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A la mañana siguiente amanecí abrazada al pecho del Damián, quién aún dormía plácidamente a mi lado. Sonreí recordando lo que había sucedido entre los dos y volví a acurrucarme junto a él, era nuestra segunda noche durmiendo juntos.
Soltó un quejido y alcé la vista, besando su mejilla.
—Buenos días, dormilón.
Me dedicó una dulce sonrisa—Con que así te reciben en el paraíso—Comentó y luego depositó un beso en mi sien, aún abrazado a mí.
Negué con la cabeza y solté una risa nasal.
—Fue increíble.
—Nunca me había sentido más feliz—Admitió.
—¿Lo hice bien?—Pregunté avergonzada, con los pómulos rosados ante mi duda.
Se mordió el labio inferior y evitó mi mirada.
—Ni deberiai tener dudas—Se sonrojó, pasándose una mano por la cara—, si me teniai a tu merced anoche.
Me relamí los labios y en un movimiento rápido me senté a horcajadas sobre él.
—¿Y no podemos repetir?—Pregunté con lujuria agachando un poco la cabeza para que nuestras narices se rozaran.
—¿A... ahora?—Tartamudeó ante la sorpresa.
—¿No te gustaría?—Me removí un poco sobre él, con claras intenciones de provocarlo.
Se sonrojó por un instante y se quedó con la vista fija en mis ojos, se le veían de un color verde clarito gracias a los rayos del sol que se colaban sin previo aviso por mi ventana.
—Denise—Advirtió y solté una pequeña carcajada. Me tomó de las caderas y me siguió el juego al instante. Sentí mi piel erizarse y clavé mis uñas sobre su espalda apenas comenzó a moverse, permitiéndome sentirlo aún más.
Escondí mi rostro avergonzado en el hueco de su hombro y no pude detener mis caderas.
Solté un jadeo cuando sentí el dedo índice del Damián sobre mis labios, sellándolos. Enmudecí al instante, quedándome tiesa aún encima de él.
Estaban golpeando la puerta.
—Oye fea, ábreme.
Esa voz pertenecía al Félix.
Tragué saliva pesadamente y me quedé con los ojos abiertos de par en par, al igual que el Damián debido a los nervios del momento.
No respondí, con la esperanza de que mi hermano cachara que aún estaba en mi sexto sueño.
Me levanté como pude y tomé mi ropa de la silla blanca de mi escritorio, estaba en ropa interior por lo que me dispuse a ponerme un buzo negro nomás, pensé en ponerme un top, sin embargo no quise sacarme la polera del Damián que descansaba en mí, porque olía a él y eso me tenía embobadísima.
—¿Ahora me robarás las poleras?—Se burló mientras se ponía sus jeans. Mis ojos se desviaron a la parte baja de su abdomen, ya que se le formaba una "v" completamente marcada que me hacia delirar.
Le saqué la lengua—Admite que me quedan mejor a mí—Lo molesté entre risas.
Soltó una ronca carcajada y me embaracé al segundo.
Dios qué bendición.
—Es verdad, no tengo argumentos contra eso, corazón.
Quise chillar de la emoción.
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Condiciones
Novela JuvenilDonde la Denise actúa como alguien que no es y el Damián la descubre.
