Me quedé inmóvil por unos segundos mientras me cuestionaba entrar a mi casa. Ver a mi hermano y hablar las cosas que durante tantos años nos había tenido en un ciclo de constante rivalidad era algo que había querido hacer hacía ya tiempo, pero era difícil de afrontar.
El último año fue caótico, y terminó por acabar con la seudo relación que tenía con el Vicente. En el pasado solía ser más ingenuo y aunque no solía admitirlo, en lo más profundo de mí anhelaba poder tener un vínculo normal con mi hermano, sin rivalidades, celos, ni competencias. Hoy en día aquel anhelo había desaparecido, me conformaba con tener paz, y al menos, con eso me sentía satisfecho; simplemente habían cosas que no debían forzarse, incluso si la familia estaba de por medio.
El tintineo de las llaves me sacó de mi trance, estaba temblando y lo suficientemente tenso como para desconcertarme. Ya no había marcha atrás.
Intenté desviar mi atención y simplemente abrí la puerta, no tenía sentido seguir dándole vueltas al tema. Ya había pasado noches en vela por lo mismo y no quería que mi mente siguiera siendo víctima de aquello.
—Por fin llegas, porotito. ¿Cómo la pasaste?—Me recibió mi mamá con calidez. Estaba en el living viendo tele. No despabilé hasta que cerré la puerta tras de mí y asentí aún pensativo.
—Bien.
Mis oídos distinguieron las patitas del Cremino correr hacia mí, abalanzándose encima mío sin previo aviso. Movía su cola de un lado a otro mientras hacia sonidos de emoción por verme.
—¿Me extrañaste?— Le pregunté agachándome para acariciarlo mejor.
—Lloró todo el día.
—Pero ya volví, amigo— Le aseguré. Me langüeteó la cara feliz y seguí jugando con él.
—¿Quieres comer algo?
—No, gracias. ¿y el papá?
—Con tu hermano arriba—Contestó apuntando con su dedo índice hacia el segundo piso.
—Ah... ¿ya llegó?
Afirmó con la cabeza, para luego acercarse a mí y tomar mis manos.
—No peleen, por favor. Hablen con calma—Suplicó con un dejo de tristeza en su mirada. Sabía perfectamente que a ella siempre le había afectado nuestra forma de relacionarnos, nuestro papá trataba de ignorarlo, pero para mi mamá era diferente, siempre se esforzó en que se generara un lazo, sin embargo jamás pudimos entendernos.
Y me dolía por ella, no quería hacerle daño.
—Así será—Le dediqué una sonrisa y besé los nudillos de su mano. Su rostro se enterneció y asintió más calmada.
Dejé mis cosas sobre el sillón y me dirigí a la pieza del Vicente, donde me imaginaba estaban ambos.
—Me habría gustado que te llevaras bien con tu hermano—Escuché sin querer cuando llegué. La puerta estaba entreabierta, supongo que se habían dejado llevar y no se percataron de que ya había llegado.
—A mi también —Admitió para mi sorpresa el Vicente—, pero desde niño no pude evitar sentir celos por él. Me dejé llevar por mi resentimiento y creí erróneamente que lo preferían más a él que a mí, por lo mismo siempre quise ser diferente al Damián y portarme bien, ser un buen niño y no darles molestias, porque quería que estuvieran orgullosos de mí. Creía que si me portaba mejor que mi hermano, me iban a querer más a mí que a él.
Bajé la vista al suelo dejando escapar un suspiro.
Después de todo no éramos tan diferentes...
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Condiciones
Novela JuvenilDonde la Denise actúa como alguien que no es y el Damián la descubre.
