Bakugou Katsuki nunca quiso salir de la ciudad, pero según su madre no había nada mejor para un mocoso como él que un verano en el rancho; donde aprendería humildad, trabajo pesado, entre otras cosas. Y lo más importante, estaría lejos de ella y su...
Katsuki ciertamente no le dirigió la palabra a Inasa después de su terrible ofensa de ayer a los animales que él mentalmente ya había adoptado. Y hasta cuándo le tocó trabajar con él ignoraba los intentos del otro por entablar una conversación. Parecía un niño haciendo berrinche con su actitud pero no le importó.
Touya continuaba con la cara amoratada pero por suerte la hinchazón bajó gracias a las bolsas de hielo. Si el resto de la familia se preocupó por el golpe, Shouto evitó toda responsabilidad en él y Katsuki diciendo que fue un accidente.
Que no era mentira, pero fue un accidente satisfactorio. El karma es una perra dicen por ahí.
Katsuki terminó exhausto el día de ayer y desgraciadamente no pudo ver el capítulo de la serie que correspondía ese día. Así que hoy, se propuso hacerlo después de terminar todo el trabajo que le correspondía.
– Katsuki-kun – Fuyumi se acercó al corral de los becerros donde Katsuki estaba haciendo lo suyo. Los animales enseguida se acercaron a la chica con curiosidad.
– ¿Qué pasó? – Preguntó acercándose a la reja para escuchar más claramente a Fuyumi.
– ¿No te importaría ir a recoger uvas? Se supone que iría yo pero mamá necesita ayuda extra en la cocina hoy – Explicó con gesto de súplica – Por favor, es para hacer vino.
Aquello llamó la atención de Katsuki. Nunca había visto cómo se hacía el vino, menos el artesanal. Todos los vinos que sus padres bebían eran los carísimos de París que se vendían en tiendas a más de 1000 dólares la botella.
– Creo que puedo.
– ¿En serio? Muchas gracias, siempre te deberé el favor – Comentó con alivio, haciendo una reverencia cómo agradecimiento.
Katsuki no creía que fuera gran cosa. Fuyumi le explicaría cuánto tenía que cosechar y tal vez una descripción de cómo era la fruta madura que debía traer. La chica le dio un cesto que hasta el momento no se había percatado de su presencia.
– Lo puedes poner como si fuera una mochila, está hecho para eso – Le dijo mientras se lo pasaba cuando salió del corral evitando que los becerros se escaparan – Y no te preocupes por lo demás, Shouto está ahí; él te explicará.
La simple mención del hermano menor hizo que el cuerpo de Katsuki quedará tieso y que los colores se le bajarán del rostro. Fuyumi notó el cambio y preocupada le preguntó por su bienestar.
– ¿Katsuki-kun, te encuentras bien? Te ves muy pálido.
– Estoy bien – Contestó casi automáticamente, como si esperara esa pregunta – ¿Dónde están las uvas?
Fuyumi lo miró unos segundos en busca de mentira, pero al ver que no conseguiría nada, soltó un suspiro para señalar con el dedo a una dirección.
– Están ahí todo derecho, es imposible que te pierdas – Luego lo miró a él y volvió a hacer una reverencia – De nuevo gracias y buena suerte.
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