista majestuosa y su altura dejaba en claro que eran más de dos pisos. Era más grande que la casa de Shouto y más lleno de gente que la cafetería.
– Como las clases aún no comienzan, es lo más cerca que estarás de la experiencia – Explicó Katsuki – Si lo haces bien hoy, el día del examen no parecerás una zarigüeya haciéndose la muerta.
Shouto sabía que Katsuki tenía un buen punto. Pero eso no quitaba el miedo que le recorría. Vale, sí, no quería bajarse de la camioneta, pero si era honesto, era que realmente no podía bajarse de ella, porque su cuerpo no respondía por el miedo.
Katsuki esperó, pensó que Shouto saldría como lo hizo antes en el Starbucks, pero nada. No podía ayudarle si el otro no quería ayuda.
– Bien. No tardo – Dijo y comenzó a alejarse.
Shouto lo vio desde el automóvil. Observó a Katsuki irse caminando hasta la entrada del centro comercial, donde había mucha gente entrando y saliendo. Comenzó a hiperventilar.
Katsuki se había ido. Solo. ¡No es correcto que un joven de 17 años ande solo en un lugar tan grande y lleno de gente! ¡Podría pasarle algo! ¡Era el hijo único del matrimonio Bakugou! ¡¿Qué no sabe el peligro que corre al andar solo?!
Fue cuando el cuerpo de Shouto finalmente respondió a sus órdenes. Salió de la camioneta, la cerró y salió corriendo a la entrada donde perdió de vista el cuerpo de Katsuki. No le importó la cantidad de gente que había alrededor, simplemente pasó de ellos.
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Amor de Rancho
FanfikceBakugou Katsuki nunca quiso salir de la ciudad, pero según su madre no había nada mejor para un mocoso como él que un verano en el rancho; donde aprendería humildad, trabajo pesado, entre otras cosas. Y lo más importante, estaría lejos de ella y su...
